“Era la antesala del infierno”

El pastor valdense Gerardo Hugo Nansen declaró ayer por primera vez sobre el sufrimiento que atravesó durante el Operativo de Jacinto Arauz, que se realizó el 14 de julio de 1976, cuando fue secuestrado un grupo de profesores, y afirmó que se sintió “en la antesala del infierno”.
En el marco del juicio de la Subzona 14 II, donde se investigan delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico militar en la provincia, Nansen habló por videoconferencia desde el Consulado Argentino en la ciudad de Colonia, Uruguay, donde reside actualmente.
Recordó que se mudó a Arauz el 3 de marzo de 1974, y fue detenido en el operativo represivo, cuando estaba iniciando su clase sobre la Revolución Francesa en el Instituto Secundario “José Ingenieros” en la mañana y lo fue a buscar un grupo de militares.
“Me dijeron que me estaban buscando, salí y estaba rodeado de gente con armas y vi a otros profesores que estaban en la misma situación”, contó sobre aquel momento. Inmediatamente, fue trasladado al Puesto Caminero de Arauz, en un Falcon verde y vendado.
“Me sentí muy mal, alguien me dijo que me despidiera porque me iban a liquidar en un rato”, agregó. Fue interrogado sobre por qué había llegado a Arauz y sobre si él era quien había iniciado el colegio, algo que había hecho su antecesor.

“Me salvó la vida”.
Nansen señaló que no le creyeron y le aplicaron “corriente eléctrica” en el miembro masculino, además de golpearlo fuertemente, para “ablandarlo”. Allí, afirmó: “Estaba en la antesala del infierno”.
Después, la sesión de tortura terminó cuando alguien entró a la sala con “voz ronca” y dijo que le tenían que creer, porque decía la verdad. Enseguida, sus torturados lo dejaron y lo llevaron al baño de la comisaría, donde quedó con los ojos vendados.
Ya en el baño, cuando los profesores fueron trasladados a la comisaría de Santa Rosa, alguien le sacó las vendas y le dijo que él había sido quien intervino. “Me salvó la vida”, aseguró. Por la tarde fue liberado, pero le revisaron su casa y su biblioteca, e incluso también el templo. “Me sentí morir, se me vino todo abajo, pero no me pudieron deshacer la fe en Díos”.

Colaborador.
Posteriormente, en tribunales lo quisieron hacer declarar en contra del comisario anterior Angel Maccarini, pero el pastor se negó a identificarlo “como subversivo”, según confió. “La gente lo quería porque era muy humano”, manifestó. Señaló también que sintió en el Puesto Caminero cómo torturaban a otros profesores y escuchó sus gritos.
Por otro lado, Nansen recordó que querían echar a una autoridad del colegio por “su devoción por el general Perón y Evita”. Nansen se fue del pueblo en marzo de 1978 y destacó “el cariño de la gente” y ayer señaló que las torturas le trajeron consecuencias “más que nada piscológicas”.
También advirtió que hubo “una especie de Judas” entre los miembros de la iglesia y mencionó a Ricardo Rostán, un productor agropecuario de la zona de Jacinto Arauz, al que indicó como colaborador del plan represivo.
“Esperamos contribuir para que esto no suceda nunca más, ni en Argentina ni en ninguna parte del mundo”, cerró Nansen en su exposición.

