Almorzando con… las cuatro fantásticas

No tienen el glamour de la mesa de la Legrand, ni preguntas insidiosas, pero con simpatía singular ofrecen el almuerzo de cada mediodía a cientos de santarroseños. Sí, ellas también tienen lo suyo…
El lugar es un mundo de gente, casi atiborrada en un local más vale pequeño… es alrededor del mediodía de una mañana cualquiera en Santa Rosa, y el sol pega luminoso sobre las calles de la ciudad. La esquina de Pellegrini y San Martín (Oeste) comienza a verse concurrida, y algún desprevenido podrá confundirlo con el ingreso a algunas de las entidades bancarias de la zona. Pero no es eso.
Gente de todas las edades, personas mayores, jóvenes y adolescentes, ingresan y se llevan lo suyo. Es la hora del almuerzo y bancarios, empleados públicos y estudiantes de los colegios de la zona, se agolpan en un espacio de poco más de cuatro por cuatro para llevarse sus vituallas.
No es exagerado decir que entran y salen cientos de personas, y cabe preguntarse cuántos comercios santarroseños podrán decir que en una mañana -o poco más- van a recibir tantos clientes, sea el comercio del rubro que fuere.
Las cuatro mujeres que trabajan son activas, simpáticas y amables, y siempre tendrán a mano una palabra cordial, una broma dicha al pasar, y la risa presta a estallar…

Las cuatro mujeres.
Son Raquel, o la Flaca (Ana Raquel Cobo); Viviana -¿a quién se le habrá ocurrido el mínimo “Vivi” si en realidad se llama Élida Candelaria Acuña Cingolani?, (¡no tenés nombres Gorosito!)-; Lili (Elena Lilia Ana Benvenuto; y Ro (Rosana Graciela Gaitán).
Cuatro mujeres que actúan como un perfecto equipo, que se mueven entre la gente sin perder nunca la sonrisa, ni el buen humor… Se sorprenden un poco cuando -entre milanesas, empanadas y tartas- les propongo hacer una nota para este diario. Un poco -diría que soy benévolo al decirlo así- me parece que se la creen, que ciertamente se sienten algo personajes de los mediodías del centro de la ciudad, y aunque primero se miran incrédulas enseguida consienten.
A Raquel la conozco de aquellos tiempos de la vieja Redacción de La Arena en calle 25 de Mayo, cuando ella atendía el kiosco Gamma -ubicado a la vuelta, frente al partido justicialista-, que pertenecía a quien entonces era su suegro. No ha cambiado demasiado, salvo que ahora es propietaria, y aparece como “la jefa” del grupo. Simpática, charlatana, siempre tiene a mano un chiste, una frase, y una sonrisa en banderola… Con quien entonces era su esposo, en 1993 compraron el fondo de comercio que era de don Ángel Acquaroli, y que en esos tiempos se llamaba “Fiambrería Roca”. Pero después el revisionismo trajo el cambio de nombre de la avenida en ese tramo, y el comercio pasó a llamarse “La Esquina”.

Laburantes de primera.
“Nosotros seguimos con el comercio y anexamos las comidas, más o menos en 1998 y por suerte no nos podemos quejar…”. En 2001 llegó Lili como empleada (en realidad era su concuñada); y después hubo otras chicas que por algunas circunstancias se terminaron yendo, siempre en los mejores términos, al punto que “más de una pasa alguna vez a saludarnos: una se fue a trabajar como guardiacárcel, otra ahora es martillera y así”, cuenta Raquel.
Más tarde se completaría “el actual equipo”, con Lili y con Ro: “Están como empleadas pero tienen participación en algunas cosas, porque por ejemplo hacen las tartas y las venden por su cuenta aquí en el negocio”, completa.
Trabajan afanosamente y cabe reconocer que son dueñas de un espíritu especial para llevar el emprendimiento adelante. Porque cada mañana deberán atender a los proveedores, y por supuesto reponer la comida que, como si llegaran las marabuntas -especie de hormigas que arrasan con todo lo que encuentran a su paso-, desaparece en pocas horas del mostrador y los exhibidores. Desde las 10 de la mañana y hasta las 2 de la tarde cuando se disponen a cerrar.

