Homicidio del cazador: los policías implicados se negaron a declarar

Los dos policías detenidos por balear a dos cazadores y matar a uno de ellos en una zona rural cercana a la localidad pampeana de Lonquimay se negaron este mediodía a declarar ante la Justicia.
Así lo informó la fiscal Cecilia Martiní, quien indicó que por el momento no se encontraron indicios de que se haya producido un enfrentamiento entre los cazadores y los policías.
“Se encontraron varias vainas servidas de calibre 9 milímetros e impactos en la camioneta de los cazadores. No hay indicio de un enfrentamiento más allá de una esquirla en el móvil, sobre la que se están haciendo pericias para saber su antigüedad”, sostuvo la instructora.
Además, Martiní afirmó que en el momento del hecho no había restricciones legales para la caza de liebres en la zona, actividad que realizaban los cuatro hombres que se desplazaban en la camioneta baleada por los uniformados.
La fiscal sostuvo que los dos policías, que se desempeñaban en la comisaría de Lonquimay, permanecían detenidos e incomunicados, y por el momento no brindaron su versión de los hechos en sede judicial.
En tanto, Mario Arroyo, uno de los dos cazadores que resultaron ilesos del ataque ocurrido el lunes por la noche en un camino vecinal situado a unos 15 kilómetros de Lonquimay, dijo que los policías realizaron los disparos “a la pasada, sin poner una baliza ni dar una voz de alto”.
Durante el ataque, se produjo la muerte de uno de los cazadores, Santiago Garialdi, que fue impactado en la cabeza por uno de los disparos realizados por los policías cuando se encontraba en la caja de la camioneta atacada.
“Estoy destruido, destruyeron a una familia, dos familias destruyeron, porque me destruyeron a mí también, porque que te maten a un compañero de trabajo y amigo no es lindo. Y mucho menos sin razón, estábamos cazando en una calle vecinal y estaban escondidos en unas plantas, nos acribillaron a la pasada sin poner una baliza, ni una voz de alto”, sostuvo Arroyo en declaraciones publicadas por La Arena.
El hombre recordó que los policías escaparon pese a las súplicas de ayuda y tuvieron que transitar con la camioneta en llanta, con las ruedas pinchadas por miguelitos, unos 15 kilómetros hasta el hospital de Lonquimay.
Allí llegó muerto Garaidl, y Enrique Andrés Casabonne, otro de los cazadores, quedó internado con una herida de bala en un muslo provocada cuando conducía la camioneta por uno de los proyectiles que perforó la cabina del vehículo.
El cazador se preguntó si “vale más la vida de una liebre que la de una persona”, al cuestionar al ministro de Seguridad provincial, Juan Carlos Tierno.
“Le pregunto a Tierno si él no tiene hijos, no tiene parientes, si no tiene familia, si vale más la vida de una liebre que la de una persona, que estamos trabajando y trabajan 200 personas en un frigorífico, si vale menos la vida de una persona que una infracción que pueden hacer ellos. Es más grave pasar un semáforo en rojo que andar cazando liebres”, sostuvo al cuestionar al ministro.
Por su parte, el jefe de la Policía de La Pampa, Roberto Ayala, aseguró que el protocolo de la fuerza en ningún momento autoriza a los miembros de la fuerza a proceder como lo hicieron en el incidente de Lonquimay.
El jefe policial indicó que los agentes “solo deben usar las armas en casos extremos”, mientras que aseguró que el protocolo de la fuerza fija que primero deben hacer señales con luces y sirenas y luego perseguir a los infractores. (NA)

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