“Casa por casa”.
En la audiencia, también brindó su testimonio Juan Carlos Ramos (67 años), quien era oficial de la comisaría de Arauz durante el operativo realizado por el Ejército y la Policía. Recordó que aquel 14 de julio llegó a la localidad un grupo de 20 uniformados en camiones y autos, y “por la noche arribó más personal militar”.
Los militares se reunieron con el comisario y “de ahí salieron las órdenes de detención para buscar algunas personas. Yo tenía que controlar que no haya ninguna evasión”. Además, fichó en la comisaría a los profesores secuestrados que luego fueron al Puesto Caminero. “Las demoras eran realizadas por los uniformados”.
Contó que Miguel “Gauna era el jefe de la comisaría y daba las órdenes, el personal militar hacía los allanamientos. A una casa le rompieron la puerta porque no abrían. Yo no participaba. Revisaron todas las casas del pueblo. La mayoría de los procedimientos se hicieron en el colegio, en la comisaría hubo movimiento todo el día”.
Sobre la huída de Guillermo Quartucci -que escapó del Puesto Caminero a Bahía Blanca-, relató que “se dispusieron operativos en las rutas, se hicieron allanamientos en la zona urbana y en los campos, e incluso viajamos a Bahía Blanca para ver si tenían información. Se revisó casa por casa para encontrarlo”.
Señaló que el pastor Nansen fue el único secuestrado que dejaron en la comisaría, los demás fueron trasladados a la Primera de Santa Rosa finalmente. “Lo dejaron vendado y sentado en el inodoro, cuando se fueron me dijeron que lo libere”. Añadió que a Luis Baraldini, entonces jefe de la Policía, lo vio el último día para evaluar el rastrillaje.
Ante una pregunta de una de las partes, Ramos agregó que la policía bahiense estuvo previamente en el lugar “buscando si había gente extraña” y señaló que en su momento estuvo en el pueblo el jefe de la Subzona 14, Fabio Iriart. Los allanamientos se realizaron sin órdenes, al igual que las detenciones.
Por otro lado, Ramos comentó que después del operativo se realizó un asado en el patio de la comisaría. En este punto, algunos testigos declararon que luego de la represión, “vecinos destacados” de la localidad “celebraron” lo ocurrido de esa forma.

Oscar Bertón: “Por una denuncia anónima”
Oscar Bertón, hijo de un hombre que fue secuestrado y torturado durante un mes y medio en Jacinto Arauz, declaró ayer que junto a su familia vivieron “aterrorizados” el operativo represivo de 1976 y advirtió que “cinco tipos con una denuncia anónima nos hicieron mierda”.
Su padre era Samuel Bertón, un mecánico de la localidad que fue secuestrado por colaborar en el colegio con el que estaba “muy comprometido” desde su fundación, ya que era considerado una alternativa para que los chicos se queden estudiando en el pueblo.
Oscar recordó ante el tribunal que su padre declaró sobre lo sucedido en la dictadura ante un escribano poco antes de su fallecimiento, y ese escrito fue utilizado en 2010 en el primer juicio de la Subzona 14. “Varios vecinos habían denunciado, y en su momento lo largaron a él solo, sin explicaciones”, dijo.
Y afirmó que cuando fue liberado su padre “fue otra persona, muy temeroso, excesivamente callado, se autoexcluyó, pasó a no tener vida social”. Entre los denunciantes de su padre, señaló que hubo familiares directos. “No sé a qué obedecieron las denuncias, ellos se criaron con mi papá”.
“Ojalá esto sirva para no hacer denuncias anónimas, y para resolver las cosas con diálogo”, dijo.

Fiorucci: “Cuadro de ansiedad”
El ex policía de Santa Rosa, Roberto Fiorucci se retiró el pasado martes del juicio por problemas de salud y ayer tampoco asistió por indicación médica, ya que sufre “un grave cuadro de ansiedad que le hace subir la presión”, según los profesionales.
El martes, el abogado defensor Hernán Vidal pidió que se declare la “incapacidad” de Fiorucci para participar de las audiencias, algo que fue negado por el Tribunal Oral. La estrategia de la defensa es dejarlo afuera del debate por cuestiones de salud.
Por otro lado, el ex policía Miguel Ochoa, que desempeñó tareas también en la Primera de Santa Rosa, llegó tarde ayer al debate, al que no asistió el pasado martes, una cuestión que fue advertida por el fiscal general Alejandro Cantaro.
El ex oficial estaba en Buenos Aires por cuestiones vinculadas a una enfermedad terminal que padece su esposa, y ayer asistió nuevamente al juicio de la Subzona 14 II. “Hubo una desinteligencia”, señalaron fuentes de tribunales.