Donó 500 piezas de valor arqueológico al museo

LAS TENIA EN SU CASA DESDE LA DECADA DEL OCHENTA

Carlos Ponce hizo entrega de objetos manufacturados en piedra por los pueblos originarios que habitaron la localidad de Casa de Piedra. Los halló mientras trabajaba en la villa pampeana. El material tendría entre 6.000 y 7.000 años de antigüedad.
WINIFREDA – El winifredense Carlos Ovidio Ponce, más conocido como “Sosa”, donó al Museo de la Comunidad local una colección de 500 objetos arqueológicos manufacturados en piedra por los pueblos originarios que habitaron la localidad de Casa de Piedra, ubicada en el extremo sudoeste de la provincia. Las piezas fueron halladas por el vecino en la década del ochenta cuando trabajaba en la villa pampeana y desde entonces estaban en su poder.
El material fue exhibido al público por primera vez el sábado durante la celebración de un nuevo aniversario del museo, propiedad del municipio, y la presentación del tercer número de la revista de la entidad desde su reaparición en 2016. Un artículo publicado en ese ejemplar por la antropóloga winifredense, María Laura Fuchs, revela que Ponce, de profesión policía y actualmente jubilado, a principios de 1982 fue trasladado desde esta localidad a Casa de Piedra donde permaneció hasta 1983. En esos tiempos, en la villa vivían unas 300 personas y se estaba construyendo el dique.
“Sosa” se hace amigo de Maximiliano Rolan, quien le enseña la zona y los distintos restos materiales que los antiguos habitantes del lugar habían dejado a la vista de todos. A partir de esa amistad, Ponce salía diariamente a recorrer distintos lugares en busca de esos materiales que tanto le llamaban la atención, explorando lagunas, médanos y repositorios de agua que sirvieron para los asentamientos indígenas. Fue así como recolecta puntas de flechas, bolas de boleadoras, cerámicas, lascas, morteros, manos de morteros, raspadores, perforadores hasta madera petrificada.

Casa de Piedra.
En ese mismo momento, en Casa de Piedra, se encontraba el arqueólogo Carlos Gradín, realizando excavaciones, que fueron encomendadas por el Gobierno de La Pampa con el objeto de salvar todos aquellos vestigios que quedaron de las comunidades primitivas que vivieron en el pasado en ese lugar antes de inundar la zona con el agua del embalse. Llevaba, además, el encargo de que todo lo recolectado pasara a ser propiedad de la Provincia para su estudio. Uno de los ayudantes de Gradín era Rolan.
Con el tiempo, Gradín toma conocimiento de que “Sosa” tenía muchos materiales arqueológicos. El vecino negaba esa información por temor a que le quitaran su preciado “tesoro”, hasta que un día el arqueólogo se presenta en su casa y no le queda más remedio que mostrárselo. Sorprendido por la cantidad y la calidad de los objetos, Gradín le dice que no le va a “quitar nada” porque se trata de material que se levantó en la superficie.
“Cuídalo porque tenés un mini museo”, le dijo antes de retirarse. “No excavé nada, todo lo encontré en la superficie, estuve en 35 asentamientos y rescaté unas 500 piezas. Estimamos que tienen entre 6.000 y 7.000 años de antigüedad”, precisó Ponce en diálogo con LA ARENA.

“Impresionante”.
“Esta colección de material lítico es impresionante y nos permite un acercamiento para conocer cómo vivieron y trabajaron nuestros antepasados en Casa de Piedra porque estos objetos se usaban para cazar, recolectar frutos, leñas y demás tareas en una zona bastante áspera para vivir. Es muy bueno que la tengamos acá para que la conozca la comunidad”, indicó Fuchs.
La mujer anticipó que este material será registrado en el área de Patrimonio del Archivo Histórico Provincial. Ponce aseguró que nunca pensó en vender su colección sino en dejársela a sus hijas, pero también lo embargaba la inquietud de que terminara abandonada. Por eso, decidió donarla. “En el museo va a perdurar junto a mi nombre y al de mis hijas. Quisiera que no se perdiera. Esto queda para mi pueblo, porque soy nacido y criado acá”, finalizó emocionado.
En la publicación, Fuchs destacó que el interés de Ponce por los restos materiales de valor arqueológico surge por su ascendencia indígena. Su abuelo paterno vivió en las tolderías, en el último período de la (mal llamada) Conquista del Desierto y tenía como rasgo distintivo las orejas rasgadas por usar aros de oro. Una tía de Ponce, Regina Cabral, también era indígena y residía en la zona de Santa Isabel.
“Esta historia refleja el pasado de nuestros abuelos y su vinculación con los pueblos originarios, un pasado que poco conocemos y vale la pena reivindicar. Estos restos materiales no son meras piedras con distintas formas, sino que poseen un contenido simbólico y afectivo muy importante”, concluyó la antropóloga.