Ermelinda y Ramón, el mismo amor 70 años después

Ermelinda Soria y Ramón Obando cumplieron ayer, nada más y nada menos, que 70 años de casados. Y lo dieron a conocer públicamente sus hijos, nietos, bisnietos y tataranietos, con dos pancartas gigantes que colgaron en su casa de la calle Almirante Brown de Santa Rosa.
El 25 de septiembre de 1947, los novios de tan sólo 14 años (ella) y 18 (él), dieron el sí en el registro civil de Toay y en la Iglesia Catedral de Santa Rosa.
Se conocieron en Toay, donde ambos residían, porque sus padres eran amigos. Como la mayoría de los casos de esa época, Ramón tuvo que pedir la mano de Ermelinda, ya que ella era menor de edad. Más allá de las edades, era una época diferente a la actual, en la cual el respeto que tenía el hombre a sus futuros suegros, era inmaculado.
Así fue que se casaron y a los dos años llegó el primer hijo. Así nacieron cuatro hijos más, que les dieron casi 30 nietos, y ellos casi 50 bisnietos. Ahora también, se sumaron 5 tataranietos.
Actualmente Ermelinda tiene 84 años y Ramón 88. En octubre ambos sumarán un año más de vida, y lo festejarán juntos, como desde hace 70 años.
El próximo sábado, su familia realizará una celebración por el aniversario y brindarán por 70 años de amor, familia y unión.

Un largo camino.
Durante todos estos años, Ermelinda se dedicó al servicio de limpieza en casas de familia, y Ramón tuvo una innumerable cantidad de trabajos. El hombre contó que comenzó a trabajar en Toay, realizando tareas de peón de campo, hachero, arriero… hasta que se enroló en la Policía y se jubiló en esa institución. Sin embargo, no dejó de trabajar. Hasta 1995 fue sereno en una planta de gas y años antes había trabajado en el ex Molino Werner, cargando bolsas de material de 50 kilos.
Tal como cuenta Ramón, fue una vida larga y llena de trabajos para espaldas fuertes. Y Ermelinda, con una timidez notable, pudo criar a sus cinco hijos con todo lo que eso implica, y además salir a limpiar casas con una energía envidiable.
Hoy, 70 años después de haberse unido en matrimonio, ellos y su familia continúan por el camino que eligieron en 1947. Prometieron cuidarse y amarse en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte los separe. Con una sonrisa en sus rostros, Ermelinda y Ramón son una muestra viva de lo poderoso que puede ser el amor… y también por qué no, el aguante.