De “entrecasa”, por abandono

DOS PISOS DEL CORREO PARA EL TOF, PERO NO HICIERON OBRAS

Desde el 2015, el Tribunal Oral Federal espera mudarse a un lugar más amplio. El juicio contra el intendente de Lonquimay pone en foco las incomodidad del actual edificio. Las dos plantas del correo cedidas a la Justicia, siguen abandonadas.
“Estamos celebrando un juicio en el comedor de una casa de familia. Está más que claro que las condiciones no son las óptimas”. La frase, por demás ilustrativa e inobjetable, pertenece a un funcionario judicial que está participando del juicio contra el intendente de Lonquimay, Luis Rogers, y otros cuatro hombres por el delito de trata de personas.
La sala de audiencias del Tribunal Oral Federal funciona actualmente en una habitación de pocos metros cuadrados, en lo que aparentemente era el comedor de una casa de familia, ubicada sobre la calle Raúl B. Díaz. El espacio es escaso para la cantidad de personas que asisten diariamente: entre jueces, secretarios, un fiscal, abogados, imputados, policías y periodistas se cuentan fácilmente una docena y media de personas. A esa cantidad hay que sumarle el público y los testigos que eventualmente siguen el desarrollo del debate. Con su capacidad al tope, la sala puede albergar a unas treinta personas completamente apretadas, evidentemente incómodas.
Pero la sala de audiencias no es el único problema. En el hall del TOF -un garaje acondicionado adonde se acredita la prensa- se repite todos los días la misma situación: los imputados se cruzan con los testigos, las víctimas se topan con sus victimarios, situación por demás irregular si se tienen en cuenta los graves delitos que se están juzgando.
Una sola imagen publicada en este diario el martes pasado de resume el estado de situación: el asiento desde donde declaró Rogers (y el resto de los acusados y los testigos), una silla de caño que podría estar en cualquier comedor de la ciudad, tiene el tapizado roto.

El correo, un palomar.
Puertas destrozadas, vidrios rotos, valiosos muebles arrumbados, sanitarios rebalsados de heces, excremento de paloma, palomas muertas, nidos de palomas, pisos con años de mugre pegada y un olor inmundo que asfixia. Todo eso puede verse/percibirse en el segundo y el tercer piso del edificio del Correo Argentino, en pleno centro de la ciudad, sitio adonde debería funcionar el Tribunal Oral Federal de Santa Rosa y donde debería estar celebrándose el juicio contra el intendente de Lonquimay por Trata de Personas.
El 18 de agosto del año pasado, el Consejo de la Magistratura del Poder Judicial de la Nación le entregó al TOF las llaves de las dos plantas del inmueble ubicado en Lagos y Rivadavia, donde actualmente funcionan el correo postal, el Enacom (ex Afsca) y Radio Nacional. Después de años de alquilar una casona ubicada en la calle Raúl B. Díaz, los trabajadores y funcionarios federales se contentaban porque iban a tener un lugar más cómodo para trabajar.
Pero nueve meses pasaron de la ceremonia encabezada por el entonces presidente del Consejo de la Magistratura, Miguel Piedecasas, y nada cambió en el histórico edificio. La mudanza de los tribunales federales acordada en septiembre de 2015, parece alejarse con los días y el estado del edificio ubicado en Rivadavia 202 es cada vez más ruinoso. Ninguna obra se hizo en el lugar desde que se anunció la cesión en comodato del edificio por parte de la Agencia de Administración del Bienes del Estado (AABE) al Poder Judicial de la Nación.