Advierten sobre una creciente violencia en los asaltos a jubilados

Ante el aumento de hechos delictivos con un elevado grado de violencia que tienen como víctimas a adultos mayores, como los registrados en La Plata y la localidad bonaerense de Lomas de Zamora, los especialistas piden que se tomen medidas de prevención para erradicar este flagelo.
El defensor del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, Eugenio Semino, manifestó que “desgraciadamente esto ocurre y mucho y con un grado de saña mayor”, y destacó el “cambio de perfil del delincuente, dado que hoy se rompió el freno inhibitorio para no pegar, agredir o matar” a una persona mayor.
En declaraciones al Diario Popular, Semino -quien también es criminólogo- destacó “la saña” registrada en los hechos delictivos a personas mayores y sostuvo que “esto habla de muchas patologías sociales”.
“Hace 30 años, el delito contra un adulto mayor era la estafa, el cuento del tío, cambiarle dinero por otro falso, venderle algo que no era. Las personas mayores venimos de una sociedad de puertas abiertas, de confianza, y a través de la argucia se utilizaba esa confianza en detrimento de la víctima. Prácticamente no existía el delito violento contra un adulto mayor, salvo en algún suceso intrafamiliar que aparecía teñido de otra cosa pero tenía que ver con la disputa de poder dentro de la familia”, señaló.
Sin embargo, el profesional alertó que con los años “se fue percibiendo una mutación, un cambio en el perfil del delincuente”.
“En aquella época, el delincuente común tenía algún tipo de identificación positiva con el adulto mayor. Esa identificación positiva estaba dada por alguna figura de la familia, generalmente el abuelo o la abuela. Todavía existía una familia nuclear y esa persona mayor, incluso, a veces hacía de neutro ante una mala relación con los padres. Existía el límite con respecto a lo violento, a la agresión física a una persona mayor”, remarcó.
Asimismo, Semino indicó que “en la jerga carcelaria era considerado un paria -quien tenía el status más bajo dentro de la sociedad carcelaria- un violador y quien agredía a una persona mayor”.
No obstante señaló: “Esa identificación positiva que ponía el freno inhibitorio para no pegar, agredir o matar a una persona mayor se fue transformando, e incluso habla de una sociedad con mucha descomposición. El adulto mayor ya no es un referente y esa identificación cambió a negativa”.