Guirá Oga: un refugio de animales salvajes junto a las Cataratas

Sobre la Ruta Nacional 12, a 13 kilómetros de las Cataratas, y pegado Parque Nacional Iguazú, el refugio de animales salvajes Guirá Ora es un lugar en el que los visitantes ingresan a un mundo fascinante recorriendo senderos rodeados de la selva misionera y que en cada rincón aprenden, se emocionan y comprenden la necesidad de cuidar a los animales y su hábitat.
Las 20 hectáreas que pertenecen al Gobierno provincial están resguardadas por ley bajo la figura de ‘Paisaje Protegido’, lo que permite el funcionamiento de un centro de estas características que llevan adelante desde 1996, Jorge Anfuso, director del lugar, y mujer, Silvia.
“Guirá Ora nació como un sitio para trabajar con aves en peligro de extinción, pero el problema fue que antes de inaugurarlo, los primeros animales que nos traía la gente de parques nacionales fueron mamíferos, para lo cual no estábamos preparados”, contó Jorge a Télam.
A partir de esa experiencia, Goirá Ora se amplió a toda la fauna silvestre de misiones y hoy es ya el único refugio del país que tiene la posibilidad de liberar esos animales, ante la ‘ventaja’ de estar dentro de la selva con rutas que atraviesan las áreas protegidas.
“Tenemos una ambulancia para salir al rescate de los animales y médico veterinarios de guardia, porque la mayoría de los percances con los animales suceden de noche. Una vez recuperado, se vuelve a reintroducir el animal”, agregó Anfuso.
Con unas 250 visitas diarias en temporada alta y cerca de 120 en la baja, Güira Oga es el segundo atractivo turístico de Puerto Iguazú después de las Cataratas. Allí, el turista puede ver de cerca águilas, jabalíes, nutrias, lechuzas, arpías y monos, que llegaron heridos por cazadores, atropellados por automóviles o con lesiones como mascotas. También hay animales procedentes de decomisos hechos por fuerzas de seguridad por tráfico ilegal de fauna, otros que fueron mascotas abandonadas y los que se volvieron peligrosos para un hogar.

Con dos caras.
Guirá Oga tiene dos caras, una es la visible al público, que está en los senderos con los animales expuestos, y el centro de interpretación, en tanto en la cara oculta hay una mayor cantidad de animales que no deben estar en contacto con la gente y una intensa actividad para su restitución a la naturaleza.
En los senderos, se pueden ver de cerca ejemplares como el “loro de pecho vinoso”, que está en riesgo de extinción; tucanes devueltos por el zoológico Temaiken; macucos y perdices coloradas, que se escaparon de un criadero en Paraguay.
Entre otros mamíferos hay un hurón mayor y otro chico, coatíes, un ocelote, un tatú herido tras ser atropellado por un coche y un puercoespín con un palazo en la cabeza.
Entre los anfibios figuran un yacaré ñato, varias tortugas -algunas de ellas exóticas, entradas al país como mascotas- y una nutria, en tanto en un espacio cerrado del arroyo interno descansa una pareja de yacarés.
En el sector de rapaces impresionan las penetrantes miradas -pese a estar en convalecencia- de las águilas crestada negra, solitaria, viuda y coronada -exótica, aunque con registro en Misiones-, lo mismo que el lechuzón negro.
En otro espacio de este predio cedido por el Ministerio de Ecología provincial, hay incubadoras donde se producen codornices, que a los 40 días de vida cuando ya pueden poner nuevos huevos, son utilizadas como alimento para los rapaces, lo mismo que ratones.
El director de este refugio y hospital de animales salvajes, Anfuso, explicó a Télam que eso es parte de la alimentación natural, que no se puede suplantar con otra carne o productos artificiales.
Anfuso, comentó que en Guirá Oga hay entre 380 y 400 animales, pero a la vista del público sólo unos 250, ya que los que están en el proceso final de devolución a la naturaleza no pueden estar en contacto con el ser humano, sino en hábitats y situaciones lo más parecidas a las originales.
En ese sentido, señaló que para ello la entidad cuenta con la isla Palacio en el lago de la represa de Urugua-í, cedida por el gobierno de Misiones, donde se realiza la readaptación previa a la liberación de animales y son monitoreados por 20 cámaras de video.
La isla es “un monumento natural y por lo tanto un área restringida e intangible, donde no hay visitas de turistas, y se han detectado siete huellas de diferentes mamíferos, lo que indica una calidad importante de fauna”, comentó. (Télam)