miércoles, 16 octubre 2019
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La mejor receta

Comer bien, abundante, variado y por solo 20 pesos suena a insólito, pero esa opción la eligen a diario cientos de estudiantes que concurren al comedor de la UNLPam. Este año se multiplicó la cantidad de asistentes.
Es mediodía y desde el salón de la calle Falucho se escucha un murmullo constante y se huele un aroma tentador. Es día de una buena pata-muslo de pollo con ensalada y los platos se sirven de a cientos, las viandas salen de a decenas y el comedor de la Universidad Nacional de La Pampa se llena a tope para una oferta que, en la Argentina de hoy, se muestra como irresistible.
«Es un combo que te soluciona todo: es abundante y muy rico, no tenés que cocinar ni lavar platos, también te permite socializar y todo eso por 20 pesos», resume con una lógica implacable Verónica (20), una estudiante de Biología que llegó desde Macachín y que comparte la mesa con chicos y chicas de Telén, Parera, Intendente Alvear, Quetrequén y decenas de localidades pampeanas y de otras provincias.
El servicio del Comedor depende de la Secretaría de Bienestar Universitario de la UNLPam y funciona de lunes a viernes con una comida diaria (almuerzo), que se puede consumir en las instalaciones de la casa de estudios o retirar personalmente en un tupper. Los y las estudiantes tienen la opción de la compra mensual de tickets o bien acceder a una beca. Y un detalle importante: cada menú es elaborado a partir de la planificación y supervisión de una nutricionista, quien garantiza los aportes necesarios de calorías, proteínas y vitaminas para brindar una alimentación saludable.
«Hace muchos años que el menú está a 20 pesos y no lo quieren aumentar, y ahora mucho menos con esta crisis que se siente mucho, sobre todo para un estudiante que a fin de mes tiene que afrontar un montón de gastos. Este año creció muchísimo la cantidad de chicos que viene y eso se nota. De 400 ahora ya llegamos a 500, hoy el bolsillo es determinante. Lo que hacemos es comida del día y ya tenemos todo el menú del mes planificado porque eso es lo que nos pasa la nutricionista», explica Silvia Bideplan que desde hace 32 años se encarga de la cocina del comedor con sede en Santa Rosa y trabaja junto a otras cinco personas.
En General Pico ya cuentan con las flamantes instalaciones (se inauguró este año un nuevo espacio edilicio con capacidad para 700 estudiantes) y, en el caso de Santa Rosa, las raciones diarias de comida salen también hacia el colegio secundario de la UNLPam y hacia la Facultad de Agronomía.
«Está muy bueno porque siempre es muy variado el menú», dice Luis (19 años, de Bernasconi y estudiante del Profesorado de Historia) mientras saborea un plato con dos hamburguesas y un puré de zapallo bien abundante con una gelatina que espera el turno del postre. «Hoy es muy difícil para una familia mantener un estudiante, y tener la posibilidad de esta comida no se puede desaprovechar», resalta.
Tamara (18, de Telén y estudiante de Biología) hace una cuenta que pone más en evidencia la posibilidad que ofrece el Comedor: «Por 360 pesos tenés el almuerzo asegurado todo el mes, ¿qué podés hacer hoy con esa plata?».
El menú mensual incluye fideos, carne, verduras, pollo, arroz, pescado. Se sirve agua y postres saludables. «Si te tenés que cocinar por ahí hacés algo rápido o comés sándwiches y si no unos mates y pasás de largo. Acá vos sabés que es comida elaborada, que se acerca mucho a lo que podés comer en tu casa», valoró Agustín, que tiene 18 y que se instaló este año en la ciudad luego del viaje desde Parera para estudiar el Profesorado de Historia.
«Los estudiantes más avanzados te dicen que vengas, que te re conviene y es así. Además te da la chance de socializar y conocer gente, sobre todo cuando recién empezás. Venís acá una hora y te podés relajar y cargar pilas para después seguir con el estudio», apuntó Danisa (17 años, de Quetrequén y estudiante de Letras).
En el Comedor hay de todo: grupos grandes que almuerzan, charlan y extienden unos minutos la sobremesa o estudiantes solitarios que comen rápido, repasan un apunte y se retiran enseguida dejando una silla «caliente» que se ocupa enseguida. También está el desfile de quienes llenan el tupper y parten hacia sus casas u otro lugar para saborear la rica comida.
La elaboración del menú mensual está pensada para una población que va de los 18 a los 28-30 años y tiene en cuenta distintas demandas y necesidades físicas. Quienes trabajan en las cocinas de los dos comedores que la Universidad tiene en la provincia conforman un equipo que no solo atiende la demanda alimenticia.
«A algunos ya los conocés y se genera una relación, a veces ves que están bajoneados o tienen alguna gripe o algo y se trata de ayudarlos. En muchos casos están solos y es bueno que tengan una contención», sostiene Silvia que a sus 61 asegura «no estar cansada para nada. Se disfruta mucho este trabajo».
El bullicio y el aroma no aflojan y las materias y carreras se mezclan y conviven. Es hora de ‘panza llena corazón contento’ y Tomás (19) aporta un dato que hace más relevante aún la posibilidad que ofrece el Comedor. «El otro día hablaba con mi mamá que fue estudiante de la Universidad, y me decía que cuando ella venía el ticket también estaba a 20 pesos, por suerte eso no cambió y hoy lo podemos aprovechar de la mejor manera».