Autor actual: para Juan Terranova, “El amor es cruel”

“El amor es cruel”, es el nuevo libro de Juan Terranova: 12 cuentos escritos en los últimos diez años a partir de su vida cotidiana, de lo que leyó en diarios y de otros escritores en Internet, de charlas con amigos e intercambios de mails: un inventario del amor en algunas de sus formas.
Estos cuentos, publicados por la editorial El cuervo, forman una cartografía pop y sentimental de Buenos Aires. El amor al que se refiere en los textos parece ser, ante todo, un amor a la juventud, a la iconografí­a que representa o delinea esos años y, por elevación, a la vida urbana y suburbana de su aprendizaje amoroso. “Lavalle y Pellegrini, por ejemplo, me emociona. Me da la sensación de estar en un estuario, o en la entrada de un delta. Como si fuera la desembocadura del Río de la Plata. El agua trayendo la humedad y su sabiduría mundana, como si todo se estuviera pudriendo con mil camalotes flotando en la corriente de barro”, escribe en “El proyeccionista”.

“El amor solo no existe”.
La belleza parece otra clave en ellos: una belleza muy años noventa, que no sólo parece venir de un beato de los cómics y filmes Sci-Fi clase B, sino de un melómano que devoró sonidos entre fines de los 80 y principios del 2000: “La atmósfera estará sucia, comunicarse por radio será imposible, ni las imágenes ni el sonido podrán viajar por el aire de Marte”, escribe en “El señor de la Electricidad”.
Y aunque en las narraciones se encuentren algunos lugares comunes desfasados en el tiempo -a los estudios de Nutrición se los describe como “una carrera de chicas”; a grupos con mirada de género se los llama “feministas obtusas” de “fornicación lésbica”-, vibran cuando el escritor practica definiciones universales en extremo singulares: “Las familias bien constituidas son unidades unplugged que siguen recibiendo el diario en papel por abajo de la puerta”, escribe en “La peor cena del mundo”.
-T: ¿Por qué el tí­tulo?
-JT: Porque el amor solo no existe, siempre viene adjetivado. Y adjetivar el amor es una de las principales actividades de un escritor que quiere contar historias. El amor incompleto, el amor inestable, el amor animal, el amor simple, el amor irredento, el amor expandido, el amor que se muerde a sí­ mismo como una serpiente se muerde la cola.

Criterio.
-T: ¿Con qué criterio seleccionaste los cuentos?
-J.T: El criterio que me autoimpuse fue “historias que podrí­a contarle a una mujer desnuda con formación terciaria o universitaria en la cama de un hotel del conurbano bonaerense.”
-T:¿La mirada desencantada que atraviesa cuentos como “Hablame de lagartos” está relacionada con una educación sentimental transcurrida en los 90? ¿Cuánto de generacional hay en esa mirada entre romántica y neurótica?
-JT: No creo que sea una mirada cí­nica, sí­ irónica. Y desencantada puede ser, pero en el libro hay momentos de gran plenitud y entusiasmo, creo. Por otra parte, los 90 están en míi, es verdad. La adolescencia te marca siempre. Bueno, a los que fuimos adolescentes en esos años nos educaron en el fin de la historia, que terminaba, como ya sabemos, con un suspiro. El fin de los grandes relatos, el fin de la ideologí­a, el fin de todo, y entonces cuando realmente parecía que los zombies producidos por el Doctor Caos De la Rúa se iban a quedar para siempre llegó Internet y nos rescató.

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