Unidas por el frío y La Arena

La semana pasada LA ARENA publicó un articulo en donde contaba los días de Paola Soledad Pérez, una joven meteoróloga pampeana que hace siete meses está instalada en la Base Esperanza, en la Antártida, adonde recolecta datos para el Servicio Meteorológico Nacional. Por las redes sociales y el destino, la nota circuló por la Internet y, días después, llegó a las manos de Alana Caraballo Montero, una uruguaya que también está en el continente blanco, pero que no se había cruzado nunca con la pampeana. En los últimos días, Alana llamó a Radio Noticias y pudo contarse con su colega argentina.
“Fue pura coincidencia, navegando en Facebook vi la nota del diario y me sentí muy identificada. Hoy (por ayer) nos hicimos amigas virtuales. Le envié la invitación y al rato ya estábamos de charla. Paola es súper macanuda”, dijo ayer la joven uruguaya que hace dos meses se instaló en la Base Científica Antártica José Artigas.

Pequeña.
A diferencia de la base argentina en la que está alojada Paola Pérez, en donde viven 56 personas, en la Base Artigas solo hay 8. En el grupo hay una médica para asistencias primarias, pero no hay sala de internación. Por cualquier inconveniente grave, los pacientes deben derivarse a la base chilena o la rusa, adonde sí hay un quirófano. En el mes de enero, un barco de la armada uruguaya lleva provisiones para varios meses y en el invierno, desde Chile, les envían verduras y frutas frescas. Solo hay un vuelo por mes.
Alana es la única meteoróloga en la Artigas y no tiene reemplazos ni días libres: cuatro veces por día, cada seis horas, debe tomar los datos climatológicos que luego vuelca en un registro mundial y que van a parar al Instituto Uruguayo de Meteorología.
En este momento, el mar que rodea la base Artigas está completamente congelado y es imposible contactarse con las demás bases.
“La base Argentina Carlini, que es la más cercana. Pero solo podemos ir por agua, y ahora estamos incomunicados. Ellos no pueden venir, ni nosotros podemos ir. De todas formas estamos conectados permanentemente por las redes sociales”, agregó.

Fiesta.
En los primeros días de julio, Alana asistió a una de las fiestas antárticas más tradicionales: la celebración de la noche más larga del año. “Es un encuentro de camaradería entre todas las bases. Esta vez se hizo en la base chilena adonde habían llegado coreanos, chinos, rusos, y argentinos. La pasamos realmente bien”.
Alana, nació en Fray Marcos, un pueblo tan grande como Parera ubicado el departamento Floria, al sur de Uruguay. Tiene 31 años, y ningún hijo ni pareja. Por ese motivo es que aceptó por cuarta vez instalarse en la Antártida. En las otras oportunidades hizo distintos trabajos, desde observaciones climáticas hasta reparaciones en la estación. En los dos meses que lleva en la Isla Rey Jorge (que pertenece al Archipiélago Shetland del Sur donde está instalada la base Artigas) engordó un kilo.
“Ahora hace cero grados de temperatura, hay un viento terrible por lo que no se puede andar afuera. Para estar acá hay que se una persona tranquila, porque hay días en que no queda otra que quedarse encerrado. Teóricamente vuelvo a Uruguay antes de fin de año, pero aún no tengo relevo. Acá es así: Sabés cuando llegás pero no cuando te vas”, concluyó.