El adiós a Felipe Alonso, el que jugaba “de galera y bastón”

MURIO UN CABALLERO DEL DEPORTE

De a poco se están yendo algunos que resultan íconos del deporte provincial; que trascendieron por su calidad -humana y deportiva-, y que dejan una huella que las nuevas generaciones debieran conocer.
Felipe Nery Alonso fue una figura sensacional de nuestro fútbol, que se lució vistiendo la casaca de Atlético Santa Rosa, pero que también jerarquizó la del seleccionado de la Liga Cultural. El viernes en la noche, después de soportar algunos problemas de salud, a los 81 años dejó de existir Felipe, como lo conoció todo el mundo a lo largo de su trayectoria en el fútbol, pero también en el ámbito laboral, Aerolíneas Argentinas, donde permaneció durante 35 años.
Estaba enfermo, pero nadie esperaba un desenlace tan rápido, por lo que su deceso sorprendió a todos.
Felipe era santarroseño, y desde muy jovencito se destacó como notable futbolista que, con la número 6 en la espalda -en tiempos que en ese puesto se jugaba más en el mediocampo que en la zaga-, comenzó en el Club Independiente, cuya sede estaba cerca de su vivienda; y donde compartió equipo con los hermanos Lluch, Julio Heredia y Juan Alejo Suárez Cepeda, entre otros.
Allá por 1956 el Club Atlético Santa Rosa logró su pase, y pasó a ser una de las figuras más destacadas del albo, en el que se consagró campeón en dos torneos consecutivos, 1960 y 1961. Ese equipo estaba integrado por Juan Carlos Alou; el Flaco Valverde y Néstor Marusich; Miguel Saos, Jorge Salas y Felipe Alonso; Pechito Escudero, Cacho Peralta, Quico Loyola, Pirulo Cardoso y Jorge Furriol. También tomaron parte en esa época “Quite” Loyola, “Hormiga” Durán y El Negro Vitale. Fueron tiempos de un Atlético glorioso, que aportaba sus figuras para los seleccionados de la Liga Cultural, y obviamente Felipe resultaba irremplazable.

Talentoso y buena gente.
Los que lo vieron lo definen como hábil pero sobrio en la cancha, y que dotado de cierta galanura no necesitaba pegar una patada para marcar al adversario. Algún exagerado llegó a afirmar que cuando entregaba la pelota con su zurda lo hacía con tanta categoría que el receptor “podía leer” la marca del balón, porque ese pase resultaba de enorme precisión. Además de todo tenía un físico privilegiado, era un cabeceador formidable, y podía decirse que conocía todos los aspectos del juego.
Era tan noble para jugar que alguna vez El Vasco Rincón -integrante del clásico rival, All Boys-, supo contar que respetaba tanto a Felipe que lo enfrentaba con cierto pudor, con un poco de temor, y que el día que le tocó debutar en primera era el mismo Alonso quien por lo bajo le decía: “¡Jugá pibe, no te achiqués!”, lo que pintaba de cuerpo entero al gran Felipe.
“Era un hombre de gran temple al que nunca vi enojarse con nadie; ni con un compañero, ni con un rival. Un dato curioso es que, aún cuando tenía gran ascendiente sobre el resto, nunca quiso ser capitán del equipo”, contó recientemente Antonio “Cacho” Peralta.

Después del fútbol.
Una vez alejado del fútbol volvió alguna otra vez como espectador a una cancha; pero se fue alejando paulatinamente. Anduvo un poco con la pelota a paleta; y sí se prendió con ganas en el paddle, actividad que desarrolló por algún tiempo con buen suceso.
Trabajó toda su vida en Aerolíneas Argentinas, hasta su jubilación, y allí compartió tareas con otros dos grandes jugadores de nuestro fútbol, como fueron Pirulo Cardoso y Jorge Furriol, con los que también compartió los colores del albo y los del seleccionado culturalista.
Últimamente su salud se fue deteriorando, pero nada hacía prever el desenlace que se produciría en las últimas horas del pasado viernes. Ese día hubo un festival de boxeo en el gimnasio de Fortín Roca, y al anunciarse su fallecimiento por los micrófonos, un cerrado aplauso fue el tributo de muchos que lo conocieron.
Su deceso enluta a su familia, que componen su esposa Hilda Rodríguez; sus hijos Jorge, Carlos y Pablo; y sus nietos Nery, Matías, Daiana, Marianela, Guadalupe, Mercedita, Cintia, Alexis y Camilita; además de un amplio círculo de amistades.
Se fue un grande, un caballero del deporte… y de la vida. (M.V.)