A 20 años de un momento inolvidable

La nadadora pampeana cerraba su carrera, hace hoy dos décadas, con tres pruebas en la cita máxima del deporte mundial. Los nervios del debut, su récord Sudamericano y un estadio imborrable en “un mundo nuevo”.
El Georgia Tech Aquatic Center es imponente. El natatorio, enclavado en el corazón del Instituto de Tecnología de Georgia, en la ciudad estadounidense de Atlanta, intimida a cualquiera. Falta un día para el inicio de los Juegos Olímpicos del centenario, en 1996, y Alicia Barrancos tiene su primer contacto con el lugar en el que le pondrá un broche de oro a su carrera deportiva.
La pampeana, de 24 años, no deja de asombrarse con la majestuosidad de un estadio que fue acondicionado especialmente para los Juegos. Las interminables tribunas que rodean la piscina son abrumadoras. Pero rápidamente debe dejar de lado esa sensación de admiración para concentrarse en lo suyo. En unas horas se tirará por primera vez en forma oficial a esa pileta para disputar la primera prueba olímpica de su vida.
Esa necesidad de estar metida en lo suyo la lleva a tomar su primera gran decisión en Atlanta ’96: no irá a la ceremonia inaugural. Estar allí no solo implicaría desfilar con la delegación de su país, algo con lo que sueña cualquier deportista, sino también permanecer al menos ocho horas parada. Nada peor para alguien que unas horas después debe exigir su físico al máximo.
Se perderá la posibilidad de ver en vivo a Muhammad Alí encendiendo el pebetero, pero dormirá tranquila sabiendo que sus energías deben canalizarse hacia esa majestuosa pileta, y no hacia el Centennial Olympic Stadium, en el que esa primera noche estarán puestas todas las miradas del mundo.
La mañana siguiente, la del 22 de julio, Barrancos hace su debut en un Juego Olímpico. Atrás había quedado la desazón de quedar fuera de Barcelona ’92 -por decisión dirigencial- unos días antes de las competencias en Cataluña. Era el día de la revancha. Ese 22 de julio de 1996 era el más esperado de una vida dedicada a la natación.

El debut.
El primer desafío para la santarroseña, que desde hace varios años residía en Córdoba -hasta allí tuvo que irse cuando se cerró el natatorio de All Boys-, fueron los 400 metros libres. No era “su” prueba, pero era una gran oportunidad para sacarse los nervios.
“Yo había clasificado para los 800, pero con mi entrenador (Daniel Garimaldi) decidimos correr los 400 para foguearme. El tiempo no fue bueno, pero sirvió para prepararme”, recuerda hoy Barrancos, al cumplirse 20 años de aquellos Juegos.
La marca de 4m.22s.11/100 le alcanzó para ubicarse en el puesto 28 de las eliminatorias entre cuarenta participantes. Nada mal para lo que no era su fuerte; principalmente si sirvió para aflojar esos nervios que no había logrado descargar cuatro años antes en Barcelona.
“Son de carne y hueso”, rememora hoy, haciendo referencia a las mejores nadadoras del planeta, entre las que se destacaban la local Janet Evans (no tuvo una buena jornada) y la irlandesa Michelle Smith, ganadora de la prueba. Ese debut había roto el hielo.

