El castillo del Parque Luro no es blanco

ADVIERTEN SOBRE LA CONSERVACION DE MONUMENTOS HISTORICOS DE LA PROVINCIA

Vocales de la Comisión Nacional de Monumentos advirtieron sobre el estado del casco y las condiciones de conservación. También sugirieron algunos detalles para mejorar su comprensión histórica.
La última vez que pintaron el Castillo del Parque Luro fue en el año 2007. Blanco para las paredes exteriores e interiores, verde inglés para el techo y las aberturas. Una década después, los muros están descascarándose y en algunas habitaciones asoman grietas, manchas de humedad. Pero también quedan al descubierto algunos detalles que permanecían ocultos debajo de las capas superpuestas de pintura látex: el verdadero color del casco que comenzó a levantarse en 1910 por orden del Pedro Olegario Luro no es blanco sino de un color que imita a la piedra París, un beige claro.
Antes de que la casona fuera “restaurada” en los años 90, las paredes también tenían una textura más bien rugosa y no lisa como lucen ahora.
“Es importante volver a ese color, a esa textura. Y no solo porque se está alterando el patrimonio sino también porque se está desconociendo la historia de los hombres que hicieron esta obra. Lo más probable es que estas paredes hayan sido revestidas por estucadores italianos, los especialistas en la técnica de imitar la piedra francesa. Eso pone a la obra en un contexto”, dice Fabio Grementieri, arquitecto y vocal de la Comisión Nacional de Monumentos, Lugares y Bienes Históricos, organismo que hace 20 años (el 16 de mayo de 1997) declaró el lugar como Lugar Histórico Nacional.
Grementieri y Juan Vacas (arquitecto pampeano radicado en Buenos Aires, vocal de la Comisión) recorrieron el Castillo y advirtieron qué cosas deben tenerse en cuenta para resguardar el sitio y mejorar la accesibilidad y difusión.

La casa y los dueños.
La obra pensada por Luro para darle alojamiento a cazadores y nobles extranjeros nunca pudo ser terminada. El proyecto colosal se quedó a mitad de camino y 1916 el casco del coto de caza entró en decadencia. Recién en 1930 el noble español Antonio Maura compró la casona y la reformó. Muerto Maura, en 1965 el gobierno de La Pampa se hizo cargo del lugar y en más de una oportunidad la casa fue objeto de “restauraciones”.
Una de las principales críticas de los arquitectos fue que el relato museográfico no permite ubicar temporalmente y de manera sencilla cada una de las reformas que se le han hecho al castillo. Para esto sugirieron que, en el caso de hacer nuevos folletos explicativos, se tengan en cuenta distintos colores para advertirle al visitante/turista qué es lo que está viendo y cuándo se construyó.
Lo mismo ocurre con el mobiliario: algunos objetos que hay dentro del castillo pertenecieron a los Luro, otros a los Maura, y los restantes fueron adquiridos por el gobierno para ambientar el lugar con la atmósfera de principios de siglo pasado. En la sala principal, por ejemplo, hay un piano vertical negro que no perteneció a ninguno de los antiguos ocupantes pero que está allí porque intenta recrear el ambiente de Pedro Luro, a quien le gustaba tocar ese instrumento.
Si bien los bienes están inventariados, el visitante no llega a saber a qué época pertenecen y por quiénes fueron utilizados. Los conocedores de la historia del lugar sostienen que en distintas épocas, el lugar fue saqueado y que el mobiliario original se lo llevaron casi por completo. Algunas aberturas ya no existen.

Explicar contexto.
“Los pampeanos tienen que saber que su patrimonio no está solo y que forma parte de un sistema nacional”, señaló Grementieri, después de haber encontrado en la sala de fotografías, un bono de la Ciudad de Invierno a nombre de Luro.
¿Qué fue la Ciudad de Invierno? Una mansión hotel ubicado en Empedrado, Corrientes, pensada a principios del siglo pasado para que los ricos porteños y los europeos que visitaran el país puedan descansar. El lugar se inauguró en 1914 pero fue abandonado cuando se inició la Primera Guerra Mundial y demolido años después.
“Es interesante leer el Parque Luro dentro de un contexto. Esta iniciativa que fue armar un coto de caza para europeos en el medio de La Pampa no era la única en el país, ocurrió en Empedrado, ocurrió con el Club Hotel Sierra de la Ventana (inaugurado en 1911 y clausurado en 1920, reducido a ruinas por un incendio en 1983). Todos estos lugares hablan de una época y deberían poder trabajarse en conjunto, en un relato más amplio que los incluya a todos”, agregó Grementeri.

“No se trata de gusto”.
La Casa de Gobierno de Santa Rosa es un ícono de la arquitectura brutalista, estilo que tuvo su auge entre los 50 y los 70 y que se inspiró en el trabajo del arquitecto suizo Le Corbusier. El estilo tiene como premisas el uso de hormigón crudo, las geometrías angulares repetitivas, los materiales estructurales expuestos al exterior, entre otras.
Hace dos años una maqueta de la Casa de Gobierno fue expuesta en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA). La recreación de la obra de Clorindo Testa había sido construida por encargue en Miami para integrar “Latin America in Construccion” una muestra que reúne piezas de la mejor arquitectura latinoamericana posterior a los años 50.
Grande fue la sorpresa del arquitecto Grementieri cuando vio que el color verde del hormigón y el rojo de los ladrillos originales en la obra de Testa, habían sido tapado por el color blanco y el amarillo que actualmente (y desde hace décadas) recubren la Casa de Gobierno.
“Es grave lo que se ha hecho, porque aquí no estamos hablando de una cuestión de gusto. La obra fue concebida de una forma y debe respetarse. El Centro Cívico se estudia en las universidades y hay una investigación detrás de todo el trabajo de Testa. Cada una de las modificaciones internas que le han hecho debería haber sido consultada. Debe haber un criterio para intervenir”, señaló el vocal de la Comisión de Monumentos.