A ponerse las pilas

Alumnos del colegio Domingo Savio comprobaron que no hay soluciones concretas para las pilas en desuso, por eso elaboraron un proyecto para extraerle los químicos y darle una reutilización que no contamine.
Están presentes en todos los hogares. También en escuelas o empresas. Las usan los grandes y los chicos. Se venden en kioscos, jugueterías, supermercados. Y participan en los diálogos cotidianos, como advertencia, como aliento o como sugerencia: “Ponete las pilas”. Pero esas baterías que son necesarias para poner en funcionamiento una gran diversidad de productos de uso diario tienen un problema, contaminan el medioambiente.
Con esa consigna y en busca de una solución para un problema que justamente no la tiene, un grupo de alumnos del Instituto Domingo Savio elaboró el proyecto “Re Pilas – Inactivación de óxido de zinc y óxido de manganeso en las pilas alcalinas”. El trabajo llegó a la instancia provincial de la Feria de Ciencia y Tecnología y también fue presentado en la reciente edición de la Expocytar 2016 donde fue seleccionado para ir a Concordia (Entre Ríos) el próximo año.
“Empezamos a trabajar el proyecto el año pasado y el paso inicial fue averiguar qué se hace con las pilas que ya no sirven. En el país hay muchísimas campañas de recolección pero lo cierto es que después no se sabe bien qué se hace o adónde van a parar. Todos sabemos que las pilas contaminan pero no hay información clara sobre qué hacer con ellas”, explicó Olivia (16), quien junto a Malena (15), Santiago (14) y Nicolás (14) trabajaron el proyecto bajo la supervisión del profesor de Química, Manuel Neveu.
“El objetivo es desactivar esos componentes químicos que tienen las pilas para sacarlos del medioambiente porque si se los tira a la basura pueden traer problemas de salud. Juntamos las pilas y las desarmamos para sacarle todo lo de adentro. A esos productos los juntamos en un recipiente que se llama barro de pilas y lo trabajamos con ácido clorhídrico para transformar esos tóxicos en dos componentes que no contaminan tanto y que se pueden reutilizar”, apuntó Olivia. “Teníamos que comprobar con otros químicos y los transformamos. Uno de los componentes de las pilas es el cloruro de zinc y está presente en el enjuague bucal. Primero cuando el profesor nos dijo nos sorprendimos pero buscamos en los envases y es así, entonces es una de las utilidades que puede tener”, agregó Malena.
Los adolescentes no trabajaron con otros químicos más potentes por una cuestión de seguridad, pero en la tarea de laboratorio comprobaron que se puede aislar el componente tóxico y darle una reutilización. “La idea es aislar esos productos que son dañinos”, resaltaron.
Según distintas estadísticas cada argentino genera entre 3 y 7 kilos de basura electrónica al año. Esa masa de residuos está formada por las computadoras, teléfonos celulares, televisores y electrodomésticos que fueron desechados o descartados. Y las pilas y baterías constituyen la porción más tóxica de esos residuos, ya que contienen componentes como zinc, óxido de manganeso, mercurio o plomo y son sumamente perjudiciales para el ambiente.
“En el trabajo también incluimos encuestas, y mucha gente nos dijo que guarda las pilas pero no sabe adónde llevarlas. Hablamos con funcionarios del Emhsu (Ente Municipal de Higiene y Salubridad Urbana) y hace un tiempo hubo un proyecto con unos contenedores, pero son muy costosos. Al colegio trajeron un recipiente, pero después de que se llenó ya no lo trajeron otra vez. Entonces no hay continuidad con los proyectos para sacar de circulación lo que ya no sirve”, resaltaron los autores del proyecto.
¿Entonces qué se hace
con las pilas?
“No hay solución concreta al problema. A nivel mundial las empresas que las producen no se encargan de sacarlas del medio porque eso no genera dinero, que es básicamente lo que les importa. En la ciudad de La Plata, por ejemplo, las desarman a mano para sacarles los químicos y en otros lugares se hacen distintas campañas, según pudimos averiguar. Lo que no hay que hacer es tirarlas porque van al relleno sanitario y contaminan las tierras y después las napas. Lo recomendable es juntarlas en frascos y tenerlas hasta que se activen las campañas ecológicas”, señaló Malena.
Según la ONG ambientalista Greenpeace, alrededor de un 30% del contenido de las pilas presenta materiales tóxicos capaces de dañar a la salud y el medio ambiente. Absolutamente todas las baterías contaminan, ya que sus componentes riesgosos, generalmente metales, al ser liberados tienen un potencial capaz de desarrollar desde células cancerígenas (cadmio), hasta graves alteraciones emocionales (manganeso) y en el sistema nervioso central, cardiovascular y respiratorio (mercurio, plomo, litio).
“Una sola pila alcalina -detalló Olivia-, que son las que nosotros trabajamos, puede contaminar 175 mil litros de agua, que es más de lo que puede consumir una persona en su vida. El problema es que las pilas no es que se van reemplazando y se sacan del medio, siguen dando vueltas por ahí. Los juguetes tienen pilas, las radios también, los celulares siguen teniendo baterías… es como que estamos rodeados de esos productos. Están en todos lados”.

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