El lado humano y sensible del “Loco”

HERNAN ABEL MONTENEGRO DICTO UNA CLINICA DE BASQUET EN SANTA ROSA

El gigante bahiense mostró su mejor cara en una jornada que tuvo deporte, charlas, risas y lágrimas. Dio algunos consejos, se divirtió con los chicos, destacó el valor de “jugar” por sobre todo y terminó emocionado. A lo Montenegro.
Escuchar hablar con ternura a un ser como Hernán Montenegro es, al menos, raro. Si hace unos años -cuando este gigante de 2,06 metros la descosía jugando al básquet y hacía locuras de todo tipo tanto dentro como fuera de cancha-alguien afirmaba que iba a terminar sacándole sonrisas a un grupo de niños y hablándoles de la parte humana del deporte, nadie le hubiera creído.
Montenegro fue -y lo será para siempre porque quedó grabado en las retinas y en los corazones de los argentinos- uno de los deportistas más talentosos que ha dado la historia de nuestro país, y quizás el más carismático de todos.
Sus giros impredecibles, sus asistencias mágicas y sus canastas imposibles fueron siempre acompañadas por gestos, gritos y miradas que lo fueron instalando como un ‘distinto’. O como un “loco”, apodo que comenzó a llevar con orgullo en 1992 y que fue alimentando con el correr de los años, para pasar a ser simplemente el Loco Montenegro.
Las vivió todas, de las buenas y de las malas. Y por eso también su figura fue tomando un aura especial, tanto para quienes lo vieron en su momento de esplendor, como para los más chicos, que supieron de su excentricidad por el relato de sus padres, quienes se esfuerzan por recalcarle a sus hijos que el básquet argentino no comenzó con Emanuel Ginóbili y La Generación Dorada.

Hipnotizados.
El Loco Montenegro fue uno de los más grandes, y así de gigantes fueron los ojos de todos los niños y jóvenes que ayer participaron de la clínica de básquet que el ex Independiente de General Pico (entre otros más de veinte equipos del país y el exterior) vino a dictar a Santa Rosa, como parte del programa de capacitaciones que está llevando a cabo la Secretaría de Deportes de la Nación.
Las actividades (que se repetirán hoy en General Pico) tuvieron lugar en el club All Boys y en el gimnasio del Colegio Ciudad, donde en doble turno el Loco interactuó con jugadores de diferentes edades, desde los de la categoría U17 hasta los del mini. Y todos, desde los más chiquitos hasta los jóvenes, quedaron hipnotizados: con la figura de Montenegro; con esos pantalones marca registrada a la altura de los tobillos; con esa voz de ogro que en su momento atemorizaba a los rivales y que hoy atrae a los niños.
La jornada, coordinada por los entrenadores de los clubes locales, consistía en un muestreo de habilidades y entrenamiento, en el que Montenegro iba aportando algunos “tips” o incluso formando parte del juego.
“¡Muy bien; muy bien!”, asintió el Loco ante un dribling y posterior canasta limpia de un rubiecito de unos diez años que, apenas escuchó la felicitación, giró su cabeza y buscó con timidez los ojos del “gigante” para que la aprobación también pasara por una mirada. Otros niños, mucho más caraduras, le sacaban una sonrisa en el otro sector de la cancha con un grito a lo Montenegro, un festejo excesivo o una falta ‘antideportiva’.
Un tapón “serio” del Loco a un pequeño que no le llegaba ni a la cadera, unos minutos de relax para levantar hasta el aro a un chiquito que insistía con encestar una pelota que era casi tan grande como él, y un grito de “¡gol!” con brazos en alto ante una canasta “desde Saturno” y sobre la chicharra (humana) en pleno juego; fueron algunos de los momentos más destacados de la tarde en el Colegio Ciudad, donde los padres acompañaban con risas y aplausos al tiempo que, celulares en mano, inmortalizaban a sus hijos con uno de los grandes.

El poder del juego.
Para el cierre Montenegro se guardó lo mejor. Reunió a chicos y grandes en un sector del gimnasio y entregó su parte más humana, esa que fue “armando” en paralelo con su carrera deportiva, con aciertos y errores que hoy puede contar para que cada uno se nutra de su experiencia.
“Lo más importante es que entiendan que el básquet es un juego, y que debe seguir siendo un juego”, insistió una y otra vez el Loco, remarcando el valor de “aprender a ganar y a perder”. En ese sentido, explicó que “la gran mayoría de los deportistas pierde más de lo que gana”, y que hay que entender eso porque “todas las derrotas enseñan”.
Además, le pidió a los chicos que desarrollen “un sentido de pertenencia” con sus clubes, porque la clave pasar por “ser parte, pertenecer”, más allá de las victorias o las derrotas.
Y antes de abrir el juego para que todos participen de la reunión, valoró el rol educador del deporte. “En la vida hay que respetar las reglas, y el deporte lo enseña de la mejor forma porque son reglas que no se imponen, que forman parte del juego y por eso se toman como tales”, señaló.
En ese momento los chicos comenzaron a preguntar; primero los más desinhibidos y luego los más tímidos, que se fueron soltando a medida que la charla se tornaba más amena. Su paso por la NBA, sus logros, sus compañeros y sus anécdotas tuvieron su lugar. Y también sus comienzos y su niñez, momento que llevó al Loco a emocionarse hasta las lágrimas.
El gigante se humanizó; el Loco todopoderoso le dio lugar al sensible; al que con una jornada de básquet y charlas le bastó para inculcar en los más chicos los valores más importantes del deporte.

“Espíritu de niños”.
Hernán Montenegro es un gigante relleno de anécdotas, de las que se pueden contar y de las otras. Ayer, los chicos le pidieron que cuente alguna, y en la etapa sensible de la charla eligió recordar su enfrentamiento con el Dream Team original, el de Michael Jordan, Magic Johnson y Larry Bird, entre otros fenómenos.
“Fue el partido más esperado de mi vida, y el que se pasó más rápido”, dijo Montenegro. “¿Y saben por qué se pasó rápido? Porque era feliz, porque lo disfruté como un juego de niños, porque estábamos cumpliendo un sueño y por un momento todos recuperamos el espíritu de niños”, destacó el bahiense.
Lo que no contó es que en ese mismo partido fue bautizado como el “Loco”, apodo que lo distinguió a lo largo de toda su carrera. Ese duelo ante los mejores de todos los tiempos se dio en el Preolímpico de 1992, en Portland, Estados Unidos, donde Argentina no logró la clasificación a Barcelona ’92.
Para esa noche, Montenegro se hizo dibujar un número 22 en la nuca, y ya en cancha hizo esforzar más de la cuenta a David Robinson y a Patrick Ewing, que debieron turnarse para defenderlo. “Esta noche, Robinson y Ewing van a soñar con el Loco 22”, dijo un relator de la cadena NBC.