De Guatraché a Serbia persiguiendo sueños

Para Rober no hay un futuro definido pero sí sabe que en algún momento volverá. A su llegada se instaló en Belgrado, pero el trabajo lo llevó a Novi Sad, una ciudad que hace culto “de la puntualidad”.
Su historia tiene varios en puntos en común con muchas otras: alguien que se cansa de tanto trabajo, tantas responsabilidades y tantos esfuerzos para alcanzar lo material. En la cabeza comienza a crecer la idea de un “basta” y ese día llega: hay que salir a cumplir sueños y deseos, y eso fue lo que hizo Rober, que dejó la laguna de Guatraché para irse a la orilla del río Danubio, en la zona de los Balcanes europeos donde está la ciudad serbia de Novi Sad, el lugar donde vive y trabaja desde inicios de este año.
“Vivir en otro país y en otra cultura era algo que tenía presente hacía tiempo, pero la verdad que siempre estaba enfocado en otras cosas, básicamente en lo material. No tenía tiempo para andar cumpliendo sueños que no tuvieran que ver con lo profesional o económico. Y eso fue así hasta el año 2014, en donde el trabajo ya se había hecho muy pesado, jornadas interminables, de mucha presión, y otros problemas fuera de lo laboral, me llevaron obligado a cambiar de rumbo”, contó Rober Fuhr (34 años) sobre el origen de su partida.
Rober nació en Darregueira y luego vivió en San Miguel Arcángel, una colonia de alemanes del Volga. Poco tiempo después se instaló en Gascón, “pueblitos muy chiquitos cerca de Guatraché”. Hasta que a los 6 años, por el trabajo de su papá, se mudó definitivamente con su familia a esa localidad pampeana.
“Me crié en Guatraché. De chico jugué al fútbol y después comencé a ir a los Scouts, desde los 8 hasta los 18 años, cuando me fui a estudiar a Bahía Blanca. Era el año 2001 y mis viejos hicieron un esfuerzo enorme para que pudiera estudiar Licenciatura en Economía”, recordó sobre sus padres Norma y Oscar, una familia que completa con otros tres hermanos: Nicolás, Facundo y Dino. “Hay que tener en cuenta que éramos una familia de seis miembros y con un solo ingreso. Siempre digo que mis papás o tenían mucho coraje o no sabían bien a lo que se enfrentaban”, resaltó con una sonrisa a la distancia.
“Mis viejos siempre me apoyaron, incluso en estas cosas poco habituales. Me acuerdo cuando les dije que iba a venir a vivir a estos lados mi papá me dice: ‘¿Pero por qué no podés ser como tus hermanos vos?’. No es fácil para ellos tener un hijo lejos pero siempre están presentes, al igual que mis hermanos”, añadió.

Un viaje.
En el 2009, ya egresado de la carrera, partió a Buenos Aires. “Ahí empecé a trabajar para una empresa extranjera, y estuve ahí hasta el año 2014 donde volví, primero a Bahía Blanca trabajando unos meses, y luego de vuelta a mi querido Guatraché en 2015 también por trabajo. Fue el mismo camino pero yendo para atrás”, indicó Rober.
Antes, cuando volvió a Bahía Blanca, decidió usar parte del dinero que había ahorrado para viajar. Estuvo dos meses en la zona de los Balcanes y visitó otros países. Había viajado solo y esa experiencia le cambió el rumbo de su vida.
“La verdad que ese viaje me sirvió mucho. Me di cuenta que no tenía que descuidar o ignorar los anhelos interiores, los sueños. Que por algo están ahí. Cuando volví del viaje sabía que en algún momento iba a concretar ese anhelo, aunque no tenía certidumbre sobre cuándo. Eso dependía de los compromisos laborales que tomara, del tiempo que me llevara ahorrar y otras cuestiones. Pero eso finalmente se dio a fines de enero de este año”.
A su llegada se instaló en Belgrado, la capital de Serbia. “Amigos que había hecho en 2014 me dieron una mano para alquilar un departamento. Yo ya venía con una idea de trabajo en un proyecto que teníamos con un amigo de Bahía Blanca, yo trabajando desde acá, pero eso al final no se pudo dar a tiempo, así que ahí empecé de a poco a enviar curriculums o ver qué se podía hacer”, subrayó sobre su llegada.

