Bien pampeanos

ARTE ECUESTRE

Con solo 11 años, Luana y Agustín integran la escuadra de arte ecuestre “Pampa Mía”, una agrupación que al galope de los caballos combina coreografías de baile y música con las costumbres gauchescas.
Cuando empecé le mostraba una bandera y salía corriendo 200 metros, mirá hoy…”, dice orgulloso Agustín mientras desliza una bandera argentina sobre los ojos del caballo que lo sostiene y que, con la tela encima de su cabeza, se mantiene impávido. Minutos después ambos estarán bailando una chacarera en el pasto del predio de la Rural de Santa Rosa, un ensayo más para ponerle color y, sobre todo, calor a una impiadosa noche de un miércoles de invierno.
Agustín Coronel y Luana Bustos Jensen tienen 11 años cada uno y son los más chicos de la escuadra de Arte Ecuestre “Pampa Mía”, un grupo de niños, jóvenes y adultos que realiza distintas coreografías y bailes y que el pasado domingo actuó por segunda vez en la pista central de la Exposición Rural de Palermo, en Buenos Aires.
“Nosotros bailamos folklore, hacemos un gatito, una chacarera y un escondido. La escuadra se baila con banderas, y es más complicado porque hacemos cruces, por eso ensayamos mucho y buscamos que esté todo bien conectado y armónico. A mí me encanta, puedo estar horas con los caballos, no te cansás nunca”, afirmó Luana, que está en el último año de la Escuela 1.
La escuadra fue fundada en 2012 y desde entonces participó en distintas fiestas provinciales y nacionales. Los caballos y sus jinetes bailan al ritmo de la música folklórica con el acompañamiento de los bailarines del ballet Amancay, un espectáculo que es visualmente muy atractivo y que rescata las tradiciones gauchescas de nuestro país.
“El caballo es muy inteligente, aprende sin problemas y memoriza las coreografías enseguida. La clave es tener paciencia, una vez que aprenden ya no se olvidan el baile que tienen que hacer”, explica Agustín como un verdadero experto. Al igual que Luana cursa 6to. año de la primaria, aunque en su caso en la Escuela 4.
“Los caballos son nuestros amigos. Tenés que hacer familiar la relación con ellos, enseñarles, darles cariño, tiempo y dedicación porque eso es lo más lindo: compartir cosas, porque es un animal hermoso y muy noble”, agregó Luana, que al igual que Agustín convive con los equinos desde muy pequeña e integra Pampa Mía junto a Silvina, su mamá.
“Desde chico convivo con los caballos, mi papá empezó con esto y yo lo seguí naturalmente. Desde los 3 ó los 4 años que ando a caballo, es una actividad espectacular. Me gustan los deportes y un montón de cosas, pero a la hora de conectar con los caballos y con la agrupación es otra historia, te atrapa enseguida”, afirmó el varón más chico de la agrupación.
¿Y qué les dicen sus amigos o compañeros? ¿Les atrae lo que ustedes hacen?
“Te felicitan, te preguntan y se interesan por lo que hacemos. Es algo que no es muy común y que no lo ven a diario. ‘¿Y cómo hacen las coreografías, cómo es que bailan?’, te dicen. Muchos no tienen idea de qué se trata y creo que es así porque se perdió esa costumbre tan tradicional. Hay que pensar que antes se iba a la escuela a caballo y hoy muchos no vieron un caballo en su vida”, analizó Agustín.
En sus inicios, Pampa Mía comenzó con ocho jinetes y unos 30 bailarines. Desde entonces suma casi 40 presentaciones en diversas localidades pampeanas y del oeste bonaerense, destacándose en exposiciones, fiestas criollas y festivales de renombre, como la Fiesta Nacional del Caballo y la Tradición en Ingeniero Luiggi y el Festival de Doma y Folklore de Jesús María en Córdoba. En la actualidad cuenta con 18 jinetes repartidos entre hombres, mujeres y los dos niños y casi 60 bailarines.
“El año pasado fuimos invitados por primera vez a la Rural de Palermo y la verdad que nos fue bárbaro, por eso este año nos invitaron de nuevo. Es un orgullo porque representamos a la provincia, y que un domingo de Palermo vaya toda la gente de Buenos Aires y la que está de vacaciones de invierno es re importante. Eso nos deja muy contentos y con muchas ganas de seguir mejorando”, coincidieron los chicos sobre la actuación del domingo, en la pista central del predio porteño.
El presidente de la escuadra es Eduardo Oscar Dubié, quien resalta la presencia de los más chicos. “Que estén los chicos con nosotros sirve para que no se pierdan las costumbres y la significación de lo que es el caballo. El entusiasmo de ellos se transmite inmediatamente y eso se percibe y puede influir en otros a que se acerquen más a nuestras tradiciones”, destacó.
La escuadra se prepara de miércoles a viernes desde las 20.30 en el predio de la rural santarroseña. Cada viaje para una presentación requiere un gran movimiento y mucho esfuerzo, por eso sus integrantes organizan distintas actividades para juntar fondos. “Para ir a Buenos Aires hicimos un Té Bingo y por suerte fue mucha gente. Se necesita de la colaboración porque todos apuntamos a dar un espectáculo de primer nivel”, afirmó Agustín, que cuando escucha que la música sube de volumen se pone ansioso por salir a bailar. Una chacarera, una zamba. Un espíritu gauchesco que junto a su caballo explora lo más vistoso de una tradición, la criolla.