Alumnos del colegio 9 de Julio colaboran en un comedor solidario

Un grupo de alumnos del colegio 9 de Julio colabora diariamente en un comedor solidario. “Te das cuenta de que te quejás porque no podés conectarte a Internet y acá la gente viene por un plato de comida”, dice Román.
El aroma a estofado traspasa la puerta y llega a la vereda. Es martes y el plato del día es ideal para mitigar otra mañana donde el frío pega duro y el hambre llama a gritos. En las distintas mesas hay personas mayores y también varios jóvenes. En la cocina, las ollas gigantes todavía humean y mientras Mario sirve un plato o prepara una vianda, un grupo de adolescentes va y viene colaborando con lo que sea necesario: barrer, servir, lavar platos, cargar cajones o pelar papas. En menos de dos horas habrán pasado unas 200 personas entre los que se sientan allí mismo a comer y quienes se llevan la vianda a su casa. La escena se repite todos los días a solo unas pocas cuadras del centro de Santa Rosa.
“Yo preferí no imaginarme nada antes del primer día que vine. Me gustó llegar y encontrarme lo que había porque muchas veces las cosas no son como uno se las imagina. Lo primero que sentí fue alegría y euforia por hacer algo por los demás, por poder ayudar, pero después pensé lo feo que es que haya tanta gente que tenga que pedir un plato de comida, algo tan básico y necesario que todos debemos tener sí o sí. A partir de vivir esta experiencia pasás a valorar muchísimo más lo que tenés y a no quejarte de cosas insignificantes”, contó Rosaura, de 15 años, una de las alumnas de 4to. año del colegio 9 de Julio que se sumó al proyecto de voluntariado en el comedor de Mario de la Torre.
En total son 18 chicos y chicas de los dos turnos de cuarto año los que diariamente asisten, en grupos de tres o cuatro, en el turno del mediodía o en el de la tarde. “Es voluntario, acá nadie viene obligado, lo hacemos porque queremos, porque nos gusta y porque nos moviliza ayudar. El comedor es para gente adulta en situación de calle”, detalló Agostina (15).
La iniciativa surgió luego de una charla en el colegio que dio De la Torre, un reconocido docente que siempre se vinculó con la ayuda social y que hoy, ya jubilado, dedica sus días a la solidaridad a través de su Fundación Aportes a la Humanidad (FundAlHum). “Los que nos dijo es que teníamos que ser altruistas en lugar de egoístas, y el hecho de pensar la solidaridad poniendo el cuerpo nos hizo ver las cosas de otra manera”, aseguró Agostina.
“Antes en el colegio se hacía alguna clase de asistencialismo donde no había una participación directa de los alumnos, no se involucraban demasiado más allá de aportar un alimento o ropa usada a una caja y listo, el tema era ver cómo involucrarse más. Y lo bueno es que la idea surge de ellos, que propusieron asumir un compromiso y de ahí nació el voluntariado”, explicó Karina Rosignolo, docente y coordinadora del proyecto.
Los chicos y chicas llenan de elogios la tarea de Mario que prefiere un perfil bajísimo y sigue metido entre hornallas y ollas humeantes. “Además de todo lo que hace, cocina riquísimo”, dice Celeste (17) sobre el menú que se sirve de lunes a viernes en el comedor de la calle Villegas 664.
“A mí me impactó la cantidad de personas grandes que vienen, y mucha gente que está sola. Todos son muy educados cuando les servís. Lo que me pasó desde que empezamos a colaborar es darme cuenta de que por ahí uno se queja porque no tiene wi fi para conectarse a internet y acá hay gente que no tiene para comer, que no le queda otra que venir acá porque si no, no come”, reflexionó Román (15).
“Nos hacía falta vivir algo así, poder ver en primera persona que hay gente que todos los días la pasa mal y que no es una simple frase que te dicen tus viejos cuando te quejás por cualquier cosa sino que es verdad. Y que está bien ser solidario, se siente muy bien dar una mano, es muy lindo ayudar”, agregó Rosaura, que hace unos días invitó a su padre a visitar el comedor: “Al principio en casa me decían ‘si acá no lavás un plato ¿qué vas a hacer allá?’, pero cuando vieron la obra que se hace en el comedor quedaron impactados”.
La ONG FundAlhum no recibe aportes de los gobiernos sino que se sustenta con benefactores y socios adherentes. Recibe donaciones, organiza una cena anual para juntar fondos y sale a vender sorrentinos u otros platos para poder solventarse. Con un número creciente de jóvenes y adultos que cada día acuden al comedor ya es necesario buscar un lugar más amplio.
“Esta experiencia nos ayuda también a ser solidarios dentro del colegio con los chicos que están atrasados por faltas o andan mal en alguna materia, entonces los ayudamos. Lo bueno de esto es que trasciende lo que venimos a hacer acá, empezás a ser solidario en todos los aspectos de tu vida, tenés otra mirada hacia los demás y eso es lo más positivo”, destacó Celeste.
Para Antonella (15) el cambio de perspectiva también resultó valorable. “Me dí cuenta de que puedo usar mi tiempo de otra manera. En lugar de estar en una red social durante horas podés donar el tiempo a otro para ayudar, a todos nos sobra al menos una hora para poder darle una mano al que la pasa mal. En mi caso creo que si Mario no iba al colegio yo no veía esta necesidad, o la esquivaba completamente. A veces abrir un poco más los ojos te hace ver otra realidad”.

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