Hace 40 años Castellini entraba en la historia grande

El boxeador santarroseño llegó a la cumbre con su victoria ante José Durán, en Madrid, donde ganó por puntos la corona mediano liviana de la AMB. Fue un hito para el deporte de La Pampa y, a nivel nacional, fue puesto a la altura de Monzón y Galíndez.
“8 de octubre de 1976. José Durán (España) vs. Miguel Castellini (Argentina). 15 rounds. Campeonato Mundial Mediano Jr. (AMB). Palacio de los Deportes de Madrid”, anunciaba el póster de la pelea. El pampeano tenía su gran oportunidad. Había subido más de 70 veces al ring como profesional y su gran sueño estaba, más que nunca, al alcance de sus puños.
Era una época dorada para el boxeo argentino, en la que la vigencia de Carlos Monzón (hacía unos meses había hecho su decimotercera defensa ecuménica, ante Rodrigo Valdez) y la actualidad de Víctor Galíndez (en mayo de ese año había tenido su “sangrienta” pelea ante Richie Kates), se llevaban todos los flashes.
Pero este santarroseño, que por entonces tenía 29 años y llenaba el Luna Park gracias a su técnica y a la potencia de sus puños (“este loco sí que pega en serio”, dijo alguna vez el mismísimo Monzón), también iba a tener su estallido popular, con aquella coronación en Madrid y una recepción multitudinaria que lo colocó en el podio pugilístico del momento, y entre los grandes deportistas pampeanos de todos los tiempos.
Hace 40 años.
Hoy se cumplen exactamente 40 años de aquel día, imborrable para los argentinos y especialmente para los santarroseños, que siguieron el combate por radio y deliraron cuando después de quince asaltos levantaron los brazos de su hijo pródigo.
Habían pasado varios días de una expectativa inédita, y poco más de una hora de sufrimiento extremo, siguiendo una pelea que, más allá de una paridad general, había tenido en el pampeano a un ganador justo, por su iniciativa y porque en el tercer round logró voltear a su rival.
“Miguel Angel Castellini se convierte en el primer pampeano que logra la máxima aspiración de un título mundial pugilístico. Su éxito, obtenido ayer en el Palacio de los Deportes de Madrid, frente al español José Durán, no fue fruto de un ocasional golpe afortunado, sino de la acción sostenida de quince asaltos, en una faena que sino lucida, y hasta con fallas por la atadura propia de tan enorme responsabilidad, tuvo la virtud de una constante iniciativa frente a un rival que realizó una acción en exceso especulativa”, se leyó al día siguiente en las páginas de LA ARENA.
Y continuaba el análisis: “Durán eludió la lucha con desplazamientos constantes e intentó, aunque sin mayor eficacia, contragolpear y trabar. Esa modalidad impidió que el argentino impusiera su mayor vigor, pero no podía hacer inclinar a favor del campeón el fallo de un jurado imparcial. Sólo votó en su beneficio el jurado español. El italiano, el sudafricano y el juez se pronunciaron para Castellini, con lo cual el argentino se hizo dueño del título mundial que ostentaba su antagonista”.
Repercusión.
“Al conocer la decisión de los jueces, el púgil argentino rompió a llorar de alegría, mientras el público protestaba por el fallo”, señalaba el cable de la agencia United Press International (UPI) que resumía el combate. Esa misma emoción se pudo ver momentos después del final de la pelea en las calles santarroseñas, a las que muchos se volcaron para celebrar como propia aquella obtención del título mediano liviano de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB).
Los festejos continuaron apenas unas horas después en el gimnasio del Club Atlético Santa Rosa, donde una multitud se deleitó con el boxeo de Miguel Angel Campanino (derrotó en cinco asaltos a Octavio Escuariza), en un festival durante el cual todos hablaban de lo que, vía radial y proveniente desde Madrid, habían escuchado más temprano.
Al día siguiente, el sábado 9, los pampeanos pudieron observar las alternativas de la pelea por la pantalla de Canal 3, que según las crónicas de la época tuvo un récord de rating, y a través de la cual “los pampeanos pudieron convencerse de que el fallo que le dio el título mundial, no fue una actitud benevolente hacia Castellini”.
Mientras tanto, las salutaciones para el flamante campeón se multiplicaban, desde el presidente de facto de la época, el dictador Jorge Videla (“En nombre del pueblo y gobierno argentino, reciba cálidas y entusiastas felicitaciones por importante título obtenido, que llena de orgullo al deporte nacional”); pasando por el gobernador pampeano Carlos Enrique Aguirre Arrieta; hasta familiares, amigos y simpatizantes de Castellini.
La recepción en el aeropuerto de Ezeiza, el domingo 10, fue conmovedora. Cientos de argentinos fueron a corear el nombre del pampeano, quien saludó a la multitud apenas bajó del avión, habló con los periodistas y fue subido a la autobomba de los bomberos voluntarios de Lanús.
Escoltado por una caravana interminable de bocinas y banderas, otros cientos lo saludaron a su paso por la autopista Ricchieri y por la avenida General Paz, repitiendo así el recorrido con el que se había homenajeado a los otros grandes de la época, Monzón y Galíndez. Castellini ya estaba en ese podio.

Un campeón fugaz.
El reinado de Castellini entre los mediano livianos fue fugaz, porque en su primera defensa perdió mucho más que la corona. Fue el 5 de marzo de 1977 en Managua, Nicaragua, cuando cayó por puntos ante el local Eddie Gazo. En los papeles se trataba de un rival inferior, pero jugó el contexto violento que tuvo la pelea y que se vivía en el país. “En el segundo round fue a nuestro rincón un militar, tiró tres tiros al aire y dijo: ‘Si no te gana Gazo, yo te mato a balazos’. Jamás volví a ser el mismo. Perdí el título y el futuro”, dijo.

“Estaba para ganar”
Miguel Castellini sigue ligado al boxeo, aunque no al profesional, sino al recreativo. “Cuando viene alguien a querer boxear, lo mando a la Federación Argentina de Box, porque ahora me dedico al boxeo como un tema de curar a la gente, ya que recogen salud”, le dijo hace unos meses a Radio Noticias el pampeano, que a sus 69 años luce en gran forma. “Le pegás a la bolsa y te deja a nuevo”, admitió.
Cientos de fotos de sus grandes momentos, tapas de revista, pinturas y afiches de sus peleas, entre otros recuerdos, decoran hoy su colorido gimnasio en Buenos Aires. Y entre ellos se destaca el póster de aquel combate en Madrid. “Trae muchos recuerdos. Todos evocan la fecha. Tenía 29 años y estaba impecable, contento, feliz; bien preparado”, resumió “Cloroformo” en una reciente nota en ‘La Nación’.
“Esa noche yo sabía que estaba para ganar. Ya en el tercer round, cuando derribé a Durán con un derechazo, me di cuenta de que le quitaría su corona”, recordó el pampeano, que aquel 8 de octubre de 1976 era acompañado en el rincón por “Tito” Lectoure, y alentado desde las tribunas por sus colegas Víctor Galíndez y Hugo Corro.