Ellas también tacklean

El rugby siempre pareció reservado a los hombres, pero un grupo de chicas se animó y comenzó a jugar en el club Estudiantes. “Hay prejuicios, pero no sos menos mujer por hacer este deporte”, aseguró Majo.
La corrida hacia el ingoal se corta abruptamente por un tackle certero a la altura de las rodillas. La pelota ovalada sigue en juego y va de mano en mano para reiniciar el ataque. Hay caídas, algunos golpes y músculos que chocan. Es un deporte de contacto y el roce físico no falta. Como pasa en otros deportes, como pasa en el rugby de hombres. O como pasa, también, en el rugby de mujeres.
“Hace mucho que me gusta el rugby, mi novio lo juega y me re enganché, pero nunca pensé que iba a arrancar para mujeres. Es como un sueño porque siempre quería jugar. Al principio éramos tres pero ahora ya somos varias y podemos armar un equipo de seven”, dice Majo (18 años), una de las precursoras del equipo femenino que este año comenzó a practicar en el club Estu-diantes de Santa Rosa.
El rugby femenino tiene sus clubes que practican desde hace tiempo en otros lugares de la provincia como General Pico, Realicó y Anguil, pero en esta ciudad era exclusividad de los hombres que se cuentan de a cientos entre todas las categorías. “La UAR (Unión Argentina de Rugby) le pide a todas las uniones del país tratar de implementar el rugby femenino, es uno de los requisitos para que el rugby esté inserto dentro de los Juegos Olímpicos. Y lo cierto es que de las 38 uniones de rugby del país solo cuatro no tenían femenino, entre ellas Santa Rosa, así que eso terminó de darnos el impulso para arrancar”, explicó “Pato” Moneo, el entrenador del equipo que se junta los lunes y miércoles, de 18.30 a 20, en el polideportivo Víctor Arriaga del club Estudiantes.
Si bien las mujeres derribaron barreras y hoy es habitual que jueguen al fútbol, manejen autos de carrera o suban a un ring a boxear, el rugby siempre tuvo una resistencia extra para abrirle las puertas, por prejuicios internos y también de quienes miran desde afuera.
“Es cierto que hay muchos prejuicios. Cuando decís que vas a jugar al rugby enseguida se asocia con que somos ‘machonas’ o cosas así, y nada que ver. Es un deporte como cualquier otro, y si lo hacen los hombres, ¿por qué no las mujeres? ¿Cuál es el impedimento?”, preguntó Martula (15).
“Los deportes no son exclusivos de los hombres. Es cierto que no es lo mismo un partido masculino que uno femenino, pero en realidad todo gira alrededor de cuestiones culturales y del machismo que muchas veces influye en la sociedad. Nosotras podemos jugar al rugby y darle nuestro estilo. Lo importante es hacer lo que te gusta, pasarla bien y que no te importe lo que diga la gente”, agregó Majo.
Si bien al principio se ganaron algunas miradas socarronas y risas por lo bajo, especialmente de los chicos, hoy las chicas ya forman parte del paisaje deportivo del club. “Los chicos nos re alientan. Están contentos de que entrenemos y tengamos el equipo. Están esperando que juguemos nuestro primer partido”, destacó Milagros (15).
El rugby se juega en dos modalidades: de 15 jugadores y de siete (conocido como Seven). En la Argentina la rama femenina está en plena expansión y la idea de la dirigencia es reforzar la convocatoria de jugadoras y fortalecer el deporte junto a los equipos masculinos para las citas internacionales.
“La selección argentina de mujeres no logró clasificar a los Juegos Olímpicos de Río. En Brasil, por ejemplo, el rugby femenino es muy fuerte, así que la idea es apuntalar el crecimiento. Hace poco vino un exjugador de Los Pumas para una capacitación y lo que decía es que hay que trabajar a futuro para que una mujer que hoy es adolescente, dentro de unos años si se convierte en madre, no tenga miedo si su hijo o su hija le dicen que quieren jugar al rugby”, afirmó Moneo.
Ese temor de los padres también es uno de los obstáculos que a veces deben saltar las chicas en sus casas. “Es difícil que entiendan, porque aparte si ven un partido por televisión te dicen ‘pero se golpean mucho, es muy bruto’, aunque está claro que no tiene nada que ver cómo juegan Los Pumas con los All Blacks, por ejemplo, con un partido que se puede jugar acá. Y lo que está bueno es que por ahí venís de mal humor por algo y te cambia el día, es una descarga de lo negativo y te vas, cansada, pero con todas las pilas”, resaltó Martula, que desde chica vio tackles, scrums, lines y pelotas ovaladas porque es la hija de ‘Pato’.
“Además por algo es rugby femenino. Por supuesto que tiene sus riesgos, pero como cualquier deporte de contacto, donde exponés el físico. Y acá te enseñan cómo caer, cómo agarrar al rival. Estaría genial que vengan más chicas, que se animen y prueben porque el grupo es muy bueno”, coincidieron las chicas. Y resaltaron uno de los aspectos que más identifica al rugby: el espíritu de equipo, la unión y la solidaridad.
“En el rugby se remarca mucho el tema de los valores, y la convivencia grupal es clave, apoyar a la compañera y ser unidas”, apuntó Xiomara (18). “Y también está el tema del tercer tiempo…”, agregó Estefanía (15) sobre esa tradición de -después de un partido- juntar a los dos equipos para compartir comida, bebida y música para distender ánimos y fomentar la convivencia. Como lo hacen ellas, que a puro tackle derriban cualquier barrera.

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