Glamour de primera mano

Laura Espíndola confecciona todo tipo de vestidos para esa noche especial de las novias, quinceañeras o egresadas. Un emprendimiento que escaló hacia la alta costura y que incluye todos los talles.
El número frío asegura que durante el año pasado hubo 328 casamientos en Santa Rosa. El Registro Civil destacó que el promedio no varió demasiado en los últimos años más allá de que la tendencia, sobre todo en las grandes ciudades, es que las parejas van cada vez menos al altar y prefieren la unión civil. Sin embargo, la tradición de lucir un vestido único, esa sola noche donde la pareja se jura amor eterno, sigue vigente para gran parte de las novias. Y es allí donde el diseño, la confección y la mano artesanal hacen su aporte clave.
Como el que propone Laura Espíndola a través de “Novias María Luján”, un emprendimiento que se luce con vestidos únicos para noches de boda pero también para otras tradiciones que resisten los vientos de cambio: chicas que festejan sus 15 años y adolescentes que egresan del secundario.
“La gente se sigue casando. Se habla mucho de que cambió esa costumbre pero yo al menos no lo noto porque las novias y las parejas siguen viniendo. En mi caso no compro nada hecho, todo lo confecciono en mi taller. Viene la novia o la quinceañera y hago su vestido, el de la madre, el de la madrina, el de la hermana”, cuenta Laura, que nació en la ciudad bonaerense de Chivilcoy hace 46 años y quien desde hace más de 20 decidió tomar la ruta 5 e instalarse en Santa Rosa en busca de una oportunidad.
“Con mi familia llegamos por trabajo, teníamos dos nenes chiquitos y vinimos para salir adelante, para buscar un destino. Trabajé en una fábrica de camisas hasta que cerró. Después pasé por algunos talleres textiles y llegué a Novias María Luján. Es una casa de mucha antigüedad, de más de 40 años, y yo hace más de 10 años que estoy a cargo. Emilce, que era la dueña, me ofreció primero vender telas. Yo tenía mi tallercito y hacía mis vestidos. Hasta que un día me dijo: ‘¿y si te quedás con todo?’ Ella no quería seguir pero quería que yo sí siguiera, así que me propuso un buen arreglo y arranqué sola. Emilce viene siempre y está fascinada con el negocio”, cuenta Laura sobre el local de la esquina de Pío XII y Venezuela.
La vidriera exhibe distintos vestidos. Todos son confeccionados en el taller que Laura tiene en la parte posterior, el lugar de donde salen las ideas y el trabajo artesanal con sello propio. “Hace un tiempo anexé alquiler de trajes y ropa para hombres. Eso es lo único que no confecciono, pero da mucho resultado porque viene la familia entera y el hombre por ahí no quiere salir a comprar un traje que quizá no vuelva a usar. Así que trabajo con todos los talles y todos se pueden vestir”.
Alta costura.
Uno de los vestidos que exhibe detrás del vidrio sobresale del resto: el color almendra, los encajes bordados artesanalmente en piedras y un largo que se desliza por el parquet. Fue el que lució hace unos días la modelo Ingrid Grudke, con quien Laura realizó en Buenos Aires una sesión especial de fotos para la revista Nubilis, especializada en vestidos de novia de alta costura.
“Es un halago que una revista de ese nivel haya posado su mirada en mi trabajo. Hoy con las redes sociales las oportunidades se van abriendo y en este caso fue así. Estuve en Buenos Aires, hicimos toda una producción y las fotos de Ingrid con mi vestido van a salir en el número de noviembre”, adelantó Laura. El año pasado también trabajó junto a otra modelo reconocida, Julieta Prandi, quien desfiló con un traje de novia de su sello en un evento que se hizo en la ciudad.
“Una de las claves es moverse, estar atenta, no quedarte porque sino perdés el tren. Yo estoy muy pendiente, no desatiendo nunca el negocio porque lo entiendo de esa manera. Estoy avanzando en la posibilidad de organizar un desfile por mi cuenta, son todas cosas que suman, que te dan prestigio, que te mantienen activa y que visibilizan tu trabajo. Una siempre tiene la esperanza de ir por más”, analizó Laura. Otro de sus proyectos ya está en marcha: comenzó los trámites para registrar su marca.
Otra vidriera a la que Laura apuesta es la de Expopymes, la muestra a la que asiste con stand propio. “Es un muy buen lugar para exhibir, y ahí pude ver que hay muchos emprendedores. En Santa Rosa y en la provincia se hacen cosas muy buenas, de mucha calidad. Yo llevo muchos vestidos y los muestro porque viene mucha gente de los pueblos y se llevan tu tarjeta. Eso después da resultado”.
A medida.
Estar “a la moda” genera fuertes debates y críticas a la industria de la indumentaria femenina porque las grandes marcas fabrican talles solo para determinado peso. Y las tiendas céntricas, los shoopings y los paseos comerciales trabajan, en su gran mayoría, para un determinado cuerpo.
“Trabajo todo a medida, y termino haciendo la ropa para las gorditas, para las chicas que no encuentran nada en los locales del centro porque solo venden algunos talles o en el caso de elastizados, del 1 al 5. Es una situación lamentable porque no todas somos iguales y todas tenemos derecho a tener la opción de elegir. Frente a eso muchas tienen que salir a buscar una alternativa, está la que se resigna y pide un vestido con tiempo y la que espera hasta último momento a ver si sale algo. Pasa mucho que te dan el trabajo a contrarreloj y ahí tenés que hacer todo bajo presión”, contó la modista.
¿El blanco sigue siendo lo más elegido por las novias?
“Hoy hay más variedad, pero en general sí, muchas quieren todo blanco. En el caso del vestido que usó Grudke para la revista me atreví al almendra, hay opciones para cambiar, pero las que más varían son las quinceañeras y las egresadas. Ahí piden distintos colores, diseños, depende de la personalidad de cada chica. Cada una es diferente”, afirmó Laura, que sabe dónde está la clave: tener ese sello que la haga única.

El rol de los zapatos
Diseñar y confeccionar un vestido de fiesta lleva su tiempo. La originalidad y el gusto de quien lo va a usar son fundamentales pero hay otro elemento que juega un rol clave: “A partir de los zapatos avanza el trabajo porque tenés que ver hasta dónde llega el ruedo, ver el detalle de las medidas y demás. Y todo lleva tiempo, pero el vestido seguro que va a estar, aunque me tenga que quedar toda la noche. Este trabajo es así”.
En María Luján Novias, que tiene página en Facebook y en Instagram, se alquilan ambos para los hombres y toda la línea para niños. También hay accesorios y servicio de make up (maquillaje) y peinados. “Para los varones hay trajes de colores, que hoy se usa mucho. Se combinan distintas cosas y la variedad es grande”, explica Laura mientras le plancha una camisa y un saco al cocinero de una confitería céntrica que pasó por el local, alquiló la ropa y fue a cambiarse para la fiesta del gastronómico. Era hora de dejar el delantal colgado.