El científico rionegrino que desarrolla la ganadería en Santiago del Estero

Fernando Rivero, investigador del Conicet, se radicó hace cuatro años en el noroeste argentino con el fin de desarrollar Servicios Tecnológicos de Alto Nivel para la producción ganadera y el desarrollo agroalimentario. Rivero, rionegrino de 37 años que estudió y vivió en Córdoba, se desempeña en el Laboratorio de Biología Molecular del Centro de Investigaciones y Transferencia (CIT) de Santiago del Estero asociado a la Universidad Nacional de Santiago del Estero (UNSE). En 2001 tuvo la posibilidad de investigar en el exterior y eligió quedarse en Argentina. Siete años más tarde desarrolló junto a otros científicos del Laboratorio de Bioquímica y Biología Molecular (Facultad de Medicina, Universidad Católica de Córdoba) una vacuna contra la Giardiasis –fue su tema de tesis-, enfermedad que según la Organización Mundial de la Salud afecta a 200 millones de personas en África, Asia y América Latina. En 2012 recibió un premio del Instituto Tecnológico de Massachusetts por su investigación y desarrollo de nuevos métodos para erradicar enfermedades parasitarias.
En el Laboratorio, dirigido por el doctor Gustavo Palma, Fernando trabaja junto al doctor Pedro Carranza, y está a cargo de la dirección de proyectos relacionados con la biología molecular de enfermedades parasitarias que afectan a seres humanos y ganado bovino. Allí, junto a su equipo de trabajo, a quien considera fundamental, hace foco en el desarrollo de nuevos métodos de diagnósticos y vacunas, y también el control y monitoreo de enfermedades infecciosas del ganado bovino a través de Servicios Tecnológicos de Alto Nivel (STAN). Cabe destacar que los STAN pueden ser requeridos al Conicet por cualquier institución -pública o privada- y /o empresa.

Un caso de transferencia.
El Centro de Investigaciones y Transferencia Santiago del Estero está pensado en un contexto de crecimiento de la provincia con respecto a la producción ganadera y al desarrollo agroalimentario. En este sentido, el Centro trabaja junto a productores locales y empresas para implementar tecnologías y darle mayor valor agregado a los productos de su manufactura. De esta manera, Rivero junto a los doctores Carranza y Palma promovieron un proyecto con el frigorífico Forres Beltrán -instalado en Santiago del Estero-. En conjunto con esta empresa ha desarrollado un plan de Investigación y Desarrollo que está financiado con Fondos de Innovación Tecnológica Regionales, por un monto total de 16 millones de pesos, el cual va a contribuir a desarrollar la ganadería en la provincia, atendiendo consultas que tenían los productores ganaderos y algunos requerimientos de innovación tecnológica que necesitaba la empresa para optimizar la exportación.
El problema es que la ganadería se ha incrementado sin tener disponible la tecnología necesaria para acompañar este crecimiento. Por otro lado, la instalación del frigorífico ha generado una demanda mayor de esta productividad.
La idea del proyecto es apoyar a los productores ganaderos y generar mayor rendimiento de su producción y de esa manera, indirectamente, apuntalar al frigorífico que va a tener más disponibilidad de cabezas de ganado. Por otro lado, el Forres Beltrán es uno de los más importantes exportadores de carne a Europa, EE.UU. y China y se ha encontrado con un problema en los últimos años que tiene que ver con los controles de la presencia de la toxina derivada de algunas variedades de Escherichia coli que se realiza en los puertos donde disponen de una tecnología que tienen una sensibilidad mayor de la que hoy tenemos en la Argentina.
“Por lo tanto, uno de nuestros objetivos es facilitarle al frigorífico una tecnología desarrollada en el CITSE que tenga la capacidad de detectar esta toxina con la misma sensibilidad de las que se encuentran en otros lugares del mundo. De esa manera, se ayuda a los productores ganaderos locales y al frigorífico a que no pierda dinero en sus envíos y que la mercadería enviada llegue con controles de calidad óptimos”, afirma el biotecnólogo.

Santiago del Estero.
En 2012 Fernando vivía junto a su familia en un pequeño departamento de Córdoba cuando recibió el llamado de la doctora Ana Anton, actual directora del CITSE y promotora fundamental para que se convierta en el primer investigador radicado del primer Centro de Investigaciones y Transferencia del país. Actualmente son once los centros distribuidos en gran parte del territorio nacional.
Al momento de decidir radicarse la prioridad fueron su esposa Ana y su hija Agostina. “El bienestar de mi familia, el crecimiento de mi hija, el desarrollo profesional de mi esposa que es odontóloga y el mío”, afirma. En cuanto a la posibilidad de crecimiento profesional “la propuesta de desarrollo científico en la provincia me pareció una excelente opción”, sostiene el investigador.
Otro tema primordial fue la vivienda. “Cuando nos tocó llegar a Santiago teníamos dudas de donde íbamos a vivir”. La provincia hace varios años tiene un plan de desarrollo de viviendas. En esa época la directora del CIT y la rectora de la Universidad, la licenciada Natividad Nassif, se pusieron en contacto con el Gobierno provincial para planificar el acceso a la vivienda para aquellos investigadores que se radiquen en el Centro de Investigaciones y Transferencia.

Educación pública.
Actualmente, Fernando y su familia viven en el barrio Saint Germes, ubicado al sur de la capital santiagueña, y su caso es tomado como referencia cada vez que un investigador gestiona su radicación. Algunos de sus vecinos son Pedro Carranza, amigo y compañero de doctorado, a quien Fernando convenció para radicarse en la provincia.
“La idea es mostrar que la provincia es una plaza no solamente para el desarrollo de la investigación”, expresa al señalar orgulloso el equipamiento de última generación adquirido por el Centro “sino también para que la familia crezca, se desarrolle en un ambiente tranquilo donde van a poder encontrar muchas comodidades y sobre todo la paz y tranquilidad que buscamos para nuestros hijos”.
Su otra pasión es la docencia que ejerce en la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de Santiago del Estero, contraparte del Centro. Allí junto al doctor Carranza, otro joven investigador adjunto del Conicet, se han convertido en los mentores, con el apoyo de los gobiernos provincial y nacional, de la creación de la carrera de Medicina en dicha universidad. Esto ha contribuido al desarrollo de líneas de investigación en áreas de la salud donde el Citse está formando parte activa. Estas líneas están orientadas a resolver problemas de salud que afectan a la región, por ejemplo las enfermedades infecciosas regionales.
Fernando remarca la importancia de la educación pública y sostiene que vive la docencia como fundamental ya que “se enseña cómo construir conocimiento, pensamiento crítico, desmenuzar el conocimiento y volver a armarlo para tener una idea acabada. La docencia la veo como una herramienta para dejar un legado. Estando con la gente te das cuenta de las necesidades y que es lo más urgente a resolver. Es devolverle a la sociedad lo que ellos hacen por nosotros en cuanto a darle mejores condiciones de vida, nuevas tecnologías, mejorar en salud, y productividad”.