“La” prueba.
Dos días después, el 24 de julio, Barrancos afrontó los 800 metros libres que la habían llevado a Atlanta. La pampeana contaba con el récord Sudamericano en esa distancia y, si bien soñar con una final era demasiado, sí sabía que estaban dadas las condiciones para destacarse.
El mayor impedimento era el horario. Las eliminatorias se corrían por la mañana y por una cuestión física los mejores tiempos se marcan en horarios vespertinos. Pero acceder a una final y correr por la tarde era impensado para Alicia, que debía superarse a sí misma en las primeras horas del día.
“Me tocó correr la última serie de la eliminatoria y con las mejores. Y me mataron los nervios de la previa. Mi concentración era una hora antes de la carrera, en una habitación con las otras chicas que iban a correr. Recuerdo que las otras comían de todo y yo no lo podía creer; tenía un nudo en el estómago y no me entraba nada”, dice hoy con una sonrisa.
“Después llega el momento en que te nombran y hacen todo el circo de la presentación. Yo no estaba acostumbrada. Todas entraban saludando y yo con la cabeza baja, tapada, porque me daba una vergüenza bárbara. Para mí era un mundo nuevo”, agrega Barrancos.
Pese a ese universo desconocido, la pampeana hizo valer en el agua las interminables horas de entrenamiento previo. “Me sentía bien, estaba muy bien entrenada, en óptimas condiciones. Y fue una serie bravísima, en la que tuve el plus de batir mi propio récord Sudamericano. Bajé la marca y eso estaba bien, pero sentí que podría haber dado más. Si hubiera tenido más torneos encima podría haberlo hecho mejor”, se lamenta, aunque reconociendo que en aquella época era imposible para los argentinos tener el roce frecuente con los mejores que se necesita para crecer.
El número final, pese a todo, fue excelente. Barrancos nadó los 800 metros en 8m.48s./54/100, bajando su récord Sudamericano de 8.49.70. Y estuvo a punto de volverse caminando de Atlanta. “La verdad, si logro ingresar entre las mejores 16 vuelvo caminando de la alegría”, le había dicho a LA CHUECA unos días antes de viajar a Estados Unidos. Terminó decimoséptima, con la mejor actuación de la delegación argentina en los Juegos, en los que también tuvo su debut el velocista cordobés José Meolans.
Su despedida de Atlanta fue el 26 de julio, hace hoy exactamente 20 años. Ese día corrió la posta 4×200 libres, una prueba que tenía su debut olímpico, y que lejos estaba de ser la especialidad de la santarroseña. Sus compañeras fueron María del Pilar Pereyra, Valeria Alvarez y María Bertelotti, logrando un tiempo de 8.46.36 para terminar en la vigésimo primera posición. “No era una posta buena”, se sincera hoy Barrancos.

Recuerdo “prendido”.
Un ‘pin’ con el logo de Atlanta ’96 es el único recuerdo material de aquellos Juegos que tiene Barrancos. “Nunca me quedo con nada, regalo todo; la ropa, las medallas… No soy apegada a nada”, asegura la pampeana, hoy casada con el novio de aquel entonces, y con tres hijos.
“Incluso si no me recordabas lo de los 20 años (de su actuación), no lo notaba. Fue una etapa que se cumplió. La aproveché y la disfruté, pero uno siempre piensa en ir para adelante”, agrega hoy, aunque destaca que vive “con ansiedad” las horas previas al comienzo de Río de Janeiro 2016.
“Me emociono para bien cuando veo las delegaciones”, dice, y sus recuerdos la llevan nuevamente al Georgia Tech Aquatic Center. “Ese estadio era impresionante”, cierra la charla, mientras en sus retinas se dibuja aquella cancha uno en la que nadó “sus” 800 metros ante miles de miradas desde las gradas.

Despedida a lo grande.
Apenas regresó de Atlanta ’96, Alicia Barrancos anunció su retiro de la natación profesional, tal cual se lo confirmó a LA CHUECA el 5 de agosto de aquel año. “Cuando volví me sentía una vieja, y dejé”, recuerda hoy. Y agrega: “En mi época era diferente a hoy; los entrenamientos eran extenuantes. Y estaba muy cansada psicológicamente”.

Básquet, boxeo y el atentado.
Además de Barrancos, a Atlanta ’96 fue otro pampeano, el basquetbolista piquense Jorge Racca, que junto a la Selección argentina logró el noveno puesto final en una competencia que fue ganada por el Dream Team local. Otro deportista de esta provincia que estuvo en una cita olímpica fue el boxeador Walter Gómez, pero su actuación en Munich ’72 quedó opacada por el atentado terrorista que produjo la muerte de once miembros del equipo israelí, conocido como La Masacre de Munich.