A los 94 años, Vitillo Abalos edita un disco doble

El santiagueño Víctor Manuel “Vitillo” Ábalos, protagonista -con el quinteto Hermanos Ábalos- de una parte esencial de la música popular argentina, editó a los 94 años un disco doble que comprende un material de versiones renovadas, producidos por su nieto Juan Gigena Ábalos (guitarrista de Ciro y Los Persas) y otro con los antiguos registros para la RCA Víctor.
“Seis años me llevó hacer este disco, con artistas notables que reconocen la herencia de Hermanos Ábalos. Yo soy un viejo joven. Por eso sigo trabajando”, explicó Vitillo.
“El disco de oro. Folkore de 1940” es el título del material doble. El primer compacto incluye canciones de los Hermanos Ábalos regrabadas por Vitillo junto artistas como, Raly Barrionuevo, Leopoldo Federico, Liliana Herrero, Peteco Carabajal, Jimmy Rip, Juanjo Dominguez, La Bomba del Tiempo, Elpidio Herrera, Jaime Torres, Omar Mollo y Facundo Saravia entre otros. 
El segundo, reúne 20 canciones de los Hermanos Ábalos que expresan el sonido del folclore del 1940 en sus registros originales.
“Todos tenemos huellas digitales diferentes. Y en la música funciona de la misma manera. Por eso estas canciones que se tocaron tanto aparecen acá en versiones renovadas. Lo que tenemos en común con todos los artistas que participaron es que amamos el arte y no todo lo que puede haber alrededor”, dijo Vitillo en diálogo con Télam.
Los Hermanos Ábalos (formación que además se integraba con Machingo, Adolfo, Roberto y Machaco) fueron creadores y recopiladores de clásicos del cancionero popular: “Agitando pañuelos”, “Chacarera del rancho”, “Nostalgias santiagueñas”, “Carnavalito quebradeño”, “Zamba de los yuyos”, “El gatito de Tchaikovsky”, entre más.
Vitillo, el único sobreviviente del grupo, nació en Santiago del Estero el 30 de abril de 1922 en casa de músicos. En 1933 integró la compañía infantil de Andrés Chazarreta y en 1938 fundó con sus hermanos el histórico quinteto.
Un salto en la popularidad del conjunto se consumó con la interpretación de “Carnavalito” en la película “La Guerra Gaucha” (1942), dirigida por Lucas Demare.
Los Hermanos Ábalos llegaron al Festival de Cosquín en 1966 y se despidieron de esa espacio en 1997. “No queremos que uno zapatee y los otros lo estén sosteniendo”, justificaba entonces, con una dosis de humor, su retiro del festival. 
Sin embargo, la historia le hizo un guiño a Vitillo, que volvió al escenario cordobés en 2011 como invitado de otro santiagueño, Raly Barrionuevo. Hoy ya no actúa como solista en los escenarios, pero los recorre como invitado de otros músicos.
“El arte popular tiene su ciencia. Y los jóvenes tienen que aprenderla, que conocerla primero. Yo ando mucho con jóvenes, pero con aquellos que han estudiado. Siempre se dice que la música es el arte de combinar los sonidos, pero, como decía mi hermano Adolfo, también se trata de combinarlos bien”, aseguró con gracia.
Sobre la diversidad de artistas que participaron de su nuevo material, Vitillo afirmó: “Queda demostrado -una vez más- que el movimiento musical tiene y no tiene domicilio”.
El santiagueño afirmó que Facundo Ramírez, Facundo Saravia y Yamila Cafrune -todos hijos de artistas- son algunos de los intérpretes que mejor entienden la tradición de la música de raíz folclórica. 
“Yo veo a muchos artistas jóvenes que son buena gente pero que no persisten en el tiempo porque no se dedican a aprender. La zamba, el escondido, el triunfo y la chacarera son todas danzas y la mayoría de los intérpretes no sabe bailar ni tocar el bombo. Yo les digo: ‘si aprendés a bailar vas a cantar mejor y si aprendés a tocar el bombo vas a cantar mejor, pero no sé si lo hacen'”.
Vitillo también reflexionó en forma crítica sobre el público y sobre ciertos circuitos industriales de la música. “Siempre me llama la atención que nunca se habla de el público. Yo fui a Cosquín este año, por ejemplo, porque me dieron un galardón, y el público se preocupaba porque en la televisión se vieran sus carteles. Estaban todos distraídos. Eso no se corresponde con el movimiento artístico. Están usufructuando algo que no les corresponde”, concluyó. (Télam)