Alimentando al microcentro.
Las cuatro admiten que la cocina “es un trabajo esclavo, al que hay que dedicarle muchas horas… porque nos vamos a las 3 de la tarde, y a las 6 viene alguna a atender la despensa; y al otro día hay que cocinar hasta las 10 y media u 11 que empiezan a llegar los clientes”, explican.
“La gente nos elige por la atención, porque somos así… y porque cocinamos sin frituras, ni salsas, estamos en precio y cada uno puede elegir una comida que se puede decir que es bien casera”, se ufanan.
¿Qué venden? La especialidad de la casa son las ensaladas, tartas básicas y sándwich, pero también se encontrarán otros platos que van desde milanesas, pasando por pescado -un par de veces por semana-, y todo lo que a uno se le pueda ocurrir para almorzar abundantemente o no, según cada cliente prefiera. Muchos optarán por algo liviano, considerando que después deberán seguir trabajando; pero otros más golosos no tienen reparos en apelar a comidas un poco, o bastante, más nutritivas.
Raquel, la “veterana” del grupo -dicho así por los años en el lugar, obvio-, menciona que “en la época que llegamos no se trabajaba tanto porque se cerraban las oficinas y todos se iban a dormir la siesta; pero desde la crisis de 2001 los empleados se empezaron a quedar de corrido y a almorzar aquí, y de cerrar a mediodía empezamos a irnos a las 2 ó 3 de la tarde”.

Clientes de antes; y los de ahora.
Rememora que en algún tiempo trabajaban con los vecinos cercanos, “venían del edificio de los militares”, ubicado una cuadra más adelante, sobre Pellegrini, pero esa gente, y otras como los Righetti (dueños de una tintorería en la misma cuadra), o Ñata Montoya, se fueron yendo, y algunos vecinos queridos fallecieron como Pepe Luna y su señora Chichí, o como Miguel Torroba que vivió 103 años.
La zona, podría decirse el microcentro santarroseño, tiene distintas reparticiones, como Pami, casi todos los bancos, el Instituto de Seguridad Social, la municipalidad, Anses, Afip, Osde, APE, Vialidad Nacional, las obras sociales, y los empleados de esas dependencias son precisamente los clientes que atestarán La Esquina cada mediodía de lunes a viernes. “Pero también vienen los chicos de los colegios de por aquí, que se hacen amigos y sabemos de ellos hasta qué materias se llevan a rendir… es lindo que a veces, después de haber terminado el secundario, regresan para comerse un sándwich de esos que disfrutaban en sus épocas estudiantiles”, dicen.

Las cuatro del buen humor.
Si algo no les falta a las “cuatro fantásticas” es simpatía y buen humor, y un gracejo particular que las torna en personajes queribles (a pesar de todo). Siempre estarán dispuestas a una broma a cualquiera que ingrese, pero no tendrán problemas en empezar por reírse de ellas mismas. Cuando conversan conmigo se tapan para hablar, porque ninguna es lerda para eso… y todo concluye, siempre, en una carcajada.
“¿Si nos llevamos bien? Sí, claro, es como una segunda familia, y en mi caso no hay un día que no quiera estar aquí, y ellas se ríen porque hasta sé venirme antes de las vacaciones, porque una de las cosas que más me gusta es atender a la gente”, señala Lili. “No tenemos discusiones, por ahí alguna opinión distinta, pero no somos de enojarnos entre nosotras… el secreto es ese: trabajar cómodas, sentirnos a gusto”, coinciden.

Atención a famosos.
Pero las “chicas” no sólo dedican muchas horas a cocinar para los clientes habituales, sino que también toman algunos compromisos especiales. “Ahora mismo participamos de una licitación y tenemos que preparar 2.300 viandas para los Juegos Deportivos Universitarios; pero hicimos otros grandes eventos -sigue Raquel-, como cuando nos contrataron para un congreso del Partido Socialista que se hizo en el Club Estudiantes: esa vez trabajamos de corrido, empezamos a las 5 de la tarde del sábado y terminamos el domingo a las 8 de la mañana”, precisa.
Además han sido proveedoras de los almuerzos de distintos intendentes, como Francisco Torroba, Juan Carlos Tierno, Luis Larrañaga y Leandro Altolaguirre; pero se regodean recordando la atención a algunos famosos, como Ricardo Mollo, el ex guitarrista de Sumo y Divididos, -“es vegano”, aclaran-; Lali Espósito; Skay Beilinson de Los Redondos; y Dread Mar-l (cantante argentino de réggae), entre otros.

