Casi 30 Picasso, 22 Matisse y 12 Gauguin en una misma muestra

La colección del empresario ruso Serguei Shchukin (1854-1936), con 29 Picasso, 22 Matisse y 12 Gauguin, será exhibida por la Fundación Louis Vuitton de París que reunió 278 obras maestras del arte moderno por primera vez desde su dispersión en 1948.
A pesar de las actuales tensiones entre Francia y Rusia, 127 obras viajaron desde el museo Pushkin de Moscú y el Museo del Ermitage de San Petersburgo.
La colección de arte reunida entre 1898 y 1914 por este industrial moscovita no había vuelto a juntarse en un mismo lugar.
Desconocida del público, la colección se completa para esta ocasión excepcional con 31 obras de vanguardistas rusos, prestadas en su mayoría por la galería Tretiakov de Moscú y la colección Costakis de Salónica (Grecia).
Gracias a esta “colección de arte francés más radical de la época, Serguei Shchukin se colocó en el epicentro de la revolución de las artes”, explica Anne Baldassari, curadora de la exposición “Íconos del arte moderno” (del 22 de octubre al 20 de febrero).
En sus primeros viajes a París, Shchukin, iniciado al arte por el galerista Paul Durand-Ruel, se interesó primero por los impresionistas, especialmente por Monet, de quien su colección cuenta una docena de obras. A ellas se sumarán 8 Cézanne, 16 Gauguin, 5 Degas y 4 Van Gogh.
Contra su propio gusto.
En 1907 conoce a los grandes coleccionistas Leo y Gertrude Stein y al marchante Ambroise Vollard, que lo pone en contacto con Matisse y Picasso. A partir de entonces, sus compras se aumentan de manera exponencial: “adquiere 30 Picasso en dos años”, señala Baldassari. “Fue uno de los pocos coleccionistas del cubismo en momentos en que ocurría”, aclara.
En total, la colección cuenta con 50 Picasso y 22 Matisse, incluyendo “El taller rosa” o “El café árabe” y “La bebedora de ajenjo” o “Tres mujeres”.
Ante este inmenso cuerpo, Baldassari optó por mezclar un enfoque temático (paisajes –por lejos el tema más frecuente– retratos, naturalezas muertas) y monográfico: Picasso, Matisse y Gauguin.
Con el paso de los años, los cuadros se apilan en cinco habitaciones del Palacio Trubetskoi, la residencia de Shchukin en Moscú. Hay cincuenta telas en una pieza de 25 m2 y la superficie total de la exposición no supera los 250 m2 (contra 2.500 m2 en la Fundación Vuitton).
Lo más asombroso es que las adquisiciones contradicen el propio gusto de Shchukin, más aficionado al arte simbolista o romántico, de Edward Burne-Jones o Maurice Denis, presentados en la capilla del palacio.
“Picasso lo choca, lo tortura”, destaca Anne Baldassari, exdirectora del Museo Picasso de París. Del mismo modo, tras encargar a Matisse unos paneles monumentales sobre la “Danza” y la “Música”, se escandaliza ante el revuelo causado por esas obras en el Salón de Otoño. Renuncia a comprarlas, antes de cambiar de opinión, arrepentido.
Sobreviviendo a Stalin.
Los directores Peter Greenaway y Saskia Boddeke realizaron una instalación multimedia interpretando las condiciones de este pedido y la acogida crítica que recibió.
Contrariamente a su amigo Ivan Morosov, otro gran amante del arte, Shchukin tuvo desde muy temprano la inquietud de dar a conocer su colección al público: abría las puertas de su residencia todos los domingos de mañana, luego hasta tres días por semana. Al darles acceso muy temprano a la vanguardia de la pintura, las obras ejercerán una considerable influencia sobre los jóvenes artistas rusos.
Obras excepcionales de Malevitch (incluyendo los radicales “Cuadrado negro” y “Cuatro cuadrados”) Vladimir Tatlin o Liubov Popova, se ven así confrontadas a una serie de obras maestras de Picasso.
Nacionalizada en 1918 por un decreto firmado por el propio Lenin, la colección Shchukin se fusionó con la de Morosov para pasar a constituir oficialmente en 1920 el “Museo de arte moderno occidental”, el primero en ese rubro.
Stalin proclama su disolución en 1948 y ordena la dispersión de las obras en museos de provincia, y en algunos casos su destrucción. Finalmente, la colección se reparte entre el museo Pushkin y el Ermitage. Desde entonces, algunas obras han salido –con cuentagotas– en ocasión de exposiciones de arte moderno. (AFP)

Compartir