Aumentó la cantidad de comedores y merenderos

La apertura de merenderos, la cantidad de gente que se suma a los comedores estatales y comunitarios, y también el trabajo de los roperos populares representan un fenómeno social que el país viene observando durante el último año. Lo mismo ocurre en General Pico.
Como viene reportando este diario, por la situación económica y social de la población la necesidad básica de alimento se cubre a través de distintas opciones estatales y comunitarias. Así lo han reportado este año organizaciones y medios de comunicación en Buenos Aires, Misiones, Santa Fe y otras provincias. En esta ciudad siguen funcionando los comedores municipales y también está la cobertura del almuerzo que realizan las escuelas 64 y 12, en los barrios Malvinas y el barrio El Molino, ambas con jornada completa.
Las propuestas de alimentación destinadas principalmente a niños y adolescentes se incrementaron durante los últimos meses, con el surgimiento de merenderos. Además, de algunos comedores barriales que ya venían realizando una cobertura del almuerzo los días sábado supliendo así parte de la necesidad del fin de semana.

Recreación y juegos.
Uno de los comedores del barrio El Molino es el denominado: Talita Cumi, que lleva unos cinco años trabajando con los vecinos. Primero con una “Hora feliz” que incluía un tiempo de recreación y la merienda los días sábado, después se comenzó con el almuerzo. Una de las responsables, Erica Tolosa, explicó: “En el barrio los niños tienen la asistencia del comedor municipal de lunes a viernes y se optó por colaborar el fin de semana”.
Los menores llegan al mediodía para el almuerzo, pero también hay un tiempo para cantar y luego se dividen por edades y se tiene un momento para compartir porque Talita Cumi es un proyecto de una iglesia evangélica local y se transmiten valores cristianos, señaló Tolosa. Allí asisten en promedio unos 50 niños, con edades que van desde bebés hasta adolescentes, pero el número no es fijo. Cuando sobra comida se preparan viandas que se entregan a las familias que lo necesitan.
“El comedor forma parte de su vida, se acostumbran a estar en el comedor, incluso eso se ve en los niños de familias que se mudan del barrio y aún así continúan asistiendo los sábado”, dijo Tolosa.

Barrios.
Otras instituciones de la ciudad están ayudando ante esta necesidad social. En el barrio Frank Allan también funciona los sábados otro comedor, en calle 36 entre 7 y 9, que depende de una iglesia.
Incluso han surgido propuestas de particulares. Como en el barrio Indios Ranqueles donde dos familias comenzaron a trabajar con los menores. Uno es el caso de la familia Palmero que en su vivienda de calle 35 bis y 38 da la merienda a unos 40 niños que viven en esa zona. Unas cuadras más al oeste, funciona otra casa que ofrece merienda y el almuerzo del domingo. Se trata de una iniciativa que apadrinan empleados del Hospital Gobernador Centeno y que se sitúa en una vivienda de calle 34 entre 23 y 25.
El barrio federal no es la excepción, allí una escuela de fútbol es otro ejemplo de solidaridad. En calles 432 y 405 concurren unos 100 niños alentados por el deporte pero también porque se les da una merienda.

Foto: (Erica Tolosa)