Hannah y Corentín viajan con el viento

Se doctoraron en Ciencias Climáticas en Dinamarca y decidieron lanzarse a la aventura. En dos triciclos a vela, piensan unir Punta Arenas con Bogotá.
Hannah y Corentín esperan por unas empanadas. Llegaron a Santa Rosa a las cuatro de la tarde y están cansados de pedalear. Sentados frente al ventanal de una panadería de la avenida Uruguay, se toman de la mano y se preguntan adonde pasarán la noche. Los demás clientes los miran raro porque raro es el idioma que hablan y las calzas ceñidas que él lleva puestas debajo de un short. Pero lo más extraño de la escena son los dos triciclos que dejaron estacionados en la puerta: su nombre comercial es “whike” y se trata de un vehículo que cuenta con una vela similar a la de windsurf y que funciona impulsado por el viento o a pedal.
Hannah Kepplin -germana por dónde se la mire- tiene 29 años y es originaria de Hamburgo, una ciudad del norte de Alemania, casi pegada a la frontera con Dinamarca. Corentín Reutenauer -carismático y barbado, de ojos claros y sonrisa fácil- tiene 34 años y nació en Estrasburgo, ciudad francesa al límite con Alemania. Se conocieron en Copenhague (Dinamarca) cuando se doctoraban en Ciencias Climáticas y hace cuatro años que están de novios. Su profesión también es curiosa, se encargan de investigar los climas del pasado a partir del estudio del hielo en lugares remotos como la Antártida o Groenlandia.
“Estábamos trabajando para la tesis doctoral cuando decidimos tomarnos un año para viajar. Se nos ocurrió Latinoamérica y comenzamos en el sur, por la Patagonia. Ahí hay mucho viento, es todo muy plano y el whike se convierte en el medio de transporte perfecto”, dice Corentín, en un castellano gutural desbordado de erres, mientras su novia intenta captar algo de todo lo que dice.

Con el viento en la espalda.
Pero ¿cómo hicieron los científicos para lanzarse a la aventura? Lo primero fue comprar los triciclos en Europa, a fines del año pasado, por los que pagaron unos 3.000 euros, algo así como 54.000 pesos argentinos. Vía aérea, los “whikes” llegaron hasta Santiago de Chile y de allí fueron enviados a Punta Arenas en ómnibus. En esa ciudad del sur chileno comenzó la odisea. Para llegar a la capital pampeana tardaron cuatro meses cargando un equipaje de 40 kilos que incluye varios litros de agua, comida, una carpa y todo lo necesario para vivir a la intemperie.
-¿No es peligroso viajar con las velas por la ruta?
-No, no es peligroso. Hay mucha estabilidad y este vehículo está hecho para la ruta. Los coches nos ven de lejos por las velas y aminoran la marcha. Es muy rápido cuando hay viento, puede llegar a los 60 kilómetros. Cuando hay subidas o no hay corriente podemos pedalear. Eso nos pasó en la cordillera.
-¿Hasta dónde quieren llegar?
-Queremos llegar hasta Colombia si es posible. Comenzamos desde el sur hacia el norte, pero no hay una razón para explicar eso. Sabemos que Colombia, Bolivia y Perú son países más baratos que Argentina y Chile.
-¿Han hecho otros viajes antes?
-No, es el primer viaje que tenemos. Nos dieron las bicicletas una semana antes de salir.
-¿Y qué van a hacer cuando el viaje termine?
-Falta mucho aún. El próximo año volveremos a Europa, quizás en febrero. No sabemos qué vamos a hacer, si vamos a seguir con la ciencia o no. El viaje es una manera de descubrir qué queremos hacer. Eso esperamos.

Una pareja de europeos viajan desde Punta Arena a Colombia en bicicletas impulsadas a vela.