El viaje del gobernador González

María Eugenia Comerci * – El relato del diario de viaje escrito por el gobernador Diego González es analizado en este artículo desde los imaginarios espaciales que lejos de ser “inocentes”, poseen un sentido político y las marcas de un particular contexto social e histórico.
Distintas instituciones y discursos desempeñaron un papel clave en la construcción del Estado- nación a fines del siglo XIX, asociadas con la “invención” del Territorio de la Pampa Central. En este contexto, guiado por los imperativos de modernización económica y político-institucional, se realizaron viajes de exploración y descripción del territorio incorporado luego de las campañas militares contra los pueblos originarios.
Desde los relatos y discursos de viajeros, naturalistas, académicos, religiosos, educadores, militares y políticos se conformaron paisajes vividos o deseados del Territorio de la Pampa Central que cimentaron las bases de un imaginario sobre el espacio recorrido.
El entonces gobernador del Territorio Nacional de la Pampa Central, Diego González, decidió realizar un viaje para conocer la situación de departamentos del centro- oeste del Territorio. Ese documento fue recuperado por las docentes Marcela Domínguez, Daniela Alsamendi y M. Eugenia Muñoz y publicado en la revista Quinto Sol N º 5, en el año 2001.
En una carta que el gobernador le dirigió al Ministro del Interior realizando un claro reclamo hacia el Estado Nacional, transcribió el diario de viaje realizado en el mes de octubre de 1905 con un recorrido emprendido en Santa Rosa hacia Neuquén, pasando por Victorica, Telén, Santa Isabel, La Copelina, Puelén y Colonia 25 de Mayo, entre otros destinos. De este modo el gobernador, acompañado por un grupo de funcionarios (jueces de paz, asesores, policía territoriana y fotógrafos), relató el recorrido realizado y el diario se constituye en una rica fuente para abordar cómo se miraba el centro-Oeste del Territorio de la Pampa Central a comienzos del siglo pasado.

Imaginarios.
Los imaginarios espaciales se construyen de informaciones registradas, en interpretaciones producidas en el pasado, en la sumatoria de imágenes y relatos (Zusman, 2007). Lejos de ser “inocentes” poseen un sentido político y las marcas del contexto socio-histórico en el que se gestaron.
La Pampa Central fue objeto de exploraciones por parte de viajeros como Luis de la Cruz (1806), Zeballos (1878), Lorentz (1879) y otros científicos como De Fougere (1879), que acompañaron las expediciones de Roca en las campañas militares contra los nativos. Como señala María Silvia Di Liscia, (2007), los relatos que aparecen en los textos generados sobre el Territorio justificaban el avance de la modernización y el proceso “civilizatorio”. Jorge Saab y Laura Sánchez (2001, p. 145), quienes abordaron este documento desde la perspectiva histórica, rescatan “la rica potencialidad didáctica porque permite reconstruir -a través del itinerario de la comitiva gubernamental- un fragmento significativo del espacio territorial”.

Lectura del viaje.
Una primera lectura del diario de viaje pone en relieve los sujetos con los que se cruzó, que acompañaron e interactuaron con el gobernador que representaban un sector de la sociedad en bonanza. El gobernador González, interactuó con oficiales de policía, jueces de paz, funcionarios de rentas, dueños de almacenes de ramos generales, estancieros, propietarios de campos, militares, maestros, directores, mayordomos, balseros, peones, baqueanos y boteros. Sujetos que representan el orden y progreso de la época: lo moderno. No aparecían en su discurso los indígenas, campesinos ni criollos ni tampoco -salvo algunas excepciones, las mujeres y niños.
Asimismo, en el discurso del gobernador, se denotaba el esfuerzo por describir los recursos naturales y el estado general de los caminos. A modo de inventario descriptivo se mencionaban recursos hídricos, edáficos, geoformas y flora y se los clasificaba con cargas valorativas. Montes, caldenes, médanos, ojos de agua, valles, cerros, ríos, bardas y salitrales conformaban el conjunto de elementos naturales que el documento permitía visibilizar a través del diario de viaje. También se mencionaban los caminos y su mal estado en general y las dificultades que enfrentaba la población con esas grandes distancias.

Los espacios.
El diario de viaje además daba cuenta de la articulación que los establecimientos tenían con otros espacios del país y del mundo y el desarrollo de las relaciones capitalistas. Especialmente estos puntos se mencionan cuando transita el departamento 7, actualmente Loventué. Los almacenes de ramos generales objetivaban la idea de progreso y legitimaban el modelo exportador de productos primarios. Se menciona, incluso, que estos “establecimientos” generaban la importación de productos desde Europa en forma directa. En el texto se destaca el rol de la localidad de Telén como símbolo del progreso, un pueblo surgido de un “establecimiento” que contaba, en 1905, con 60 viviendas habitadas por el “personal” del Sr. Capdeville, que además de la casa de comercio, tenía instalaciones industriales e iluminación con luz eléctrica.
El viajero describía, de forma detallada, además, la cantidad de población (más de treinta personas) que habitaba en la “isla” de Santa Isabel, que a menudo quedaba aislada por la ausencia de puentes y “maromas” ante el imponente caudal de los ríos Atuel y Salado. Otros espacios poblados relevantes en su relato son los manantiales de La Copelina y Puelén y la rivera del Río Colorado en los que se destacaba la presencia de muchos niños, la agricultura en “chacas”, “lugares pintorescos” y “lindos alfalfares”. Resta mencionar la estigmatización del departamento 13 (actualmente Chicalcó) con “reputación bastante mala” por el “cuatrerismo y toda clase de delitos” en el que reclamaba por un mayor control policial.

Espacio de borde.
De este modo, el relato del gobernador producía una lectura territorial de ciertos elementos espaciales de la vida socio-territoriana a comienzos del siglo XX. Mientras se destacaba en el departamento 7 la alta modernización y el progreso generado con la artificialización del espacio, con epicentro en Telén; los departamentos 13 y 15 (Chicalcó y Puelén) eran representados como espacios salvajes, con imponente la presencia hídrica, dando cuenta de un paisaje totalmente diferente al actual, (luego del uso realizado por los represamientos en las cuencas superiores de los ríos Atuel y Salado), con islas, maromas, balseros y grandes dificultades para atravesar los ríos.
En todos los sitios recorridos se legitimaban las instituciones modernas liberales de control del Estado que materializaban la idea de progreso: escuelas, comisarías y juzgados civiles, la comisión de rentas y las privadas como los mencionados almacenes de ramos generales. El relato también ponía en relieve la división de la tierra y la propiedad privada como pilares del agro moderno “pampeano” deseado. Un agro sin conflictos, en orden, con expansión capitalista, un avance de la artificialización del espacio, una estructura social jerarquizada y controlada.
Esas representaciones cargadas de sentido y de intencionalidades, además de pioneras, sentaron las bases para la construcción de un imaginario sobre el espacio occidental pampeano que luego será reproducido y resignificado con nuevos sentidos tras la provincialización (1951) pero con la persistente perspectiva puesta en el Este pampeano. Asimismo el centro-Oeste, comienza a ser visto como un espacio de borde, remitiendo a la idea de frontera, de subordinación y dependencia respecto de un centro, pero también con cierto margen de autonomía en el diseño socio-territorial.
* Investigadora CONICET/UNLPam

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