Al menos 104 millones de latinoamericanos viven en villas

Al menos 104 millones de latinoamericanos viven en villas miseria o favelas, según un estudio realizado por Techo Internacional en seis países de la región con motivo de la Tercera Conferencia sobre Vivienda y Desarrollo Urbano Sostenible de las Naciones Unidas, Hábitat III, que se desarrollará en Quito del 17 al 20 de octubre.
Además de dar a conocer esta investigación realizada en Haití, República Dominicana, Nicaragua, Perú,Uruguay y Chile, la organización lanzó una petición a través de Change.org para exigir a los presidentes de América Latina soluciones permanentes para los asentamientos informales.
“Los asentamientos informales o ‘los sin voz’ no están en las cifras oficiales; se desconoce el territorio, y sin esa información no se pueden tomar decisiones de políticas públicas o acciones a seguir”, dijo el director de áreas sociales de Techo Internacional, Juan Pablo Duhalde, en entrevista con ANSA.
El sociólogo, cuya organización trabaja en 19 países de la región con jóvenes voluntarios, explicó que el principal objetivo de este estudio es “colocar el tema en la agenda pública y comprometer a la sociedad y a los gobiernos a conocer el territorio donde vivimos desde la dimensión humana; escuchar el relato de los que ahí viven”.
“Para hacer la diferencia, Hábitat III debe visibilizar la realidad desigual de las ciudades y acordar revertir las causas que la reproducen. Es un llamado a la urgencia de cambiar esta realidad desigual, pero también a la necesidad y el deber de hacerlo junto con quienes integran las comunidades que están en situación de pobreza”, resaltó Duhalde.
Subrayó que, en la región, los asentamientos informales son la manifestación más clara de la desigualdad.
“Allí se encuentra la población que, ante la imposibilidad de pagar su lugar en la ciudad formal, se ve obligada a vivir en una villa, favela, campamento o tugurio con ausencia o acceso irregular a servicios como agua, luz y saneamiento, y la incertidumbre de desalojos”, detalló.
La investigación arrojó que, más allá de la desconfianza que pueda haber entre vecinos de los mismos asentamientos, los esfuerzos se centran en la obtención de servicios básicos, fundamentalmente agua y energía eléctrica, acondicionamiento del suelo donde se reside y la realización del trabajo comunitario para la concreción de los más diversos proyectos.
Ante la ausencia de Estado, “la transformación del territorio con las propias manos para satisfacer las necesidades primarias se vuelve la única opción”, relevó el estudio. (Télam)