El mercado de cervezas artesanales crece un 40 por ciento anual

Productores de cerveza artesanal de Mar del Plata afirmaron que el crecimiento anual del negocio ronda el 40%, que es una de las industrias con mayor proyección local y que representa un nuevo atractivo turístico de la ciudad, con la creación de varios corredores cerveceros.
La producción de 600 mil litros mensuales que se producen en la ciudad balnearia, según explicó Pablo Rodríguez -presidente de la Cámara de Cervecerías Artesanales de Mar del Plata (CCAM)- representa algo más de un cuarto de los 25 millones de litros de cerveza artesanal producidos anualmente en la Argentina y que, en este caso, se distribuyen para consumo local y nacional.
El impulso para este desarrollo en la ciudad se registró durante los últimos cuatro años, y en Mar del Plata, donde abre un nuevo bar cervecero cada dos meses, funcionan actualmente 40 cervetecas, de las cuales el 40% posee una línea de producción propia.
La presencia de este tipo de locales en la oferta gastronómica se destaca como un nuevo atractivo turístico, que logró llamar la atención de los visitantes a la ciudad.
Los productores lo saben y doblan la apuesta ya que el objetivo para 2017, explicaron desde la CCAM, es mantener ese ritmo de crecimiento.
“Somos conscientes que la oferta, por el acelerado desarrollo de nuestra producción, va más rápido que la demanda. Por eso tratamos de alimentar este mercado y generar acciones promocionales como visitas a fábricas cerveceras, talleres sobre procesos productivos y control de calidad, o cursos de somelier”, explicó Rodríguez, quien además de liderar la cámara cervecera local es socio fundador de Antares, la firma que inició este camino habilitando su primer negocio en 1998.

Crecimiento exponencial.
Este tipo de acciones parecen haber rendido frutos en la ciudad: mientras en la Argentina el consumo de variedades artesanales de cervezas representa el 1,8% del volumen total, en Mar del Plata ese mismo índice asciende al 8%.
Como punto comparativo a nivel internacional, Rodríguez explicó que en los Estados Unidos ese índice llega al 14%, por lo que se considera que puede existir un crecimiento exponencial del mercado nacional.
El 20% de los locales gastronómicos marplatenses ofrecen exclusivamente cervezas artesanales, y todos lograron derrotar al peor enemigo del rubro: el invierno.
“Pese a que el sector gastronómico atraviesa una crisis importante, ningún bar de cerveza artesanal cerró”, explicó Rodríguez.
Según los productores, este fenómeno tiene que ver con la calidad: “Ofrecemos un producto bueno y distinto, y descubrimos que una vez que el cliente se acostumbró a esta calidad, no quiere cambiar ni bajar en la calidad de producto que consume”, explicó Federico Cheverry, otro referente del rubro y creador de varios estilos premiados internacionalmente.
Esa búsqueda de calidad derivó en nuevas variedades, y permitió que algo que había nacido como una producción de garaje alcanzara una escala industrial.
“Costó hacer entender a los políticos y al público que esto es una industria dinámica, genuina, con mucho valor agregado, con más de 1.000 puestos de trabajo directos. Pero hoy se nos acercan las autoridades, los bancos y las universidades porque ven el potencial”, agregó Cheverry.

Rutas cerveceras.
Actualmente existen tres rutas cerveceras en distintas zonas de Mar del Plata: Alem, Güemes e Yrigoyen; y en Buenos Aires ya hay agencias de turismo que ofrecen recorridos cerveceros con visitas a bares y fábricas.
En su objetivo de ampliar la demanda, los productores diseñaron canales de venta alternativos. En muchas reuniones privadas -cócteles, cumpleaños, casamientos- se hizo habitual la compra de barriles de cerveza artesanal de 20 ó 30 litros, que complementan bebidas históricas como vinos y aperitivos.
La estrella del momento, en lo que tiene que ver con la distribución, es el botellón: Cada cliente puede comprar su propia botella recargable de 1,9 litro, y llenarla cada vez que quiera en los locales que ofrecen el servicio.

“Costó que el público nos aceptara, pero ahora llegamos a su heladera. Esto no es una moda: es un cambio cultural”, concluyó Cheverry. (Télam)

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