El ex futbolista Víctor Nicollier, en su hora más difícil

“No se vuelvan locos… estoy bien. ¡Dios los bendiga!”. Y sobrevendrá después de esa frase una sonrisa suya, y otra de su esposa Viviana, para despedir al cronista y al fotógrafo. Cualquiera diría que se trata de un matrimonio que anda por allí disfrutando de todos los placeres, que la vida les sonríe y no tienen motivos para quejarse. Porque eso es lo que muestran ante el visitante que llega a saludar a ese pequeño espacio que ocupan ambos en una clínica local hace 79 días.
“No se vuelvan locos…”, nos dice a los que vamos apenas algunos minutos a verlo, en esa habitación en la que está hace casi tres meses, encerrado, con una única ventana que da al exterior.
Es raro verlo ponerse serio, aunque los problemas se le van acumulando y todo indica que -por ahora, y desde donde está-, no podrá resolverlos. De igual modo aparece esa mueca que se dibuja en su rostro, porque vive aferrado a la palabra de Dios, “y a la Biblia”, y allí encuentra el refugio y las fuerzas para seguir.

Escasos recursos.
Es verdad que no le importa nada lo material. Pero también es cierto que aún para las cosas más elementales se necesita disponer de recursos que ahora el ex futbolista no tiene. No lo dice él, pero sí Viviana: “Tiene una jubilación, la mínima, pero se le va en un crédito que tuvo que sacar en un momento y en otra cuota, así que nos arreglamos como podemos”, dice la mujer, que también muestra una entereza que, probablemente, reconoce la misma fuente de energía: Dios, sus creencias religiosas.
¿Pero alcanza? Seguramente para el común de los mortales aparecería como una situación imposible de soslayar, y difícil de superar. Pero ellos siguen luchando, aunque no la tienen fácil… ¡qué va!
Víctor Nicollier, el goleador de los botines marrones, el “Nicogol” de tantas tardes futboleras gloriosas, no obstante aquella expresión de bienestar, no la está pasando bien.

Un calvario.
Una de estas mañanas, cuando llegamos a visitarlo estaba uno de esos amigos que nunca se borran, que están cuando se los necesita… Marcelo “Cachete” Miranda, aquel jugador de varios equipos de fútbol de la zona va cada día a dar una mano, a ayudar en lo que se pueda en esa habitación n° 4 del establecimiento asistencial ubicado sobre calle 1° de Mayo, frente a las vías.
Cuatro veces lo operaron de la cadera, y problemas de profilaxis impidieron que quedara bien. Por el contrario -después de haber vuelto a jugar al fútbol, luego de una de esas intervenciones quirúrgicas- el problema se fue agravando. La última vez una infección afectó la zona y obligó a retirar la prótesis, y allí regresó el calvario al que hoy está sometido.
Después de haber realizado distintos trabajos, más allá del fútbol, -fue portero en alguna escuela, empleado del Ministerio de Trabajo, y tuvo un pequeño comercio-, se consagró junto a Viviana a predicar el Evangelio. A eso dedicó casi todas las horas de su vida, en tanto subsistían con la fabricación de vasos -cortando botellas de vidrio- en forma artesanal. Lo importante, para ellos, era su tarea misionera, ayudar con su oración donde se lo requirieran… lo material importaba menos.

Algunos amigos.
“Nico” tiene ahora que esperar que desaparezca la infección, y el médico David Sardi prefiere tenerlo cerca para seguir su evolución. Viviana directamente se instaló en el mismo cuarto de la clínica y lo cuida todo el tiempo. “Salvo cuando tengo que ir a ver cómo está mi mamá… que tiene 88 años y también necesita que esté atenta. Ella vive a cuatro cuadras de nuestra casa (Alemania y Chaplín)”, agrega.
Y sostiene Nico: “No me queda otra que esperar… Algunos amigos vienen, como Juan Carlos Carasay (el periodista), Ricardo Pissaco… al principio también vinieron El Ruso Vasilchik, Daniel Parisi y el Chileno Palacios”, puntualiza. “También hace poco me llamó Pablo Scamporrino (ex compañero en Ferro de Pico, hoy en Buenos Aires)”, señala.

“Vengan a verme”.
Se sabe que otra persona que “Nico” no conocía, se apareció con un sobre con alguna ayuda económica. “Es el doctor Los Arcos Vidaurreta”, lo identifica Víctor, aunque el ex juez no tenía ningún interés en que su nombre se difundiera.
Los celulares de Nicollier y el de su esposa son (2954) 531451 y 497335, y “está disponible para todos los que quieran llamar”, apuntan.
“Vengan a verme… me hace bien”, pide Víctor en el final. “¡Cuidate! Dios te bendiga”, dice. Como si su sufrimiento importara menos que los problemas de todos los demás… Porque a pesar de todo, e increíblemente, eso es lo que siente… (M.V.)

Una mano para el ex goleador
El ex goleador de Atlético Santa Rosa y Ferro Carril Oeste de General Pico, Víctor Nicollier, fue operado hace algunos años por sus inconvenientes en la cadera y hoy está internado por el mismo problema.
“El PAMI nos denegó el traslado a Buenos Aires; pero ahora parece que están revisando eso”, cuenta brevemente.
“Nicogol”, de 60 años, fue intervenido por cuarta vez en la cadera por un problema de vieja data que aún no ha podido resolver, a tal punto que en los últimos tiempos le impedía caminar debido a que la prótesis estaba floja y le había generado una infección.
El ex jugador -que brilló en la década de los ’80-, hoy está necesitando de todos, de aquellos que supieron admirarlo por el futbolista que fue, pero sobre todo por aquellos que lo quieren por la persona que es.
Supo enfrentar en una cancha de fútbol al Secretario de Deporte de la Nación, Carlos Javier Mac Allister; también compartió algún equipo en nuestra zona con Daniel Martínez, el médico del seleccionado nacional. Y hubo muchísimos más que compartieron con el “Nico” un campo de juego, o que alguna vez gritaron desaforadamente uno de sus tantos goles. Hoy, este hombre bueno -que eso es- necesita que le den una mano… lo merece, por haber sido un deportista ejemplar… pero sobre todo por buen tipo.
En breve, el 9 de septiembre, el Club Atlético Santa Rosa -que tanto disfrutó con sus corridas y sus goles- hará una cena homenaje a los campeones del ’92, y también a quienes jugaron el torneo Nacional en el equipo que Víctor integraba. Quizás sea el momento de ver de qué manera se puede colaborar con “Nico”, que a pesar de todo quiere estar presente esa noche, “si el médico me deja”, completa.

La ventana, único contacto
Hace tres meses Víctor Nicollier permanece encerrado en una piecita del Polimedyc de tres por cuatro, con un pequeño baño para completar el escenario donde se puede decir que con su esposa Viviana pasan cada jornada, cotidianamente, desde hace 79 días.
Una pequeña ventana es su contacto con el afuera. “Sí, es mi única comunicación con el mundo exterior”, dice siempre con esa sonrisa que le juguetea todo el tiempo en la cara. Por esa pequeña abertura apenas si se puede ver un tapial blanco, una arbolito que crece lentamente en ese patiecito interno, y el cielo azul que más que verlo se adivina…