Homenaje a Horacio Salgan en sus 100 años y a toda orquesta

Lejos de las estridencias del ambiente, sin ocupar las páginas centrales de los diarios ni la atención de los medios audiovisuales, Horacio Salgán, el piano mayor de la historia del tango, fue anoche el centro de un tributo en el Centro Cultural Kirchner en ocasión del centenario de su nacimiento y, como en toda su trayectoria, todo esfuerzo estuvo concentrado en la musicalidad y potencia de su obra y en ningún otro condimento.
Fue, de todos los homenajes que impone el calendario y las rutinas celebratorias, el realizado por su círculo más cercano, el de aquellos músicos que, precisamente, tocan con su estilo, cargado de modernismo y sutilezas y que, al mismo tiempo, consolida –aun cuando los estira- los patrones que definieron la estética del tango.
Y es que anoche en el CCK estuvieron ensambladas dos formaciones. La Orquesta –dirigida por César Salgán, hijo de Horacio- y el Quinteto Real, dos colectivos que interpelan de diferente forma el pasado del pianista. De todos modos ambas presentan –acaso, y admitiendo la controversia del enunciado- el costado más reservado de la estatura artística del homenajeado pues son aquellas formaciones en las que sus arreglos y concepciones aparecen más camuflados y aunque, aun camuflados, resulten notorios.
Y allí estuvo como formación “encubierta” dentro del la orquesta el Quinteto Real, que expresó el estilo, la rítmica y la acentuación que impuso Horacio Salgán. Con el propio César en el piano, Juan Pablo Navarro (bandoneón), Julio Peressini (violín), Esteban Falabella (guitarra) y Carlos Corrales (bandoneón), se interpretaron un par de clásicos del repertorio de esa formación constituida en 1957 y todavía vigente. Como “Hotel Victoria”, hoy todo un hallazgo, que también expresa un tiempo histórico de la forma de asumir la composición en el tango.
La presencia de la Orquesta tuvo también la intención de una cita a aquella primera formación de Salgán creada en 1944 y cuestionada por aquellos que afirmaban que tenía un cantor que “tocaba mal y un pianista que tocaba peor”. 
Constituida en este caso por Salgán (piano); Corrales, Santiago Polimeni Alaniz, Mariano Cigna, Renato Venturini (bandoneones); Peressini, Lucas Furno, Guillermo Rubino, Matías Grande (violines); Falabella (guitarra); Oscar Giunta (contrabajo); Antonio Rubén Jurado (viola); y Paula Pomenariec (cello); la orquesta interpretó obras como “La Pulpera de Santa Lucía”, “Ojos negros” o “La puñalada”.
Se tocó “El amanecer” como guiño a Roberto Firpo, el pianista que sumó a Salgán al juego grande del tango cuando lo convocó para tocar en su orquesta, que alternaba con el cuarteto en el que el propio Firpo se encargaba del piano.
El cierre del concierto fue con “A fuego lento”, aquella pieza que expresa ese estilo de Salgán y que alguna vez confesó inspirada en sus noches como oyente de ópera en el teatro Colón en las que Rossini le sugirió el ostinato tanguero (una secuencia de notas que se repiten en el compás, al modo de una técnica de composición) que convirtió en una marca de identidad. (Télam)

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