El segundo humedal del mundo está en Argentina y se consolida como atractivo turístico y científico

La Reserva Natural Iberá, en la provincia de Corrientes, se consolida paulatinamente a los ojos del mundo como un singular atractivo turístico, con un paisaje dominado por pastizales, esteros y una fauna, especialmente la aves, que parece estallar ante los visitantes.
Pero sus 13 mil kilómetros cuadrados -que incluyen tierras privadas, al parque provincial y en un futuro al parque nacional- que forman una banda que cruza la provincia de noreste a sudeste, no sólo son un destino turístico.
Ese franja constituye además un laboratorio a cielo abierto que pretende revertir el proceso de extinción de varias especies, entre ellas el yaguareté, el más grande de los felinos americanos.
En sintonía con la propuesta del fallecido Douglas Tompkins, en cuanto al desarrollo ecológico local y las ventajas del turismo como motor de la economía, ahora empieza la oferta para conocer Concepción del Yaguareté Corá.
Se trata de una localidad muy antigua, en el cual el niño Pedro Ríos -que pasó a la historia como “El Tambor de Tacuarí”- se sumó a las tropas del general Manuel Belgrano en su marcha hacia Paraguay, en 1810.
Esa historia, junto con el hecho de que Belgrano oró ante la imagen de San Francisco de Asís, patrono del pueblo -lugar que es uno de los museos de visita imperdible para los turistas- son el orgullo de los cinco mil pobladores, muchos de ellos ganaderos y agricultores.
Con estos elementos, el gradual proceso de convertir a Concepción del Yaguareté Corá en un destino turístico internacional es un sueño en plena realización.
Las calles de arena, la arquitectura antigua de algunas casas sobrevivientes al paso del tiempo y el andar pacífico de los vecinos son el preámbulo necesario para llegar al paraje Carambola, verdadero portal de entrada a un escenario de magia y naturaleza como no hay otro en la extensa y diversa Argentina.
Colonia Carlos Pellegrini, el espejo en el que todos los pueblos de los esteros se quieren mirar, era hasta hace unos 10 años una localidad habitada mayormente por mariscadores (cazadores de subsistencia y recolectores de cueros y plumas para vender) de la que escapaban sus jóvenes, y hoy un desarrollado lugar que presta servicios a los miles de visitantes que llegan al segundo humedal más importante del mundo, después del Pantanal matogrosense, en Brasil.
Nuevamente en Concepción del Yaguareté Corá, hay que recorrer 27 kilómetros de caminos de arena y tierra entre estancias privadas para llegar al Puesto Felipe, desde dónde se accede al paraje Carambola que conecta con el arroyo del mismo nombre y los famosos bañados donde es posible hacer travesías en canoas tiradas por caballos.

Experiencia inolvidable.
Se trata de una experiencia inolvidable, en la que los animales van con el agua al cuello o a veces nadando, a cargo de pobladores del lugar, baqueanos forjados en cientos de generaciones.
Por eso, entre las propuestas más atractivas en oferta está la posibilidad de experimentar la cultura con cabalgatas que implican nadar junto al caballo, paseos en canoa a botador y pernoctaciones en casas de lugareños o refugios que aún conservan la arquitectura tradicional de juncos.
La zona, apta para la observación de aves y de fauna diversa, también atrae a los científicos o a los buscadores de silencio en un ambiente dominado por el tapiz amarillo de los pastizales salpicado por timbós y pequeños cañaverales que dan paso a la red de bañados, cañadas y embalsados en los que se desarrolla una estruendosa vida animal y vegetal en un marco de protección ambiental.
Carambola es un parque creado por la fundación Conservation Land Trust (CLT) Argentina -fundada por Tompkins- para conservar la flora y fauna de los Esteros del Iberá. (Télam)

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