El papá es tornero, y las hijas también

Se sabe que los padres no necesitan mucho para vanagloriarse de sus hijos, y siempre hallarán motivos para ello. En el caso de esta familia de torneros, se podría decir que tienen motivos suficientes.
Para un padre, para una familia en realidad, conseguir que todos sus componentes integren un mismo grupo de trabajo tiene que ser sin dudas una realidad hondamente gratificante. Y en el caso de la familia Dumrauf hay, además, algunas otras particularidades que lo transforman en una situación especial: como que la tarjeta de promoción sobre el emprendimiento familiar dice: “de Daniel Dumrauf e hijas” (¡¡¡).
Nadie se sorprendería demasiado si a lo mejor la publicidad correspondiera a una tienda, un negocio dedicado a vender prendas de vestir, o un comercio para comercializar otro tipo de artículos… pero en este caso “Tornometal” se dedica -así reza aquella tarjeta- al “torneado de piezas de alta precisión, fresado de engranajes, pantografía tridimensional”, y otras acciones ligadas a la actividad industrial.

Las chicas en el torno.
Una visita al local, ubicado en Poblador Desconocido 176, nos permitió acceder a una escena por lo menos distinta: un papá trabajando afanosamente con una pieza de metal; y poco más allá sus dos hijas en una tarea más o menos parecida… Detrás, haciendo tareas de escritorio, Yanina Ramírez, la esposa de Daniel, y la mamá de Candela (19) y de Sofía (17)…
Y no puede menos que llamar la atención de quien concurra al lugar observar que las agraciadas jovencitas trabajan a la par de su papá, manejando una máquina CNC -Control Numérico Robotizado-, o el torno con la habilidad de un experto.
Daniel Damrauf y su familia llegaron a Santa Rosa hace algunos años -cuando las chicas todavía eran muy pequeñas-, cuando la situación en el país era sumamente complicada… Eran los tiempos del doloroso 2001, cuando se pasaban momentos angustiantes, cuando se hacían las ferias del trueque, cuando la desesperanza y la falta de horizontes hizo que más de uno eligiera el camino de irse, de buscar otros destinos.

“Un piojo gigante”.
En el caso de la familia Dumrauf, decidieron que había que dejar su residencia en Bahía Blanca -pero no pensaron en abandonar el territorio nacional como hicieron muchos otros-, y que Santa Rosa podía resultar una buena opción.
“Sí, nos vinimos por la miseria. Fue en la época de (Fernando) De la Rúa. Yo soy técnico tornero mecánico, y trabajaba como empleado, hasta que junté y pude comprarme un taxi… tenía un chofer y aunque le metía muchas horas lo cierto es que no alcanzaba… encima el empleado me chocó el auto y pensé que no daba para más, y que algo teníamos que hacer porque teníamos un piojo gigante”, relata con total sinceridad Daniel.

Cazar para comer.
No conocían Santa Rosa, pero vinieron y pudieron conseguir una casa que tenía mucha deuda (impuestos y tasas municipales), “la compramos y nos instalamos… Pero antes estuvimos un tiempo en un campo (en La Mascota, partido de Villariono en la provincia de Buenos Aires), y juro que teníamos que cazar para comer… la pasábamos realmente mal”, agrega para graficar aquellos momentos tan duros.
Instaló su pequeño taller en un garaje, y de a poquito comenzó a tener cada vez más trabajo; y desde pequeñitas Candela (a punto de recibirse de Maestro Mayor de Obras en la EPET n° 1); y Sofía (concurre al colegio Nacional y será bachiller), empezaron a entreverarse entre las máquinas, piezas y engranajes, y tanto aprendieron el oficio que hoy trabajan codo a codo con su padre.

Empresa familiar.
Cuando llegamos al taller Candela estaba de cabeza metida en una máquina, muy atenta a su tarea; y su hermana menor se encontraba en otros menesteres… Daniel se muestra amable, simpático y -se le nota- siente un evidente orgullo de esa construcción familiar: “Tornometal” es la empresa de la familia, y todos los miembros piensan en hacerla cada vez un poco más grande. “Ellas saben que esto es todo para ellas”, alienta el padre.
“Acá hacemos de todo… trabajamos para los talleres y para las concesionarias, para los autos de carrera, y hacemos trabajos en serie con los tornos robotizados”, en los que Candela es especialista; “pero también reparamos máquinas haciendo piezas a medida, roscados y engranajes”, puntualiza. (M.V.)

Siempre hay trabajo.
Y lo bueno de ese oficio es que “siempre hay trabajo, y todos pagan”, advierte el propietario. “¿Saben por qué? Porque a este lugar es donde acude mucha gente cuando ya no hay remedio… el que precisa una pieza porque tiene una máquina parada y trabajo esperando; por una pieza de precisión que no se consigue. Sofía es la que programa y Candela se encarga de hacer los engranajes, aunque en realidad aquí todos hacemos de todo”, dice sin jactancia pero con evidente satisfacción el padre.
Se prestan gustosos para la foto, y dejan algunas frases que valen la pena repasar: “Lo que podemos decir es que no nos vamos nunca más, que aquí encontré trabajo, seguridad y paz… ¿No es poco, verdad?”, cierra Daniel.

El tornero, casi un artista.
Un tornero es un verdadero especialista, y los que son buenos de verdad en ese trabajo casi son considerados como artistas. El tornero se encarga de fabricar piezas de producción en máquinas-herramientas modernas, también trabaja en determinar los datos de la máquina, tiene que entrarlos, controlar el desarrollo del programa y ejecutar las correcciones necesarias.
Su tarea se aplica al manejo de tornos/fresadoras convencionales o controlados por CNC (control numérico por computadora) y/o centros de procesamiento.
Toda esa tarea desarrollan Daniel, su esposa y sus chicas en Tornometal; y así pudieron conseguir que la empresa familiar empiece a crecer de tal manera que próximamente -en la esquina de Poblador Desconocido y Márquez, al lado de la vivienda y la tornería- abrirán un negocio de rodamientos.
“Es así, estamos creciendo, y la idea es además de la maquinaria que ya tenemos adquirir otros dos tornos… lo que hacemos es comprar en empresas de fundición, y luego nosotros trabajamos sobre ese material. Como decía, Sofía se encarga de la programación, Candela de hacer los engranajes, y mi esposa tiene la responsabilidad de la parte contable”, explica.
En los primeros tiempos Yanina -“nacida en Huanguelén, provincia de Buenos Aires”, certifica la esposa por si hiciera falta- se dedicaba a vender artesanías de hierro que se hacían con el torno, porque “nos estábamos asentando y lo necesitábamos. Pero al año ya estábamos trabajando muchísimo y hoy estamos totalmente dedicados a esto, y por suerte tenemos muchísimo trabajo. Claro que estamos contentos, como que no”, completa Daniel.