El hielo del Mont Blanc, una mina de información sobre el clima

La idea de almacenar muestras de glaciares en la Antártida puede parecer estrafalaria. Y sin embargo es el objetivo de un equipo de investigadores, que en agosto extraerá hielo del Mont Blanc amenazado por el calentamiento global.
“El hielo es un pozo de información”, explica a la AFP Jérôme Chappellaz, director de investigación en el Laboratorio de Glaciología y Geofísica del Medioambiente (LLGE) de Grenoble, en el sureste de Francia.
Y es que con sus burbujas de aire y sus impurezas, los glaciares atesoran información valiosísima sobre las condiciones atmosféricas de hace siglos o incluso miles de años.
Así es como los glaciólogos han podido establecer el vínculo entre las temperaturas y los gases de efecto invernadero. En los glaciares del Mont Blanc, los investigadores podrán estudiar en particular la evolución de la contaminación o de la actividad industrial a nivel europeo a lo largo de unos cien años.
Ejemplo de esa información almacenada en el hielo, apunta Chappellaz, es el pico de cesio 137 detectado en abril de 1986, tras la catástrofe de Chernóbil.
En total, unos doce especialistas franceses, italianos y rusos pasarán varios días a 4.300 metros de altitud en un macizo de los Alpes franco-italianos para extraer tres barras de hielo de 140 metros de largo.
Esas muestras, de varias toneladas, serán depositadas en cajas aislantes. Una de ellas será analizada en el laboratorio de Grenoble para constituir una base de datos abierta a todos los científicos.
Las otras dos muestras irán a la base franco-italiana Concordia, en la Antártida, hacia 2019 y 2020.
En la primera mitad de 2017 está prevista otra operación similar en el glaciar boliviano de Illimani, a 6.300 metros de altitud, en condiciones mucho más difíciles.
El objetivo es conservar durante siglos “la memoria del hielo”, una “materia prima” extremadamente valiosa para los científicos.

Carrera contrarreloj .
Chappellaz apunta a la posibilidad de detectar muchas cosas más en el hielo dentro de varias décadas gracias al desarrollo tecnológico. Y señala como pista de trabajo la posibilidad de investigaciones futuras sobre las mutaciones de los virus o las bacterias, atrapados en el hielo.
La dificultad está en que los glaciares evolucionan y se funden tan rápido que los situados a menos de 3.500 metros de altitud desaparecerán antes del final del siglo XXI en los Alpes.
En los Andes, el glaciar de Chacaltaya, en Bolivia, situado a 5.300 metros, desapareció en 2009.
“Este año se fundió hielo a 6.000 metros de altitud en el Illimani, a causa del fenómeno de El Niño”, destaca Patrick Ginot, del Instituto Francés de Investigación para el Desarrollo, y uno de los promotores del proyecto.
Dentro de cincuenta años, “tendremos tal vez las herramientas necesarias para analizar, pero puede que ya no tengamos las muestras de hielo”, teme Jérôme Chappellaz.
En los diez años próximos, los glaciólogos esperan extraer unas veinte muestras de todos los continentes. El conjunto de éstas se conservará en una cueva de nieve en Concordia, “un congelador natural a -50°C”, a salvo de averías eléctricas. (AFP)

Compartir