Construyen un invernadero con botellas de plástico

En el colegio “Claro en el Monte” de Toay construyen un invernadero con botellas de plástico, pero necesitan juntar el material para montar la huerta. “La gente no está acostumbrada a reciclar”, lamentaron.
En el país se tiran 12 millones de botellas de plástico cada 24 horas. Servirían para construir un edificio de 57 pisos por día. Las cifras arrojan que cada argentino desecha por año 300 botellas PET, y aunque son reciclables solo se recupera un 30 por ciento para fabricar textiles, escobas o nuevos envases.
En el colegio “Claro en el Monte” de Toay no manejan los números que dio a conocer un exhaustivo informe de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Palermo (Buenos Aires) y solo necesitan unas 400 botellas por pared (dos mil en total) para cumplir su objetivo: construir un invernadero en el patio del establecimiento secundario. Pero hay un detalle: lo complicado que les resulta reunir esos envases vacíos que tanto se usan.
“El proyecto surgió porque en el colegio había una huerta cuya producción iba para la Escuela 62 que es de jornada completa. El problema es que las liebres y otros animales se comían la producción, los alambrados aparecían rotos y las heladas de invierno también hacían daño, así que se nos ocurrió hacer el invernadero con las botellas de plástico”, contó Luna (14).
La docente Marina Zabaleta, a cargo de la materia Educación Tecnológica, impulsó la iniciativa y comenzó el trabajo. Los chicos y chicas salieron a recolectar botellas vacías y así se levantó la primera pared en el fondo del amplio patio del colegio toayense ubicado al final de la avenida 13 de Caballería.
“Arrancamos bien, pero cuesta mucho juntar las botellas. La gente no tiene la conciencia de reciclar, le resulta más fácil aplastarla y tirarla a la basura. Nosotros juntamos cualquier botella de un litro o más. Sirven las de dos, las de tres litros de gaseosas, de agua, de productos de limpieza. Una vez que las tenemos las cortamos y las usamos para ir armando las paredes del invernadero”, explicó Fernando (15).
El curso organizó movidas en Facebook y WhatsApp, fue a radios y plazas locales pero necesita que Santa Rosa les dé una mano. “La idea del invernadero es algo grande pero que lleva tiempo y trabajo. Hoy están medio desmoralizados porque las botellas no llegan, por eso buscamos que haya algún lugar en Santa Rosa que sirva para juntarlas y nosotros vamos los sábados a buscarlas. Si alguna institución o dependencia oficial se ofrece estaría buenísimo. En Toay salimos casa por casa pero allá no lo podemos hacer. También el que quiera puede acercarlas al colegio en el horario de clases”, detalló Marina sobre las necesidades del proyecto.
Una botella PET (Polietile-no de Teleftarato) arrojada a la basura tarda más de 150 años en degradarse. Pero si se la recupera y recicla, con ella se pueden fabricar fibras textiles para la confección de mantas, prendas de vestir, bolsos, alfombras, calzado, cuerdas, cepillos, escobas o nuevos envases. O invernaderos.
“Calculamos que son unas 400 botellas por pared, además a Leandro se le ocurrió que poniendo los picos para abajo se puede hacer un sistema de riego, se puede acumular agua en las columnas de la pared y cuando querés abrís las tapitas o ponés mangueras de riego”, explicaron en el curso 3ro. 1ra. del turno mañana.
“Eso también es parte de la materia, que vayan viendo de crear cosas, qué se puede hacer, qué no, qué funciona. Que no se frustren y sigan adelante con ideas y proyectos, por eso estamos en un punto en el que no llegan botellas y no queremos desanimarnos porque me parece que si avanza va a generar cada vez más entusiasmo”, agregó Marina.
Las ventajas de reciclar son múltiples. Mientras que para fabricar una tonelada de PET convencional se consumen 3,8 barriles de petróleo, si el material es reciclado solo se usan botellas que están en el suelo, ríos, cunetas y basurales. El reciclado requiere un 70 por ciento menos de energía y emite un 59% menos de gases de invernadero, responsables en gran medida del cambio climático.
“Hay que tomar conciencia, acostumbrarse a reciclar porque no es tan difícil, no cuesta nada. El proyecto apunta a un doble objetivo de armar el invernadero y de cuidar el medioambiente”, dijo Luna. “Fuimos a todos lados, incluso a quienes hacen los servicios de catering, pero la mayoría usa envases retornables, así que seguimos buscando”, expresó Estefanía (14).
“Hay de todo, gente que ayuda muchísimo y otra que nada, no le importa ni se preocupa, incluso hay quienes tiran las botellas en plena calle. Estaría bueno que se concientice más”, sugirió Fernando respecto a los distintos comportamientos.
Y en ese punto también se trabaja con el proyecto. “A veces llegamos a la mañana y vemos que en el turno tarde rompieron algunas cosas, así que eso también lo evaluamos, lo trabajamos, el hecho de respetar los espacios en común, es todo un proceso que lleva su tiempo. También el hecho de limpiar, la gaseosa mancha, entonces nosotros no podemos dejar todo sucio al personal de limpieza, hay que hacerse cargo y entre todos aportar algo”, dijo la docente sobre un proyecto que, más allá de las ganas y el ingenio, necesita de la solidaridad.