Una infancia entre letras

Delfina Filgueira Lima tiene 9 años y posee un “título”: es escritora. Después de ganar varios premios nacionales, editó su primer libro, el de Pepinucha, una bruja joven, moderna y de estilo punk.
Julio Cortázar, el autor de Rayuela y uno de los escritores argentinos más reconocidos en el mundo, dijo alguna vez que escribió su primera novela a los 8 años, un texto que su madre guardó siempre en secreto. El francés Arthur Rimbaud se convirtió en un ícono de la poesía en plena adolescencia y el colombiano Gabriel García Marquez recibió en su infancia el libro que definiría su futuro como escritor: un diccionario que le regaló su abuelo y que el niño leyó como una novela, “en orden alfabético y sin entenderlo apenas”.
En el caso de Delfina Filgueira Lima la presencia de su abuela también es clave para entender el perfil de una niña de 9 años que vive en un mundo de literatura. En forma de cuentos y dibujos plasmó en su primer libro -“La bruja Pepinucha”- un texto que se publicó este año en Santa Rosa, a través de una editorial local y que marca un caso de contados antecedentes.
“Empecé a escribir después de los tres años, me enseñó mi abuela y ella siempre me leía y contaba historias. Desde los cinco empecé a escribir mis cuentos, eran cosas que imaginaba y que yo escribía”, contó Delfina sobre Stella Maris Gamba, docente, narradora y escritora pampeana, quien además de dedicarse a la literatura infantil es abuela de la autora de ‘Pepinucha’.
“Yo imaginé una bruja y empecé a escribir sobre ella, pero Pepinucha es punk, es joven y es moderna. Me gustó esa idea porque si no las brujas son siempre parecidas y tienen una imagen de malas. En este caso, Pepinucha es buena. A partir de eso, fuimos trabajando con mi abuela y así salió el libro”, explicó Delfina sobre la obra que este año presentó en la biblioteca Clemente Andrada de Santa Rosa y que fue publicada por 7 Sellos Editorial Cooperativa.
Los textos están acompañados por atractivos dibujos, a cargo de Horacio Comerci, quien armó la imagen de la bruja a partir de lo que le describía Delfina. “Lo que más me gusta es dibujar, por eso voy a aprender caricatura, es lo que más me gustaría hacer además de escribir”, dijo la niña que a sus rutinas diarias le agrega la práctica de la natación y el yudo, un deporte en el que sigue los pasos de su papá.
Delfina llegó a su primer libro después de varios premios. Durante tres años seguidos recibió la distinción mayor en el concurso “Contemos la ciencia”, un certamen que anualmente organiza la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba y que tiene como objetivo promover el interés de niños y jóvenes de todo el país por la ciencia y por la literatura.
“Tuve el primer premio en 2013, después en 2014 y en 2015. En todos los casos te dan un tema y tenés que escribir sobre eso. El primero fue sobre los números, el segundo sobre la piedra y el tercero de la luz. Siempre viajé a recibir el premio y este año obtuve la mención de honor con un texto que trataba sobre el poroto”, detalló Delfina, que cursa en el 4° año del turno mañana de la Escuela Normal de esta ciudad.
En cada ceremonia realizada en Córdoba, la niña subió al escenario y leyó sus cuentos ganadores ante el auditorio, una situación que no le generó “ninguna tensión ni nervios por estar frente al público”, según contó. Los escritos también salieron en papel porque la Acade-mia publica a los elegidos en una compilación.
“Mis compañeros siempre me piden que lea. También he ido a otras escuelas a leer y por suerte les encanta, es re lindo vivir esa experiencia”, contó quien hasta hace un tiempo tenía su espacio en la programación de la tarde de Radio Noticias, donde cada semana leía un texto al aire. Su presencia mediática también llegó a la televisión, en un programa en el que participaba junto a la docente Patricia Bailoff.
Para Delfina, el contacto con los libros es natural. Lee a diario y los estantes repletos de títulos alimentan su curiosidad literaria. “Me gusta mucho leer distintas cosas. Mi libro preferido es ‘Un gallo sin quiquiriqui’, que es de Adela Basch y también me encanta ‘Diminuto’, de Silvia Schujer. Por suerte tengo una biblioteca muy grande que me regalaron mi abuela y mi mamá”.
La precoz escritora ya tiene listo otro libro y uno más en pleno avance hacia su finalización. Historias infantiles que, a la hora de escribirlas, no tienen un método o fórmula establecida. “Son cosas que se me ocurren y empiezo a escribir. Mi abuela me va guiando y así salen las historias”, describió con sencillez.
Para Delfina el futuro ya aparece claro, y aunque parezca lejano ella imagina sus días rodeada no tanto de letras sino de dibujos. “Mi sueño es ser caricaturista, me encanta sentarme y dibujar. Tomo clases con Diego Murgía y más allá de escribir y de los libros la caricatura es lo más lindo”, afirmó antes de posar con su obra y con sus premios, un camino que ya recorre en una infancia rodeada de imaginación y de letras. Como la de cualquier niño, solo que Delfina las plasma en forma de libro y letras que sirven para volar, como lo hace Pepinucha.

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