Con Río todavía en obras, crecen las dudas a tres semanas de los Juegos Olímpicos

Con dos presidentes en Brasilia, la peor recesión económica del país en 80 años y el estado de Río de Janeiro casi en quiebra, el ambiente en la primera ciudad de Sudamérica en acoger, en tres semanas, los Juegos Olímpicos no es de fiesta.
Bajo el sol invernal de la playa de Copacabana, con clementes 23 grados a media mañana, un guardavidas observa escéptico el ajetreo de decenas de obreros que trabajan día y noche en el estadio olímpico de beach voley, aún inconcluso.
Los problemas en torno a las obras de esta monumental estructura de caños metálicos erguida sobre la arena, alta como un edificio de siete pisos, simbolizan el desafío de organizar los Juegos Olímpicos en Río, una ciudad tan caótica como deslumbrante, donde la pobreza golpea en los ojos a todo momento.
Primero las obras fueron suspendidas por falta de permisos ambientales. Luego las fuertes olas dañaron la base de la estructura, por lo cual debió construirse un muro de unos 300 metros de largo para protegerla. Pero el mar lo lame sin cesar, y unas máquinas excavadoras encaran incansablemente, como Sísifo, la tarea de mantenerlo en pie. Después, el cuerpo descuartizado de una mujer fue hallado a unos metros.
Los organizadores de Río 2016 auguran unos Juegos “increíbles” del 5 al 21 de agosto, cuando la ciudad reciba a más de 10.000 deportistas y medio millón de turistas del mundo entero. Pero aún falta mucho por trabajo por hacer. (AFP)

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