El ritual de encontrarse

Cada año miles de chicos y chicas de toda la provincia se juntan en el marco de los Juegos Deportivos, una tradición que más allá de competir y jugar apuesta a la convivencia de la multitud adolescente.
Salen los papelitos del improvisado sorteo y la suerte decide dar la espalda. La clasificación a la final es para otro equipo y así, el sueño de ir a Mar del Plata, se esfuma de la peor manera: sin poder jugar. Las chicas que integran “Las Maras”, el equipo femenino de hockey sobre césped de Santa Isabel, no pueden contener el llanto y el desconsuelo invade al grupo.
A unos kilómetros de la cancha de césped sintético de La Barranca, los chicos del vóley de General Acha festejan eufóricos un triunfo con pasaje directo a los Evita mientras que la sonrisa dibujada en el rostro de Enzo Ollarce evidencia lo conseguido: a sus 16 años viajará por primera vez desde su 25 de Mayo a las playas de Mar del Plata, el lugar que conocerá gracias a su enorme destreza y potencia en el deporte de los puños, el boxeo.
Las historias mínimas de los Juegos Deportivos Pampeanos se acumulan en una montaña de anécdotas, vivencias y días compartidos por más de tres mil chicos y chicas de toda la provincia que, como cada año, invaden Santa Rosa con una marea juvenil que no pasa desapercibida para nadie. Días en que la ciudad huele a espíritu adolescente.
“No quiero volver a casa”, dice pícara Pamela (16) y el resto del equipo estalla en una risa cómplice. “La verdad que la pasamos bárbaro, es muy lindo venir y la convivencia que se genera en estos días, primero entre todas nosotras y después con los chicos y chicas de otros pueblos. Jugás, vas a ver a los otros equipos de tu zona, comés con todos, convivís en el hotel. Da para quedarse más días”, agrega Sabrina (15), ambas jugadoras de Las Maras, el equipo que quedó afuera de la final por un sorteo.
“Terminamos todos los equipos empatados y la organización decidió hacer un sorteo, nosotras y General Pico quedamos afuera. Nos dio mucha bronca e impotencia porque lo más justo es que se defina en la cancha, se podría haber hecho por penales, pero bueno, ya está”, se resignó Guadalupe (15), que tras el mal momento recuperó la sonrisa con los chistes de sus compañeras. “Hicimos de todo, en el centro anduvimos en todas las tiendas, miramos y probamos un montón de cosas pero no compramos nada”, se ríe Florencia sobre una de las tantas anécdotas que recolectaron las chicas de Las Maras, que por las noches se juntaban con los varones de su zona con mates y guitarras de por medio.
Los Juegos ya cumplieron los 33. En todas sus ediciones hay rituales que se repiten, imágenes que atraviesan las generaciones aunque los tiempos cambien y las costumbres sean otras. Los hoy adultos recuerdan sus días deportivos, sobre todo aquellos que llegaban de las localidades más alejadas o pequeñas a pasar unos días en Santa Rosa. Hoy los adolescentes, con su cultura y conexión tan globalizada, no acusan ese impacto, pero sí resaltan un dato que se mantiene inalterable: la convivencia en plena edad de establecer relaciones.
“Son tres días que estás las 24 horas con tus amigos o compañeros y convivís con montones de chicos y chicas de toda la provincia, porque te cruzás no solo en cancha sino cuando vas al centro, a tomar un helado o comer por ahí”, resaltó Valentina (16), de Victorica. “Y además no vas al colegio y no estás en tu casa…”, agrega, oportuna Guillermina (15), de Uriburu.
A la charla se suman un par de chicos del equipo de básquet de General Campos y los de vóley de Quemú Quemú y Colonia Barón. Las miradas van y vienen, con sonrisas nerviosas y comentarios por lo bajo. “Es que acá hay mucho para mirar…”, sonríe Josefina (15) con la complicidad de sus compañeras. Las relaciones que surgen y pueden durar un suspiro o extenderse un poco más también generan una adrenalina que traspasa la línea de una cancha, de una pista o de un cuadrilátero.
“Obviamente la ilusión es clasificar a Mar del Plata, pero es difícil. Por una cuestión natural las ciudades más grandes tienen más posibilidades pero los Juegos también sirven para poder crecer, porque acá ves equipos más fuertes, cómo entrenan y cómo juegan y eso se puede aprovechar”, contó Flavia (16). Desde la Dirección de Deportes resaltaron que en La Pampa se convoca en su gran mayoría a deportistas por fuera del circuito federado. “Más que nada es una cuestión filosófica, en nuestra provincia se llama a los jóvenes que menos posibilidades tienen de viajar y competir en un contexto netamente social. A la hora de competir las posibilidades son menores pero nosotros apuntamos al deporte social fundamentalmente dentro de un contexto inclusivo y de igualdad”, afirmó Ceferino Almudévar, titular del área.
Según los números oficiales, por la ciudad pasaron unos cuatro mil participantes en un lapso de 15 días (120 atletas con discapacidad, 480 adultos mayores y 3.400 adolescentes Sub 14 y Sub 16). Y serán 850 los deportistas de la delegación para concurrir a los Juegos Nacionales Evita (del 22 al 29 de octubre).
“No, no conozco Mar del Plata…”, respondió Enzo luego de clasificar en boxeo, ya en la cuenta regresiva hacia un viaje lleno de expectativas y con el paisaje del mar como fondo. Una de las tantas historias que dejan cada año los Juegos Deportivos Pampeanos, cuando en Santa Rosa llega la hora de la invasión juvenil.

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