De las aulas a la Legislatura

La diputada sueña con que se recupere la cultura del trabajo, que “se aprende en casa y con el ejemplo. Los valores se aprenden en casa y se refuerzan en la escuela”, dice la diputada de General Acha.
Docente desde hace casi 30 años, Adriana Leher es diputada desde el 10 de diciembre del año anterior. Llegó a la Legislatura después de sumarse a Propuesta Federal, y de acercarse a Carlos Javier Mac Allister.
Antes, por el mismo espacio, había sido concejal de General Acha, y hoy es una de los tres diputados que tiene la ciudad “de la amistad”, junto a Lucrecia Barruti y Abel Sabarots.
Cuenta su historia personal, y que es “nacida en General Acha, agradecida a Dios y a la vida, feliz de pertenecer una hermosa familia, diría el populacho”. Hija de Juan y Juana, el padre militante radical y la mamá del peronismo, naturalmente produjo en Adriana alguna confusión: “No voy a relatar tiempos de campaña en nuestro hogar, que siendo chica no los entendía, pero hoy me resultan anécdotas divertidas como la de mantener el documento en un lugar secreto o esperar a papá con sólo choripán para almorzar, y cosas así”.

La vida en el campo.
Sus padres eran pequeños productores ganaderos del oeste pampeano: “Tengo tres hermanas mujeres, Graciela, Rosa y Cielo; un hermano varón Juan Alejandro, fallecido, y dos hermanos del corazón Chirola y Fortunato. Yo soy la más negra de todas… por eso algunos me llaman ‘rusa negra’, Y mi apellido es ruso. Tenemos excelente relación de hermanos; tuve una niñez muy feliz, cuando mi familia decide sumar a mis hermanos del corazón antes de nacer mi hermana menor… la familia se agrandaba. Nos mandaron a la escuela albergue de Chacharramendi”.
Adriana rememora que “en la escuela era muy traviesa y peleadora, y pido disculpas a quien hoy son mis colegas Estela Mauna y Chola Cabrera”, maestras de Chacharramendi, “por haberlas hecho renegar tanto. No obstante esa rebeldía, que conserva, era la abanderada.

Corte y confección.
La mamá era profesora de corte y confección “y nos enseñó a todas también ese oficio. Después de la merienda teníamos una hora de clase con ella, hasta que papá me mandara a encerrar las lecheras. Sé de la vida de campo, de la vida de trabajo, por eso no soporto tanta inacción en la gente”, casi se fastidia. “Hoy para muchos es más fácil salir a pedir que generar, salir a pedir que adquirir un oficio para ganarse el sustento”, agrega.
Cuando debió iniciar el secundario se fueron a General Acha: “Mi paso por el secundario fue desapercibido por los docentes y directivos en su mayoría, no era una persona de apellido, era hija de gente común, mis padres no eran profesionales, pero tampoco nunca dijimos que mis papás tenían campo para que no nos pidieran nada”, se ríe.
No obstante en el colegio se sintió “compensada y acompañada por un grupo muy valioso, y tuve en mis compañeros un grupo de amigos de hierro, con quienes hoy tengo excelente relación. Aunque a veces no nos vemos siempre estamos cuando nos necesitamos o para compartir los mejores momentos, si bien el grupo se componía por los del campo y los de la ciudad, yo era el nexo entre ellos y me llevaba muy bien con los dos”, completa.

La familia.
“Casi a los 15 conoció a su compañero de ruta, “mi Negro Julián Mora… anduvimos cuatro años de novios y hoy hace 31 que estamos casados. Tenemos dos hijos, quienes me dieron el mejor título que la vida te puede dar, el de mamá de Lucas y Pame… los dos solteros y viven en Santa Rosa. Lucas hace sonido para eventos ‘Bandu Sonidos’; y Pame está próxima a recibirse de contadora”.
Un momento triste de su vida fue cuando falleció papá Juan, “el dolor más grande después del de mi hermano. Me decidí a meterme en política para participar, porque no acordaba con las críticas de cocina y no soportaba cómo el gobierno generaba parásitos que vivían de las dadivas del Estado. A mí me habían enseñado que todo uno debería ganárselo para conservar su honor; no podía entender que alguien no luchara por superarse”.
“Me invitaron a participar en reuniones. Consideraba que si no era parte no iba a poder opinar sobre el manejo político y que no era ético. Así fue como estuve en una junta vecinal, obvio que conservando mi independencia, y participé como secretaria de bloque”, señala.

“Muñeca brava”.
“Más tarde estuve en Comunidad Organizada porque se me dio la posibilidad de seguir siendo independiente. Porque siempre digo que no me caso con nadie… que ya me casé con mi negro Julián”, su esposo.
Pero en Comunidad Organizada reconoce que no tuvo buena relación con el líder del partido,”porque él no aceptaba opinión de los demás y me fui. Se me presentó la oportunidad de participar de una propuesta superadora e integré la fórmula con Javier Mac Allister, con quien congeniamos muy bien. Ahora estoy en un partido de consenso, en el que me siento parte y respetan mi opinión, y soy Cambiemos Propuesta Federal”.
Adriana Leher sostiene que Mauricio Macri “es nuestro líder y necesita de nuestro acompañamiento, no de nuestra obsecuencia, y nos valora y nos hace partícipes, y manifiesta una política de consenso”.
Indica que el gobierno nacional “escucha los reclamos de los pampeanos y de hecho es a la provincia que más ha ayudado. Si al gobierno nacional le va bien, a La Pampa le va a ir mejor. Nuestro país es un rompecabezas, donde todas las piezas deben estar unidas para conformarlo, y considero que los funcionarios pampeanos hacen este mismo análisis y ya lo manifestó el ingeniero Verna cuando expresó que va a acompañar al gobierno nacional”.

Una docente exigente .
La legisladora se refiere a su condición de docente, donde dice que enseña “el poder de la palabra. Las decisiones de mis alumnos tenían que ser propias de cada uno, la libertad de elección como forma de crecimiento… siempre tuve buen vínculo con los adolescentes”.
Dicen que es exigente en el aula. “Es la única forma de querer lo mejor para ellos: disfruto el compartir y más aún el debate con ellos, predico la cultura del trabajo y que querer es poder. Lamentablemente el despojo de la cultura del trabajo hace que hoy a quienes no le gusta el laburo, representados por gremios reclamen dádivas cuando no dan nada a cambio. La corrupción, el facilismo y la falta de compromiso de la década pasada ha dejado como saldo un grave problema cultural sumado a esto el genocidio de la droga. Debemos rever y recomponer lo que llevará tiempo”, dijo.
“Pero nada está perdido si tenemos la voluntad de colaborar, con el mismo objetivo de salir adelante. Mi padre diría ‘no está muerto quien pelea’, y mamá dice ‘si precisas una mano acuérdate que tengo dos’. Y ella tiene hoy 80 años, y esos valores uno los mama desde la panza”, cierra.