Más de 300 por mañana.
Son laburantes, que mientras trabajan la pasan bromeando. Sólo descansan los fines de semana y especialmente los domingos. “En esos momentos no nos vemos, y cada cual lo pasa con su familia, hasta que llega el lunes… en vacaciones nos vamos rotando, pero no dejamos de atender. Ah! Y somos como todas las mujeres, nos gusta que nos atiendan -refieren a sus parejas-, salir a cenar, y a veces nos juntamos nosotras para eso. Estamos planificando en algún momento hacernos un viajecito, nos debemos ese gusto”, señalan.
Con gracia Vivi agrega: “En realidad no tenemos nada que hacer y por eso nos gusta estar acá… y en mi caso mientras no encuentre marido con plata voy a seguir trabajando”. Y las cuatro vuelven a reírse.
En La Esquina se retira un número y los clientes son atendidos por orden de llegada… “Son del 1 al 100, y a veces se retiran hasta tres talonarios…”, lo que da cuenta de la cantidad de personas que ingresan. Si hasta podría especularse con que hasta algún supermercado envidiaría tamaña cantidad de clientes en tan pocas horas…
“¿Si somos felices? Podemos tener algún problema, pero nada que no tenga solución -se miran y concuerdan-, y acá la pasamos muy bien”. Son las chicas de La Esquina, una manera complaciente de mencionarlas, porque aunque no son mujeres mayores lo de “chicas” puede sonar un poquito exagerado. No se enojen, pero es así ¿O no muchachas?
El comercio lleva casi un cuarto de siglo dando de comer, y ofreciendo su alegría a quienes las eligen cada mañana: “La fruta que venden es malísima, pero ustedes son tan agradables que uno viene igual…”, las critica y las elogia por igual uno de los clientes habituales. Por cierto, casi una definición de La Esquina, y de ellas cuatro…

Quién es quién en el cuarteto.
Para quienes las ven diariamente resulta bueno explicar quiénes son, y cómo viven, por fuera de La Esquina.
Raquel está en pareja con Sergio Toundain; y tiene dos hijas, María Belén (30), licenciada en Turismo, que vive en Bahía Blanca; y Luciana (23) que estudia arquitectura.
Por su parte Lili está casada con Omar Sánchez (“Foco”), con quien tienen a Diego (21) que trabaja en un comercio local; y Panchi, quien cursa el secundario. “Si volviera a nacer me casaría de nuevo con Foco”, asegura Lili, pero como se ríe todo el tiempo no sé si lo dice de verdad o no. Por ahora puede decirse que él hace méritos, “porque es el que cocina en casa, porque le gusta hacerlo”, aclara.
Vivi está separada y tiene hijos: Roxana (27), es docente; Andrea (22), vende productos y es peluquera; y Lucas (17) está terminando el secundario.
Ro es la más nueva del grupo. Está casada con José Rolhaiser, y tienen a Gonzalo (17), en el secundario; Brisa (15), también estudiante; y Benjamín (7).
¿Cómo se las arreglan con tanto trabajo para sobrellevar una familia? “Nos levantamos a las 6 ó antes para preparar los chicos para la escuela; aunque obviamente los más grandes se arreglan solos, y después ya empezamos a pensar en La Esquina”, expresan.
Después disfrutan de su trabajo: “Los clientes fijos, los más antiguos, se confiesan con nosotros, nos cuentan sus vidas, sus historias, y casi en algunos casos se han transformado en amigos”, señalan.
Cuentan algo y se ríen… todo el tiempo parecen divertirse: “Después de esta nota, hasta el Maipo o hasta el ‘Bailando’ con Tinelli no paramos”, cierran.

Mario Vega

 

 

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