Aquel 1° de Mayo de 1890 en el Prado Español

El lugar programado para la realización del acto fue el Prado Español, situado en la hoy Avenida Quintana, entre Ayacucho y Junín en el coqueto barrio porteño de la Recoleta, y, “si el tiempo estuviera lluvioso”, en el local del Vorwarts.

El diario La Nación decía sobre esta reunión: “entre nosotros el hecho no puede tener gran importancia porque ni hay cuestión obrera, ni subsisten las causas principales que le han dado importancia en Europa y los Estados Unidos, y la clase obrera en la acepción más genuina de la palabra es todavía muy numerosa”. (Oddone 1949).

En tanto La Prensa afirmaba: “De esperar es que la reunión se verifique en el orden más completo, siguiendo el ejemplo que están dando en Europa las sociedades obreras mejor organizadas”.

El miércoles 30 de abril salieron grupos de trabajadores a pegar carteles anunciando la realización del acto, causa por la cual la policía detuvo a tres dirigentes que fueron liberados un rato después.

En tanto, los patrones tratan de desmoralizar cualquier protesta anunciando que habrá despidos a quienes falten el 1° de Mayo (Marotta, 1960).

Por fin, el jueves 1ro de mayo de 1890 se realizó la asamblea  a pesar del tiempo nada favorable: el local estaba lleno de obreros que habían acudido en número de 1200 para La Nación y entre 1500 y 1800 para La Prensa. Mientras los organizadores  hablaban de 3.000

Los oradores que registró la crónica y que hablaron en español, italiano, francés y alemán -reflejo de cómo estaba constituido el movimiento obrero en 1890- fueron alrededor de 15. La verdad es que el 1° de mayo de 1890, los trabajadores de Argentina se habían manifestado junto al movimiento obrero internacional.

La manifestación tuvo eco en los diarios: La Nación finalizaba su crónica cargada de ironía y afirmando: “… habló primero un señor alemán… en seguida hizo uso de la palabra un francés, luego tres italianos y un español… Había, en la reunión, muy pocos argentinos, de lo cual nos alegramos mucho”.

La Prensa  se disculpó y afirmó que no publicaban los  discursos por “falta de espacio…” Y luego en forma irónica agregaba: “Todos los oradores hablaron en el sentido de que era necesario aumentar los salarios y disminuir las horas de trabajo. Y ciertamente que esto es muy bueno. Casi estamos tentados nosotros de declararnos socialistas para pedir lo que ellos piden….

El Nacional, después de calificar la celebración como “descolorida y poco animada”, afirmaba que aparecieron bien dibujadas las diferencias que aquí, como en todas partes, dividen a los socialistas en dos grupos: “los anarquistas y los socialistas propiamente dichos”.

Un “máximum” de ocho horas

Un mes más tarde, en junio de 1890, en dos hojas manuscritas por Jorge Einiger y acompañada con un ejemplar del Manifiesto del 1ro de Mayo y 7.432 firmas, el Comité Internacional Obrero se dirigió a “la Honorable Cámara de Diputados de la República Argentina”.

Entre las doce peticiones se destacan: 1) Limitación de la jornada de trabajo a un “máximum” de ocho horas para los adultos. 2) Prohibición del trabajo de los niños menores de 14 años y reducción de la jornada a 6 horas entre los 14 y los 18 años. 3) Abolición del trabajo de noche exceptuando ciertas ramas de la industria. 4) Prohibición de todo trabajo de noche para la mujer y todo obrero menor de 18 años. 5) Descanso no interrumpido de 36 horas por lo menos cada semana y 6) Prohibición del trabajo a destajo y por subasta.

De resultas de estas acciones, el 29 de junio de 1890 quedó conformada una organización provisoria cuyas tareas fueron interrumpidas por el movimiento cívico militar contra el gobierno de Juárez Calman. Fue la Revolución  del Parque orientada por Leandro N.Alem.

Uno de las anécdotas poco conocidas de ese hecho que a la postre determinó la asunción a la Presidencia de Carlos Pellelgrini, fue que entre los revolucionarios se encontraban tres  figuras que luego ocuparon parte de nuestra historia política: Hipólito Yrigoyen, Lisandro De Latorre y  Juan B. Justo.

Con posterioridad, levantando el estado de sitio, el Comité envió una invitación a las sociedades obreras para considerar la constitución de la Federación de Trabajadores de la República Argentina. Esta organización señalo el mítico dirigente gremial Sebastián Marotta, proclama “la unión de los obreros de esta región para defender sus intereses morales y materiales, y practicar la solidaridad con los hermanos de todas las regiones en lucha contra el capital y sus monopolizadores”.

Afirma, además, que “uno de los medios para llegar a la completa emancipación del trabajo, hacia la cual encamina sus esfuerzos, debe ser la organización de todos los trabajadores en secciones de oficio y sociedades puramente obreras”.

Previamente, el 12 de diciembre de 1890, aparecía como órgano de la Federación, “El Obrero”, escrito en gran parte por el ingeniero Germán Ave Llallemant.

En la primera página del número inicial, “El Obrero” afirma: “…queremos defender el salario para facilitar una existencia humana a los trabajadores asalariados y querer más, en segundo lugar, ser propagandistas de la sublime doctrina del socialismo científico moderno”.

Mientras los anarquistas editaban un hoja  con el nombre de  “El Perseguido” pero ya como periódico, desde 1897, “La Protesta Humana”.

Por Santiago Senén González
Periodista y escritor