Cannes: película argentina cerró la sección oficial ‘Una cierta mirada’

Al mismo tiempo que Sean Penn presentaba “The Last Face”, junto a Charlize Theron y Javier Bardem, en la competencia oficial, la producción argentina “La larga noche de Francisco Sanctis” cerraba la sección “Una Cierta Mirada” con un aplauso agradecido de sus directores Andrea Testa y Francisco Márquez, y su figura central, Diego Velázquez.
La pareja de realizadores, que además son marido y mujer, el protagonista del filme y su director de fotografía, Federico Lastra, subieron al escenario de la Sala Debussy, convocados por Thierry Fremaux, quien aprovechó la ocasión para agradecer la tarea del jurado para presentar esta obra, que viene de haber recibido los premios a mejor película y actor en la competencia internacional del Bafici.
Frémaux subrayó la siempre importante participación argentina en el festival y la sociedad que Cannes tiene a través del Marche du Film con Ventana Sur hace cinco años, mientras Márquez aseguro que “nuestra película tiene un grupo de autores muy grande, y lo van a ver en los títulos del final”, y agradeció a los organizadores el interés que pusieron en su participación.
En la edición de hoy de la revista especializada Le Film Francais, la última dedicada a Cannes, un artículo titulado “Numerosas novedades previas”, se adelanta que en la nueva edición de Ventana Sur, a realizarse entre el 29 de noviembre y 3 de diciembre, además de la sección Blood Window, dedicada a cine de terror, habrá una especial con eje en el cine de animación, con participación del Festival de Annecy.
En la misma nota se asegura está resuelto cambiar su sede física, hasta ahora, la Universidad Católica de Puerto Madero, por un “nuevo espacio prestigioso, más grande, en un barrio dinámico de la capital argentina, que será anunciado en septiembre”, además de una nueva semana con filmes de Cannes en el Espacio Incaa-Gaumont con la presencia de Frémaux.
La sección oficial presentó dos de los últimos cuatro largometrajes pendientes hasta ayer, la pretenciosa “The Neon Demon”, del cineasta danés Nicolas Winding Refn, y la superproducción estadounidense “The Last Face”, de Sean Penn, anunciada como una historia de amor, relacionada con Médicos Sin Fronteras en el Africa, y con un elenco multinacional.
En “The Last Face”, cuarto filme como realizador del actor Sean Penn, que comenzó su carrera como director compitiendo aquí en 1991 con “The Indian Runner”, cuenta la historia de la supuesta hija del fundador de Médicos Sin Fronteras que decide viajar al Africa para instalarse con los médicos que hacen trabajos humanitarios, y vivir esa experiencia sin intermediarios.
Allí se relacionará en especial con uno de esos médicos dispuestos a cualquier riesgo, el español Miguel León, con el que vivirá una apasionante historia de amor, con idas y venidas.
En el escenario aparecen también otros médicos que tendrán mucho que ver en sus vidas y con las masacres, la muerte al día y ellos mismos expuestos a perder la vida en cada avance que creen haber dado por la humanidad.
Para ser breves: hay una historia de amor, compromiso al mejor estilo del cine estadounidense mainstream, elenco multinacional, grandes despliegues, algo de acción pero en especial temas relacionados con cirugías muy cruentas y sensación de impotencia frente a tanta injusticia suelta por esa extensa geografía del planeta condenada a la violencia.
Todo es muy prolijo, incluso algunos de los textos tienen elaboración y aciertan en el clavo al llegar a algunas conjeturas en boca de sus personajes, muy bien interpretados, además, por Adele Exarchopoulos, Jared Harris y Jean Reno, y si bien el resultado lleva un aprobado, se nota que en el festival solo cumple con una necesaria cuota de cine comercial.
Otro de los filmes vistos hoy fue “The Neon Demon”, del danés Nicolas Winding Refn, recordado por filmes como “Pusher”, “Driver” y “Sólo Dios perdona”, de una batería de diez que acredita, caracterizado por sus imperiosas necesidad de transgredir, en especial en sus argumentos retorcidos, la puesta, ya sea la estética, el uso del color y la música.
Esta vez le toca el turno al tema de las modelos newfashion de Los Angeles, para el caso una chica de 16 años que, a instancias de una maquilladora, llega a una especie de agencia donde debe mentir la edad, y rápidamente es seleccionada por un especialista freak y comienza a soñar con llevarse el mundo por delante, cosa que empieza a hacer sin precaución alguna.
Semejante “caramelo” en manos de personajes que esconden más de lo que muestran, cierta cosa libidinosa, lésbica y hasta vampírica, el estado de acoso permanente, de estar frente a un peligro inminente, e imágenes que parecen sacadas de la revista Vogue o de anuncios de perfumes muy caros y exclusivos, son los ingredientes de este plato “a la Winding Refn”.
A diferencia de Olivier Assayas, que intenta contar una historia aparentemente seria que deviene “una de fantasmas”, con momentos francamente ridículos, Winding Refn parte del no-realismo, de secuencias enteras que recuerdan a momentos de “Naranja mecánica” y “Ojos bien cerrados”, las dos de ese fotógrafo que devino cineasta llamado Stanley Kubrick.
Si a esa estética, le sumamos la música de Cliff Martínez, el legendario baterista de Red Hot Chili Pepers y muchas chicas bonitas, empezando por Elle Fanning (tiene 18 y es recordada como la Aurora en “Maléfica”), seguida por Jena Malone como la maquilladora; Abbey Lee, 19 años, vista en “Mad Max: Furia en la cararetera”, y Bella Heathcote (19 años, “Sombras tenebrosas”), la propuesta tiene con qué convocar al voyeurismo.
Y como si todo esto fuese poco, hay que inventariar un motel maldito, manejado por un siniestro personaje encarnado por Keanu Reeves, una clínica para cirugías estéticas, luces que parecen de fiesta electrónica, sangre a borbotones y hasta una cuota de antropofagia que puede poner los pelos de punta a más de uno y dejó boquiabiertos y sin capacidad de juicio lúcido a quienes la vieron en las dos proyecciones de ayer. (Claudio D. Minghetti, Télan)