El hombre de los más de mil asados

A sus 36 años, Martín Videla alcanzó una marca muy particular, superó los más de mil asados. La actividad le permitió conocer mucha gente, y una especial amistad con el reconocido cantante de tango Fernando Soler.
No fue una mera casualidad el hecho de haber heredado el nombre de su abuelo, ya que Martín Lucero no solamente fue su referencia y uno de los pilares fundamentales, sino que también marcó su camino en la vida.
Desde ese entonces siempre acompañó a su abuelo, quien ejerció la profesión por 52 años. Así aprendió sus secretos a la hora de hacer asados de todo tipo, además del empleo de disímiles métodos.
Quizás la especie de ritual que hay detrás de cada fuego, de cada asado, fue lo que lo atrapó. Es que en la previa, nunca faltan las rondas de mate, una picadita, y por qué no algún que otro trago. Al igual, que el relato de anécdotas o chistes, de alguno de ese grupo de amigos o de la familia, que suele rodear el tradicional fuego que calienta la parrilla o el asador.

Legado.
Nunca imaginó que hoy, a sus 36 años, ese haya sido el condimento especial para que abrazara el legado que su abuelo dejó. Atrás quedaron las enseñanzas y los sabios consejos de esa persona especial que, por cosas de la vida, hace tres años ya no lo acompaña. Ahora, toma sus herramientas de trabajo, entre las cuales se encuentra un manojo de pinches de alambre hechas por las propias manos de su abuelo, que atesora como una reliquia, y emprende viaje hacia diferentes puntos cardinales, donde haya una fiesta o evento.
Junto a él, suelen ir su hermano mayor Carlos, y Mariano, el menor de los Videla. También lo hacen una decena de amigos que hizo por otro de sus amores, las carreras de autos. Aunque aclara que su equipo lo acompaña en aquellas fiestas populares donde debe asarse muchos kilos de carne. Su emprendimiento lleva el nombre de “Don Martín, el Asador”, en honor a su abuelo.
Asegura que el evento de mayor importancia en el que ha trabajado en sus 15 años de actividad, es la Fiesta Provincial del Puestero del Oeste Pampeano, que anualmente organiza el centro tradicionalista junto a la comisión de fomento de La Reforma.

Costillares.
Allí, relata que se hacen 120 costillares, y entre 1.500 y 2.500 chorizos. Es un desafío permanente debido a las características propias del oeste provincial, donde predomina el viento. “Lo más importante es mantener regado alrededor de la carne, para evitar que se llene de tierra. El año pasado la pasé feo, porque hubo mucho viento y el calor sólo llegaba a una parte de la carne, pero por suerte el abuelo me iluminó desde el cielo y pude encontrarle la vuelta para que todo saliera de diez”, confesó Martín, y aseguró estar muy agradecido por toda la gente que hace muchos años contrata su servicio.
Cuando debe asar esa cantidad de costillares, explica que inicia el fuego a las 8.30. Lo hace de a poco, a medida que va poniendo los costillares, porque una vez que el fuego agarra, es tan alta la temperatura que es imposible manipular los asadores. “A las 11.15 ya estamos cortando el primer costillar para comprobar si está a punto. El calor siempre tiene que darle más a la parte del hueso, porque si llegase a pasarse del dorado que queremos, no afecta el gusto de la carne. Pero si sucede lo contrario, se corre el riesgo que la carne se seque o pierda su sabor, lo que sería un desastre. Después, como bien decía mi abuelo, cuando está el asado, se tiene que comer”, dijo.

Nostalgia.
Con nostalgia recordó cuando hace ocho años, ya de regreso de la fiesta de La Reforma, su abuelo le dijo delante de Isidora (abuela), “bueno nieto hasta acá llegué, ya podes largarte solo, estás preparado”. Desde ese entonces, se hizo los asadores y las parrillas que necesitaba para continuar con la profesión de su abuelo.
Una de las cosas más importantes a la hora de hacer un asado, es elegir qué tipo de leña se va usar. Explicó que “la leña de caldén ayuda cuando se hace en asador, pero no sirve para la parrilla. En cambio, la que es muy buena es la de algarrobo, ya que hace una buena llama y deja mucha brasa; a diferencia del piquillín, que hace buena brasa pero no tanta llama. Otra que he usado y es buena, es la raíz del alpataco”. El tema de la leña no es un dato menor. Lo propio ocurre con la elección de usar el asador o una parrilla, porque la carne obtiene el gusto según lo que se utilice, concluyó.

Una amistad especial.
En relación al número de asados que lleva hechos, manifestó que son poco más de mil. “Esa cifra abarca, como sé decir, un popurrí de carne. Desde vaca con o sin cuero, a corderos, chivos, lechones y chorizos, entre otros cortes”, manifestó.
Otra de las satisfacciones que le ha dado su profesión es el haber hecho muchas amistades, además de haber conocido numerosos lugares. Una de ellas, que Martín destaca con cierto orgullo, es la que mantiene desde hace años con el reconocido cantante de tango Fernando Soler, quien además es dueño de Señor Tango en Ciudad de Buenos Aires.
“Desde que lo conocí, he tenido la suerte de viajar a San Martín de los Andes para hacerle asados a su familia y amigos que suele hospedar en la cabaña que posee en ese hermosa ciudad. Lo mismo, he hecho en Buenos Aires”, expresó.
El achense sostiene que posee una deuda con su amigo Fernando Soler, la cual justamente es demostrar toda su destreza en Señor Tango. “La verdad que es una cuenta pendiente, que espero poder saldar pronto”, añadió.
Pero Martín no sólo se dedica a hacer asados, también colabora con su tío Juan Carlos Lucero, otro de sus pilares de su vida, en el comercio Automotores Repuestos. Tal es así que el 9 de julio, cuando cumpla sus 37 años, también llegará a los 25 años de trabajo.
“Debo agradecer el tío que tengo, porque cada vez que debo salir a realizar asados, nunca me puso un ‘pero’. Siempre me apoyó, porque sabe que me gusta, y tomé la posta de lo que su padre hizo por muchos años”, finalizó Videla.