“Que Somos”: jugar a ser otro

Bajo la única premisa de divertirse, los chicos y chicas que integran el grupo “Que Somos” se reúnen sin falta semana tras semana para hacer aquello que más los apasiona: teatro.

Jugar a ser otro no es solo “hacer teatro” sino que es aprender a interpretar, a liberar el cuerpo, la imaginación, la creatividad y la capacidad de relacionarnos con el entorno y con uno mismo, y hacerlo siempre a partir del juego. Implica una actividad que ayuda a llenar el corazón. Palabras más, palabras menos, eso fue lo que explicó el grupo de pequeños dramaturgos que integran el Taller de Teatro “Que Somos”.

Es evidente y no pueden mentir, sus caras los delatan cada vez que la clase comienza y, entre risas y sonrisas, empiezan a actuar. Son los protagonistas de la hora de juego, pero no están solos aunque eso pareciera. Fuera del escenario, las profes Ana Santa Marta y Laura Acuña, coordinadoras del espacio que funciona entre el ATTP y Danzarte, se encuentran presentes para guiar al grupo de más de doce futuros artistas de entre 12 y 16 años.

Sentados en ronda, los chicos y chicas contaron por qué asisten al taller. Si bien muchos dirían que la principal causa por la cual se hace teatro es para “perder la vergüenza”, la realidad muestra otra cosa. Dicho por ellos, eligen ir para divertirse, estar entre amigos y poder canalizar sus sentimientos en la actuación. “A mí siempre me gustó inventar personajes, por eso mi mamá dijo que era bueno que empiece”, confesó Marianela (14), a lo que Valentino (13) acotó: “Empezó como pasatiempo, pero ahora lo veo como algo a lo que capaz me quiera dedicar”. “Acá vengo porque es mi pasión, me relajo, es otro mundo”, añadió Fermín (16).

“Trabajamos desde el juego, lo lúdico. Tratamos de trabajar siempre en un clima familiar, de respeto y compañía y la verdad que los chicos lo disfrutan y así lo entienden”, precisaron ambas profes. “El proceso de aprendizaje es de ellos, nosotras podemos acompañarlos pero ellos tienen que descubrirse y descubrir cómo hacer los personajes”, indicó Laura.

La libertad de acción y creación está siempre presente. No solo al momento en que los chicos deben improvisar como actividad sino también cuando pueden sugerir y proponer cómo se van a desarrollar las obras, sus escenografías y el vestuario de estas. Es más, el año pasado uno de los grupos –que ya lleva varios años trabajando– creó la presentación de una obra de su propia autoría: “La Ouija”.

Inclusivo.

Se puede afirmar, sin dudas, que el teatro es una actividad inclusiva y terapéutica. No importa la edad, sexo o cualquier otro tipo de condición. Todos pueden inmiscuirse en este universo en el que el único requisito es perder los miedos, aceptar al otro y a uno mismo. Así lo entiende Fermín, quien contó que el grupo “es muy unido” y con “mucha confianza” y por eso “nunca hubo problemas a la hora de actuar” a pesar del clima intenso de alguna escena.

Además, el compañerismo y la empatía siempre están: “Todos nos aconsejamos siempre”, dijo Mirella (14), mientras que Vera (13) y Nicolás (15) agregaron que para hacer bien un personaje es importante “ponerse en la piel, en el lugar del otro”.