Ella entre ellos en los Juegos Evita

Luana Dal Secco tiene 13 años y es una de las muy pocas mujeres que juega a un deporte que todos conocen: el clásico ping pong. Clasificó a los Juegos Evita e invita a que más chicas se sumen a una disciplina copada por los varones.
Puede ser en un garaje diminuto o en una quinta de verano a puro verde donde los clásicos torneos de amigos se juegan “a cara de perro”. No importa la condición social o económica, solo se necesita una mesa rectangular, una red, dos paletas, una pelotita y dos jugadores. O jugadoras. El ping pong es tan popular como poco practicado como deporte, sobre todo entre las mujeres. Al menos en la provincia, donde solo un puñado de adolescentes se anima a romper prejuicios y barreras a puro revés y remate.
“El año pasado un compañero del colegio me invitó a venir y me enganché. Siempre me gustó el tenis y en casa hay una mesa de ping pong, pero me copó el hecho de venir a entrenar con un profesor que me enseñe”, contó Luana Dal Secco que esta semana está disfrutando en Mar del Plata de su primer torneo fuera de la provincia.
Luana clasificó en La Pampa a la instancia nacional de los Juegos Evita 2017 y junto a una chica de La Adela y otra de Doblas viajaron a la Costa Atlántica para el tradicional encuentro deportivo y cultural de miles de adolescentes de todo el país.
“Cuando empecé a entrenar había otras dos chicas pero ya no vienen. Yo creo que muchas no se animan porque piensan que es solo de varones o porque no conocen mucho del deporte, pero es re lindo y cuando jugás te dan ganas de competir porque es re entretenido”, dice Luana en el Estadio Municipal, el lugar donde entrena dos veces por semana sin otro gasto que llegar hasta el centro deportivo de la calle Brasil.
Allí la espera su profesor Tulio Praga junto a Maxi Moscoso (21), quien ayuda en la tarea de enseñar y difundir ese deporte que se puede jugar en un patio y que no deja de sorprender, a través de la tele, con jugadas espectaculares y a puro vértigo en torneos internacionales o Juegos Olímpicos, sobre todo con esos jugadores chinos que llegan a impulsar la pelotita hasta los 160 kilómetros por hora.
El atractivo de la disciplina es fácil de entender: rápido, divertido y barato. Y tiene ventajas inesperadas porque jugar durante una hora puede hacer quemar hasta 272 calorías. Debido a su intensidad, el ping pong mejora el estado cardiovascular y los niveles de resistencia mientras que la acción de golpear una pelota que se mueve a gran velocidad con una paleta varias veces en pocos segundos también mejora los reflejos, la coordinación ojo-mano, la capacidad mental de estar alertas y la velocidad del movimiento.
“A mí me gusta mucho entrenar y jugar. Es rápido, no tenés momentos para aburrirte. Me gustaría poder aprender cada vez más y mejorar. Sé que no hay muchas mujeres que lo practiquen pero estaría bueno que se acerquen porque les va a gustar. Mi sueño sería poder dedicarme profesionalmente”, se ilusiona Luana, que cursa en el colegio Ricardo Nervi de Santa Rosa y está acostumbrada a desafiar el orgullo varonil de sus compañeros.
“Se arman unos partidos re lindos con los chicos. A veces gano y a veces pierdo, pero ellos cuando pierden se ponen un poquito nerviosos, enseguida me piden la revancha. Además el resto los carga así que peor”, se ríe Luana, cuyos dos hermanos menores también van al Estadio a practicar este deporte que se originó hacia finales del siglo XIX y que se popularizó bajo el nombre de ping pong por el sonido que hace la bola cuando es golpeada por la paleta y luego rebota en la mesa.
La disciplina con el tiempo adquirió otro prestigio y de allí surgió el nombre de tenis de mesa, por eso el ping pong es considerado por muchos como un pasatiempo o un simple juego que puede servir de entretenimiento ideal para pasar un día junto a la pileta mientras el asado se va poniendo a punto.
“Cuando vamos a las escuelas para invitar a los chicos y chicas a que se sumen muchos piensan que se juega así nomás y que es fácil, pero se sorprenden cuando nos ponemos a pelotear un poco más en serio y pegamos fuerte. Creo que básicamente falta difusión, que se conozca más porque es un deporte muy lindo, muy completo y muy sano”, valoró Maxi.
Para Luana el camino recién comienza pero no duda sobre los pasos que quiere dar. “Me gustaría seguir jugando y subiendo de nivel de competencia. Tengo mucho por mejorar y me gusta entrenar y aprender. Este año ya puedo ir a los Evita así que el año próximo seguramente también me inscriba. Ahí puedo ver en qué nivel estoy porque en otras provincias hay jugadoras muy buenas”.
¿Qué te dicen tus compañeras o amigas?
“Mucho no les cuento porque no conocen del tema pero sí saben que me voy a Mar del Plata a jugar al ping pong y eso les llama la atención, así que me apoyan. Yo quiero que vengan a probar para ver si les gusta. No cuesta nada, es gratuito y el profesor te presta la paleta”.
Luana se va a practicar el revés. Los varones la cargan por su repentina “fama” mediática pero también esperan el momento para desafiarla. Quieren lucirse y ella los espera con una sonrisa. Es hora de jugar y cuando los gritos se apaciguan el sonido será un solo: ping pong.