Adolescentes movilizados por la Ley Nacional de la Danza

Tener una Ley Nacional de la Danza es el objetivo en el que se unen los bailarines del país y de todos los estilos. Las adolescentes pampeanas se sumaron a la lucha para ser reconocidas por lo que hacen: bailar.

Es el "patito feo" de las disciplinas artísticas. El cine, el teatro y la música tienen su propia Ley, sus institutos y son amparados y fomentados por el Estado, pero la danza no. Solo el folklore es considerado oficial en Argentina, pero no así la danza clásica, contemporánea, el tango, el hip hop o el malambo. Las variantes de la danza son múltiples y todas se quedan afuera. Por eso en la provincia y en todo el país centenares de niñas, niños, adolescentes, jóvenes y adultos se unieron para obtener lo que no tienen.
"Muchas de nosotras bailamos desde chiquitas y muchas soñamos con vivir de la danza, de lo que nos gusta y de lo que nos moviliza cada día. Pero sabemos que es casi imposible porque no tenemos apoyo ni reconocimiento. La danza debe ser reconocida como una carrera", aseguró Olivia, de 17 años, que junto a sus compañeras del estudio de Luciana Gómez Arzani fueron algunas de las muchas que el 29 de abril se acercaron a la plaza San Martín para la jornada "La danza se mueve por su ley", que se hizo en gran parte de la Argentina en apoyo al anteproyecto presentado en el Congreso de la Nación.
"La ley tiene como objetivo principal crear el Instituto Federal de la Danza", aportó Agustina (16) que por su propia cuenta creó un video (subido a Youtube) en el cual, mediante dibujos y frases, explica el reclamo.
"Lo que se impulsa con el proyecto es el valor social de la danza por parte del Estado, a la danza como actividad, a los artífices de la danza como trabajadores. Implica el apoyo a la creación, la interpretación, la docencia, la investigación, producción, difusión y archivo de todas las danzas que existan y puedan llegar a existir", añadió Gómez Arzani.
¿Qué les generó movilizarse en público por una causa que involucra a mucha gente?
"Nos sentimos bailarinas de verdad y por eso decidimos salir a la calle para luchar por algo que nos encanta y nos motiva desde siempre. Llevar el baile a la calle fue algo muy positivo, todos alguna vez bailamos y no hay nadie que no disfrute moverse, por eso es lindo sentirse parte de una movida tan importante", señaló Valentina (15).
"Compartimos la jornada con chicas y chicos de Jazz and Hop, con la gente de danzaterapia, del CREAr, de pueblos del interior de la provincia. Había niños y personas de 80 años, todas peleando por lo mismo y pidiendo ser reconocidas por lo que somos. Fue una experiencia fuerte y que te da satisfacción", añadió Olivia.
La Escuela de Danzas Clásicas de Noemí Chejolán, el Grupo de Danzaterapia de Malva Roldán, Cecilia Bagliani Embarazo y Crianza, el Grupo de Tango Terapia Marigel Martínez Laco, Fabiana Daher, el Grupo Sentimiento, los estudiantes del colegio de la UNLPam, el Estudio Danzarte de danza jazz, el Grupo de Antonella Rossi Blanco (de Santa Isabel) y la Escuela de Folcklore de Anguil también se movieron en la plaza por la Ley.
"Que haya tanta variedad y tanta gente que cada día y en cada rincón baila y hace lo que le gusta demuestra la fuerza del pedido. Lo que se reclama es no quedar aislados, porque muchas chicas si no llegan al Colón o a un lugar de elite, tienen que dedicarse a otra cosa, frustrarse y no poder cumplir sus sueños", apuntó Sofía (14).
Las chicas hacen danza contemporánea, un estilo más libre y descontracturado que la danza clásica. A través de sus coreografías expresan sentimientos, estados de ánimo, reclamos o reflexiones, como sucedió tiempo atrás con la obra "Quietos no", que abordó el traumático proceso que vivió el país durante la última dictadura militar.
Representar una obra puede resultar tan satisfactorio como agotador, porque no hay un escenario o trabajadores dedicados a la danza. Todo se hace a pulmón.
"No tenemos escenario ni lugar donde bailar. Si existiera un Instituto Nacional de la Danza, un ente que jerarquice las tareas, esto sería mucho más regulado y no habría el problema de que cualquiera dé clases; tendríamos un registro de bailarines. De hecho tuvimos que ir a la plaza porque en La Pampa no existe un escenario que sea apto para la danza. Para que nos den el teatro, por ejemplo, tenemos que pelear terriblemente", resaltó Gómez Arzani.
El texto del anteproyecto promueve la creación del Instituto Nacional de la Danza con la misión de generar políticas estratégicas y culturales para jerarquizar la actividad y a sus trabajadores. El organismo estará integrado por asociaciones y colectivos de trabajadores de la danza de diferentes sectores tales como docentes, coreógrafos, bailarines, investigadores, críticos, gestores, productores.
"Si vos hacés un test vocacional, la danza no aparece, sí todas las otras actividades culturales, pero la danza no. Tus padres nunca lo van a ver como una salida laboral, y es lógico porque no hay nada que respalde lo que vos hacés", lamentó Olivia.
La convicción es tan fuerte como la necesidad, algo que según las chicas surge desde el primer momento: "La danza comienza desde el vientre materno; es la primera de las actividades artísticas de toda la historia. El ser humano baila antes de hacer música. Todos bailamos, todos tenemos una conexión con la danza".