El orgullo de ser una madre adoptiva

María Alonso atravesó 12 tratamientos de fertilidad con resultados negativos, porque sufre de infertilidad. Hasta que llegaron tres hermanos santarroseños para conformar la familia “de los Robles”. “Doy la vida por mis hijos”, asegura Laly.
Para María Eliana “Laly” Alonso hoy no será un día más. Atravesó 12 intentos de fertilización con resultados negativos y dos años posteriores donde con su marido, Sebastián Robles, decidieron no hablar “más del tema”. Después se anotaron en el Registro de Adoptantes. Y hace tres años la llamarán desde Santa Rosa para transmitirle que tenía la posibilidad de adoptar, pero rápidamente le aclararon: “Son tres hermanos de 2, 5 y 6 años”.
Thiago, Dalila y Andrea un 26 de febrero llegaron a su casa en Eduardo Castex. Y hoy podrá festejar el Día de la Madre. “Me considero una madre. Ellos saben que son adoptados, pero para mí, soy la madre. La adopción es algo tan maravilloso porque nos permite cumplir el sueño de ser padres. En mi caso doy la vida por mis hijos como la madre que los tuvo (después de un embarazo)”, aseguró Laly.
“Una madre no se puedo hacer cargo y se los entregó a alguien que tenía muchos deseos de ser madre. Y con ellos nos teníamos que encontrar, porque ellos nos buscaban y nosotros los estábamos buscando a ellos”, narró.
“Y en estos días algo están tramando, porque andan con muchos secretos con el padre, así que algo para el día de la madre me están preparando”, dijo risueña.
Este será el primer día de la madre donde los tres hermanos santarroseños ya tienen en sus DNI el apellido Robles. Y los niños ya se encuentran totalmente integrados a la comunidad castense: concurren a actividades físicas, se los puede observar en misa y en actividades sociales. Y siempre “Laly” y Sebastián, los estarán acompañando.
“El primer día de la madre fue muy movilizador. La imagen que me quedó fue las caritas de ellos tres deseándome un feliz día de la madre. Fue maravilloso porque siempre lo había soñado, pero con el paso del tiempo todo es más intento y se disfrutan más las cosas”, destacó la entrevistada.
“Laly” es docente y su marido bioquímico. Junto a Thiago, Andrea y Dalila los 26 de febrero festejan “su” día de la familia. Ese día, hace tres años, llegaron los hermanitos a la vivienda de “los Robles”. “Estas fechas son muy emocionantes porque podes cumplir el sueño que siempre tuviste, y eso hace olvidar los dolores anteriores”, aseguró.

Historia de luchas.
Laly y Sebastián durante “varios años” intentaron ser padres. “No podíamos por mi infertilidad”, confesó Laly. Anduvieron por Buenos Aires y Mendoza. “Hicimos 12 tratamientos de fertilidad, con resultados negativos”, recordó. “Y un día Seba me dijo ‘basta de tratamientos’. No
teníamos resultados positivos, y estuvimos dos años sin hablar del tema”, relata. Recordó que estas situaciones son “psicológica, económica y emocionalmente” muy dificultosas.
Así llegaron al Registro de Adopción en Santa Rosa. Presentaron la documentación, y atravesaron las entrevistas con los profesionales. “Al año y medio nos llamaron y nos dijeron que teníamos la posibilidad de adoptar, pero eran tres niños. Thiago en ese momento tenía 2 años, Dalila tenía 5 y Andrea 6 y ya habían pasado por tres familias sustitutas”, recuerda.
“Era verano -continúa- y teníamos un viaje pago, y a las dos semanas los fuimos a buscar. El viaje fue terrible porque no sabés ser padres hasta que lo sos. Pero además nos imaginamos un montón de cosas y quizás idealizas, porque estuviste tantos años buscando y esperando. Y cuando llegas es distinto a lo que buscabas y encima tres niños juntos y de diferentes edades”.
“Fue un torbellino en la casa. Pasamos de ser un matrimonio, a ser padres, integrarnos a la
escuela a los cinco días, pasar por médicos, oftalmólogos. Pero fue una experiencia maravillosa y lo más lindo que me pudo pasar”, aseguró.
-¿Y la adaptación familiar fue compleja?
-Ellos tienen muy claro que son adoptados. Tuvimos ayuda de psicólogos en mi caso, en la más grande de las niñas que sufrió las mayores consecuencias. Empezaron a concurrir a la Escuela 227 a la cual estoy muy agradecido porque fue una escuela contenedora, donde una de las niñas tuvo obvios enojos con la vida, pero la supieron contener y nos apoyaron. Nos costó mucho adaptarnos a convivir los cinco de un día para el otro, pero toda la gente se portó muy bien con nosotros. Ellos se sorprendían y nos decían porque nos traen tantos regalos si no es nuestro cumpleaños. Y nos fuimos acomodando todos a todos.
-¿Cómo fue adaptarse a tres niños de distintas edades y que ya traían algunas costumbres?
-Fue difícil, pero maravilloso. Fuimos aprendiendo día a día. Ellos son maravillosos, y nos dan más a nosotros de lo que nosotros les podemos dar a ellos. Son muy agradecidos. Estaban necesitados de tener una familia. Thiago tenía dos años, llegó a casa y nosotros no teníamos
pañales, pero él no tenía pañal, chupete, mamadera, nada. Un genio. Y con Andre y Dali comenzamos la escuela, con apoyo psicológico para fortalecernos. Empezamos con las vacunas, con oftalmólogos, con dentistas. Eran muchas cosas juntas, que las disfrutamos mucho. Y cuando las recordamos, nos causan risas.

Compartir