Acerca de la suerte de los medios impresos

Señor Director:
Es frecuente que quienes andamos vinculados al quehacer periodístico, seamos preguntados qué porvenir estimamos pueden tener los medios de prensa impresos sobre soporte papel.
La pregunta parece simple y fácil de responder, pero no es tan así. Y no lo es porque el futuro es algo que no está realizado, de modo que no hay manera de saber cómo es. Simplemente, no es y solamente podemos suponer que ciertas tendencias que se manifiestan en el presente pueden llegar a configurarse como tal o cual futuro.
Puede ser errónea y frustrante la intención de conocer eso que todavía no es, pero, en cambio, está abierta la posibilidad de leer el presente tal como es. Y lo que hay en el presente es una disminución paulatina del uso del papel y de cualquier otro soporte material, porque ahora existe el espacio virtual y es visible el crecimiento de su utilización como medio de comunicación. Dado que internet genera, asimismo, una inmediatez que no es posible cuando se depende de una imprenta y de un medio material sobre el cual imprimir la noticia, los medios de prensa se apresuran a tener y desarrollar su versión on line. Esta novedad, que ya no es tan fresca, ha provocado otro efecto, pues el medio sobre soporte papel llega siempre tarde con la novedad, dado que antes se la ha conocido por (en letra y en imagen) por la radio, por la televisión o por la computadora. Este cambio, a su vez, está determinando que los “diarios” no descansen en la novedad (en el llegar primero) y propongan el reemplazo paulatino de la mera noticia, por la noticia comentada en forma de nota. O sea que los diarios impresos hacen lo que hacían las revistas y los libros, que siempre han propuesto comunicarse con un lector que además de estar “al día” con todo tipo de novedad, quiere entender qué pasa. La nota (sustitutiva de la noticia) amplifica la escena de la información, y remite a la historia y a prácticamente todas las ciencias, que son intentos por advertir al ciudadano lector que es preciso distinguir entre “el sonido y la furia”, entre lo que atrae la atención y la necesidad, más reposada y compleja, de poner la novedad en su contexto o en una parte de su contexto. Conviene recordar que no importa tanto estar al día en noticias, pues de lo que se trata es de entender ese síntoma para tratar de conocer qué es lo que trata de advertir.
Por otra parte, el verdadero problema no es el porvenir del medio impreso sobre papel sino el de la comunicación, entendida como una vía que le hace posible a cada persona conocer el ámbito en el que transcurre su vida. Los filósofos suelen decir que la pregunta básica a la que debemos responder se dice así: ¿qué me cabe esperar? El acontecimiento es una suerte de timbre que quiere sacarnos de la distracción para recordamos que seguimos estando en un mundo enigmático, porque todo lo que hay está cambiando y lo que pueda suceder es solamente conjeturable. Que no hay otro camino que el de estar atento a esas señales, no para simplemente repetirlas sino como incitadoras del pensamiento propio. Se trata de entender para no ser una criatura del viento (como las hojas otoñales). Y para cumplir el papel de guardianes de lo que amamos o valoramos.
Propongo que la pregunta sobre el porvenir del medio impreso sobre papel no se satisfaga con una respuesta tal como que el diario clásico agoniza (como el libro) cuando lo evidente es que los medios digitales son insuperables para transmitir la novedad (la alarma, el síntoma), pero que entender qué pasa, por qué pasa y qué nos cabe esperar requiere disposición para que el acontecimiento ingrese en nosotros como el alimento: masticado y condicionado por nuestros jugos.
Lo que ahora hay es la grave novedad de que los grandes medios de comunicación son instrumentos de un nuevo poder global y que sus señales están amañadas para extender la conducta de un rebaño que ni sospecha estar en manos de pastor mentiroso.
Atentamente:
Jotavé

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