“Siempre que uno hace un hallazgo de estos, es emocionante”

MARCELO ZARATE, EL GEÓLOGO QUE ENCONTRO EL GLIPTODONTE

La fauna del Pleistoceno que vivió en lo que hoy es Santa Rosa “era tan variada como la que hoy encontramos en Africa”. En provincia de Buenos Aires hay evidencia de coexistencia entre esa fauna y los primeros pobladores de la región.
La aparición de restos de un gliptodonte en un sector poco transitado de la calle Liberato Rosas “fue un hallazgo absolutamente casual”, contó el geólogo que vio un fragmento semienterrado y dio aviso al Museo de Historia Natural de la provincia. El resto que afloraba “tenía una forma rara, era muy alargado y cuando me acerqué, tenía estructura esponjosa, que es típica de hueso”, relató Marcelo Zárate, el descubridor del fósil.
“Suelo caminar por la zona y por mi formación me gusta ir mirando absolutamente todo”, contó el viernes en Radio Noticias el geólogo Marcelo Zárate al repasar cómo encontró el caparazón de un gliptodonte en las afueras de la ciudad, al sureste del casco urbano. El fragmento “estaba muy disimulado, porque estaba ‘entoscado’, tenía mucho carbonato de calcio, pero tenía una forma rara, era muy alargado, y cuando me acerqué, tenía estructura esponjosa, que es típica de hueso”, comentó.
Sospechando que aquello no era una tosca de las tan habituales en nuestra provincia, Zárate volvió a su casa, tomó un pequeño martillo y otra herramienta para limpiar el sedimento, y volvió al lugar. “Efectivamente, era un fragmento de hueso”, resumió. Tras confirmar su sospecha, informó del hallazgo a la doctora Claudia Montalvo, una paleontóloga especializada en fauna pampeana del período Pleistoceno, y luego al Museo de Historia Natural, cuyo director, Marcos Cenizo, tomó a su cargo el trabajo de recuperación.
Esto ocurrió hace un mes. El dato no se dio a conocer hasta comenzar con el desenterramiento para evitar que curiosos, o alguna persona mal intencionada, pudiera provocar algún daño al resto. El lugar donde estaba es la continuación de la calle Liberato Rosas más allá de los últimos barrios de la ciudad. El camino está intransitable para cualquier vehículo a raíz de que las lluvias, principalmente las últimas, que lo han erosionado en forma significativa. La misma erosión que impide circular por la calle es la que dejó al descubierto esa pequeña parte del fósil.
“El caparazón de estos animales estaba formada por placas dérmicas osificadas”, explicó Zárate en Radio Noticias. “Se veía el canto del caparazón y el resto estaba abajo, enterrado”, detalló.
Estos hallazgos no son infrecuentes sino todo lo contrario, aclaró el especialista -docente en la Universidad Nacional de La Pampa y ex director del Incitap, un instituto que depende de Conicet y la UNLPam-. “Es bastante común encontrarlos en toda la región pampeana, en el norte de Patagonia y recuerdo haber encontrado placas sueltas en rellenos de cuevas”, contó. “Pero aunque uno haya visto 50 veces, siempre que uno hace un hallazgo de estos, es emocionante. Eso es innegable”, confesó.

Arroyo.
El depósito de sedimento en el que quedó el caparazón “es producto de la acumulación por agua de escurrimiento, probablemente una tormenta parecida a esta que tuvimos últimamente, con mucha abundancia de precipitación en poco tiempo”, indicó Zárate. “No es que vivía en un pantano -aclaró- sino que murió en un pantano”.
“Fue arrastrado por el agua y quedó acumulado ahí. Se puede ver que ese depósito tiene grietas de desecación, que están rellenas con carbonato. Eso es típico de depósitos acumulados por el agua, que después se secan y se resquebrajan”.
“El problema que tiene Santa Rosa es que son grandes bajos, cuencas cerradas, que aparentemente se originaron por deflación por el viento durante muchísimo tiempo. En estos episodios de tormenta, el agua arrastra los sedimentos y los deposita en las zonas bajas. En lugares como en el centro de la ciudad, uno encuentra depósitos de sedimentos que tienen estas características, que sugieran que fueron acumulados por acción del agua corriente”.

Como en Africa.
Consultado por la antigüedad, el científico estimó “entre 10 y 11 mil años”, aclarando que es un cálculo muy aproximado. “Por evidencias regionales y globales, sabemos que en esa fecha hubo un cambio muy grande en las condiciones generales del planeta, y coincidente con eso desaparece un número muy grande de individuos. Cuando se han hecho dataciones, las edades obtenidas indican que estos restos suelen estar en depósitos que tienen más de 10.000 años, pero no son más viejos que 50.000 años, o 100.000 años”.
Un dato ilustrativo que aportó Zárate es que la fauna que vivió aquí mismo hace 10.000 años eran tan variada y diversa “como la que hoy existe en Africa”.
Sobre la posibilidad de que hubiera convivido con los primeros pobladores que llegaron a la región, Zárate recordó que en nuestra provincia no ha evidencia de esa simultaneidad, pero si en Buenos Aires. En sitios arqueológicos de Sierras de Tandil y Tres Arroyos “hay evidencia de coexistencia de esos primeros americanos con fauna extinguida”.

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