Después de la tragedia, un abrazo para siempre

Pablo Bruno tenía 12 años cuando falleció al caer al vacío desde una de las torres abandonadas del ex Molino Werner. Sus compañeros del colegio Provincia pintaron un mural para tenerlo presente.
No lo podíamos creer, uno no está preparado para saber que alguien se puede morir tan chico". La reflexión de Enzo (13) surgió casi espontánea. El aula de Segundo 2da. del colegio Provincia de La Pampa estaba en silencio y la propuesta de hablar de Pablo inició una charla en la que cada uno aportó su visión y sus sentimientos. Una especie de catarsis colectiva sobre un hecho dramático pero al que ellos y ellas quieren ponerle sus voces y sensaciones.

Hablarlo.
"Nosotros sabíamos que él hacía parkour, que le gustaba andar por todos lados y con algunos riesgos, pero cuando pasó fue un impacto. Somos chicos y una no piensa que pueda pasar algo tan terrible", contó Agustina, de 15 años.
Pablo Damián Bruno tenía 12 años cuando en la tarde del viernes 5 de junio pasado cayó al vacío desde una de las torres abandonadas del ex Molino Werner de Santa Rosa. El golpe le produjo la muerte inmediata. A las pocas horas del hecho trascendió que el chico practicaba parkour, una disciplina con varios adherentes en la ciudad y que implica ciertos riesgos físicos.
"Pablito era bastante arriesgado y no se quedaba quieto.

Era su personalidad.
Lo habían operado de un pie pero le gustaba andar por todos lados y saltar. Eso a él le encantaba y lo hacía como a otros les gustan otras cosas. A esta edad es difícil medir los peligros; no sabemos bien cómo fue que se cayó, pero nos dolió mucho", dijo Gael (14).
El proceso interno que se sucedió en el aula luego de la tragedia generó el inmediato acompañamiento de autoridades, docentes y familiares, incluso los de Pablo, que se sintieron acompañados y agradecidos por la reacción de los chicos y chicas.
"Ellos tuvieron muchas reacciones que nos sorprendieron, por ejemplo lo del mural, fue todo por iniciativa de ellos y nosotros los acompañamos, por supuesto. Es positivo que exterioricen lo que les pasa con esta situación", resaltó Aníbal Bertón, vicerrector del colegio ubicado en las calles

Chile y Colombia.
El mural se terminó de pintar hace unos días. Ocupa una de las paredes del patio y entre todos pintaron el nombre de Pablo junto a otros dibujos y figuras representativas de sus sensaciones. Sofía (13) fue la creadora y las docentes de Artes Visuales y de Artes Plásticas hicieron sus aportes y sugerencias para la obra.
"Hicimos dos figuras abrazándose. Una es Pablo y la otra nos representa a todos con ese abrazo que va a quedar ahí para siempre", explicó Sofía. "Lo que quisimos representar es que Pablo ahora está en un lugar mejor; nos gustó esa idea pensando en él", agregó Agustina.
El parkour es una disciplina que nació en Francia y se expandió a distintos países, hasta que llegó a la Argen-tina y, desde unos años, a Santa Rosa. La definición técnica habla "del desplazamiento en altura saltando entre obstáculos", y de allí su cuota de peligro ya que se realiza en parques, plazas o edificios públicos, siempre con el cemento y el aire como un aliado o como un obstáculo a superar. Muchos lo consideran un deporte extremo.

La actividad requiere un buen estado físico y en la ciudad es usual ver a varios jóvenes practicarlo en el Centro Cívico, el Parque Oliver o el predio de la laguna Don Tomás. Sus cultores advierten sobre no exponerse a riesgos innecesarios ya que son usuales, entre otras cosas, las lesiones óseas.
"A Pablito le gustaba arriesgar, le encantaba saltar y treparse. A veces es difícil saber poner un límite". Los chicos saben que están en plena etapa de ingreso a la adolescencia, una edad de rebeldía y transgresión. Por eso la charla deriva en los cuidados y las decisiones que debe tomar cada uno.

"Los riesgos siempre están, por ejemplo los que andan en moto y deciden no usar casco, con la cantidad de accidentes que hay. Son cosas que uno tiene que aprender porque no siempre tus padres o profesores te pueden cuidar", admitió Agustina.
"También hay que saber que no solo te ponés en peligro vos sino que hay un montón de gente que te rodea que no quiere que te pase nada y puede sufrir mucho", añadió Martina.
El parkour llegó a Santa Rosa de la mano de Marcos López, que es instructor y desde hace algunos años enseña a grupos de adolescentes y jóvenes. "Es lamentable lo que pasó. Se dice que Pablo fue a hacer parkour, pero para mí no es así. Para mí él fue a explorar. No porque uno trepe una pared está haciendo parkour y no se necesita escalar techos para poder practicar. Realmente no sé qué habrá hecho. Este es un deporte como cualquier otro, en el que hay que tener cuidado como en cualquier otro. Yo les tengo prohibido a mis alumnos que vayan al Molino, al anfiteatro de Casa de Gobierno o al Megaestadio. Pero está claro que el nivel de riesgo lo busca cada uno", aseguró Marcos cuando ocurrió lo del Molino.

El grupo sale al patio para posar junto al mural. El cielo pintado en la pared es celeste y hay árboles. Aún resuena la frase del principio: "Nadie está preparado para morir tan chico". En el dibujo las figuras siguen y seguirán abrazadas. Por siempre. Como el recuerdo de Pablo.