Empanadas.
Aún sin trabajo, se las rebuscó con un típico sabor argentino y una buena cantidad de empanadas le dieron la chance de ir a Novi Sad. “Un sábado se hizo un evento en un bar en Belgrado para promocionar empanadas argentinas. Con una amiga organizamos el evento, hablamos con el bar para fijar fecha y nos pusimos a cocinar empanadas. No hay tapas acá, así que hubo que prepararlas también. No hicimos mucho, 7 docenas, porque la idea era ver si iba gente y si se vendían, pero la verdad que vendimos todo. Hasta fue una pareja de profesores de tango y se pusieron a bailar. Estuvo bueno. Después el proyecto no siguió porque empecé a tener entrevistas de trabajo y eso iba a ser un ingreso más seguro que el de la cocina”. Lo cierto es que una empresa de Novi Sad vio su currículum y lo llamó, pasó el proceso de selección y en mayo se instaló para trabajar en Content Insights, una firma que desarrolló un programa para que los diarios online hagan un seguimiento de las noticias que publican respecto al interés de los lectores.
-¿Cómo es tu vida en Novi Sad?
-El trabajo es cómodo, los compañeros de trabajo buena gente, amigables y dispuestos a darme una mano cuando preciso algo, incluso fuera de lo laboral. Me manejo en Inglés pero tengo una compañera de trabajo, Ana Martinovic, con la que hablo en castellano todos los días. Ella, al igual que mucha gente, aprendió castellano mirando telenovelas de Latinoamérica. Hubo una famosa acá, por lo que me dice la gente, que se llamaba ‘Kassandra’. Es increíble pero a la gente de aquí le resulta fácil aprender el castellano.

Mirando el rejoj…
Rober se siente cómodo y adaptado, aunque a veces extrañe un poco la impuntualidad tan típica de la Argentina. “Es una ciudad tranquila, ordenada, sobre el río Danubio y con mucho verde y parques. La gente es paciente, muy abierta, y familiera. La verdad que en eso me siento como en casa. Lo que me cuesta es ser puntual. Acá son extremadamente puntuales. Hasta me han llegado a pedir disculpas por llegar dos minutos tarde. Y la verdad que me está costando adaptarme a ser puntual (dice entre risas), más que aprender el idioma”.
Según Rober, los serbios “conocen mucho” de Argentina. “Hay escuelas de tango, camisetas de la selección argentina, mucha gente leyó Borges y Cortázar, y se sienten identificados con la cultura pasional del argentino. Lo que no hay es yerba, y ahí estamos en problemas. Pero por ahora todavía tengo. Son una ciudad y un país seguros, la gente camina muy tranquila por las calles. Novi Sad está toda conectada por bicisendas, y se las respetan. Por más que la vereda esté llena de gente nadie va a caminar por la bicisenda. Es cultural y se ve que está instalado desde hace mucho”, explicó.

Receta.
También hay aspectos negativos que se conocen fuera de nuestra frontera y que perduran en el tiempo. “En general la imagen que hay de América del Sur se refiere a la droga o que es todo inseguro y con secuestros, o que Argentina es un país muy pobre. Esto último es la imagen que quedó de 2001 cuando fuimos noticia en todo el mundo. Así que con paciencia explico que de donde yo vengo nos conocemos entre todos, no ponemos candados a las bicicletas y todas esas cosas lindas que tienen Guatraché y los pueblos de La Pampa”, ponderó Rober en el diálogo con este diario.
Cuando se le pregunta por su futuro, Rober parece haber descubierto un secreto que no incluye remedios ni recetas médicas.
“No tengo un plan fijo e inmodificable. Una de las cosas que aprendí estos años es que todo cambia con el tiempo, todo va y viene, y tratar de aferrarse a algo que ya no está o que inevitablemente va a cambiar produce tristeza, angustia, y terminás yendo más seguido al médico y a la farmacia. En el futuro voy a volver a Argentina, eso es seguro, aunque todavía no sé cuándo. Hay mucho por aprender todavía en estos lados”.

Nostalgia por lo que fue.
El joven de Guatraché vive en un país que se formó luego de la sangrienta guerra que, a principios de los ’90, desintegró Yugoslavia. “El nivel de vida es parecido al de Argentina pero para la gente es un nivel bajo. El tema es que se comparan con los estándares de la Unión Europea, y ahí medio que salís perdiendo. También influye que hasta los años ’80 Yugoslavia era uno de los países más importantes de Europa. Y esa nostalgia por lo que fue se percibe en la gente, en sus relatos, cuando te cuentan su historia. Con respecto a la guerra trato de no hablar, solo escuchar. Es un tema muy sensible y está todavía muy presente en la gente. Supongo que es lo mismo cuando va un extranjero a Argentina y se pone a hablar de Malvinas sin saber mucho y sin haberlo vivido desde adentro, nos daría un poco de incomodidad”, aseveró Rober.
Según dijo, en Novi Sad no encontró argentinos instalados, pero sí en Belgrado y otras ciudades, “aunque no muchos”. Sí hay gente de Argentina que viaja por Europa, “recorren y escriben al grupo de Facebook ‘Argentinos en Serbia’ para avisar que van a estar de paso, por si alguien charlar y tomar unos mates”.

Amigo de la joven siria.
Rober tiene una relación de amistad con Haneen Nasser, la joven siria que se instaló en Parera escapando de la guerra en su país. “A Haneen la conozco desde hace unos años, a través de su página de fotos H2. Y le dí una mano a Belén, que fue la llamante, cuando Haneen recién empezaba a plantearse de ir a Argentina. Últimamente perdí un poquito el contacto con ella pero se la ve bien, con muchos proyectos que quiere concretar todos a la vez, pero de a poco va. Y con la idea de que sus hermanos, y quizás sus papás, también puedan viajar a La Pampa”.